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Pasión Cap 22 El Despertar Íntimo

6827 palabras

Pasión Cap 22 El Despertar Íntimo

Era una noche de esas que te prenden el alma en la Roma Norte, con el bullicio de las calles llenas de luces neón y música cumbia rebajada saliendo de los bares. Yo, Ana, acababa de salir del trabajo en mi agencia de diseño, con el cuerpo todavía tenso por las juntas eternas del día. Neta, necesitaba un trago para soltarme. Entré al cantina El Jaguar, ese lugar chido con mesas de madera vieja y un olor a mezcal que te envuelve como un abrazo caliente.

Allí lo vi, a Marco, recargado en la barra con una cerveza en la mano. Alto, moreno, con esa barba de tres días que me hace agua la boca y ojos que prometían travesuras. Me miró de esa forma que sientes en la piel, como si ya supiera mis secretos. Pedí un tequila reposado y me acerqué, fingiendo casualidad.

"¿Qué onda, guapo? ¿Esta noche sales a cazar o nomás a ver pasar el chorro?"
le dije, con mi mejor sonrisa pícara.

Se rió, esa risa grave que vibra en el pecho. "Wey, si me cazan a mí, mejor. ¿Y tú, ricura? ¿Vienes a prender fuego o a apagarlo?" Contestó, y de ahí fluyó todo. Hablamos de la ciudad, de lo loco que es vivir en el DF, de cómo el tráfico te vuelve pendejo pero las noches te compensan. Su mano rozó la mía al pasarme el limón, y sentí un chispazo, como electricidad estática en pleno verano. El aire olía a su colonia amaderada mezclada con el humo de los cigarros y el sudor ligero de la pista de baile.

Acto uno: la chispa. Bailamos salsa, pegaditos, sus caderas moviéndose contra las mías al ritmo de la banda. Sentí su calor a través de la blusa delgada, el roce de su camisa áspera en mi piel. Carajo, este wey me está volviendo loca, pensé mientras su aliento cálido me rozaba el cuello. No era solo deseo físico; había algo en su mirada, una conexión que me hacía sentir vista, deseada de verdad. Me susurró al oído:

"Tienes unos ojos que matan, Ana. Me traes loco."
Mi corazón latía como tamborazo zacatecano.

Salimos de la cantina, caminando por las calles empedradas, riéndonos de tonterías. El viento nocturno traía olor a tacos de la esquina y jazmines de algún balcón. Llegamos a su depa en una colonia cercana, un lugar moderno con ventanales que daban a las luces de la ciudad. Esto es Pasión Cap 22 de mi diario imaginario, se me cruzó por la mente, recordando esas noches solitarias escribiendo fantasías. Pero esta era real, palpable.

Adentro, la tensión creció como olla exprés. Me sirvió un mezcal en vasos de cristal, y nos sentamos en el sofá de piel suave. Sus dedos jugaban con un mechón de mi pelo, enviando escalofríos por mi espina. "¿Quieres que pare?" murmuró, su voz ronca como grava.

"Ni madres, sigue. Te quiero sentir todo."
Le contesté, y ahí empezó el acto dos: la escalada.

Sus labios encontraron los míos, suaves al principio, probando como si saboreara un mango maduro. El gusto salado de su boca, con eco del tequila, me inundó. Sus manos bajaron por mi espalda, desabrochando el sostén con maestría, mientras yo le quitaba la camisa, sintiendo los músculos duros bajo mis palmas. Olía a hombre, a sudor limpio y deseo crudo. Me recostó en el sofá, su peso delicioso presionándome, y besó mi cuello, lamiendo despacio hasta que gemí bajito.

¡Qué rico se siente esto, wey! Cada roce es fuego, pensé mientras sus dedos exploraban mi piel, trazando círculos en mis pechos. Arqueé la espalda, sintiendo el cuero del sofá pegajoso bajo mi cuerpo caliente. Él bajó más, besando mi ombligo, el aroma de mi excitación llenando el aire.

"Eres una delicia, Ana. Déjame probarte."
Susurró, y su lengua encontró mi centro, cálida y experta. El placer me golpeó como ola en Acapulco, sonidos ahogados saliendo de mi garganta, el slap suave de su boca contra mí. Mis manos enredadas en su pelo, tirando suave, guiándolo.

Lo jalé arriba, queriendo más. Le desabroché el pantalón, liberando su dureza que palpitaba en mi mano. "Métemela ya, Marco. No aguanto." Le rogué, y él sonrió, ese gesto chulo que me derrite. Se puso condón –siempre responsable, qué chingón– y entró despacio, llenándome centímetro a centímetro. El estiramiento delicioso, el roce interno que me hacía jadear. Empezamos lento, ritmos sincronizados como baile, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas. El olor a sexo, almizclado y embriagador, nos envolvía. Sudor perlando su pecho, yo lamiéndolo, salado y adictivo.

La intensidad subió. Me volteó a cuatro patas, agarrándome las caderas con fuerza posesiva pero tierna. Sí, así, cabrón, dame todo, rugía en mi cabeza mientras embestía más profundo, el sonido de piel contra piel como tambores. Mis pechos balanceándose, sus manos pellizcando mis pezones, enviando descargas directas a mi clítoris. Gemidos nuestros mezclándose con la ciudad lejana: cláxones, risas nocturnas. Sentí el orgasmo construyéndose, una espiral apretada en mi vientre.

"Ven conmigo, mi reina."
Jadeó él, acelerando. Exploté primero, olas de placer convulsionándome, chillidos escapando sin control. Él me siguió segundos después, gruñendo mi nombre, su calor pulsando dentro aunque protegido. Colapsamos, enredados, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas de sudor.

Acto tres: el afterglow. Nos quedamos así un rato, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El cuarto olía a nosotros, a pasión satisfecha. Me acarició el pelo, besando mi frente. "Eres increíble, Ana. Esto no fue solo un rato; neta conectamos." Dijo, y yo sonreí, sintiendo un calor emocional que igualaba al físico.

Pasión Cap 22 completada, pensé, imaginando escribirlo en mi diario secreto. Hablamos bajito de sueños, de lo jodido que es encontrar a alguien real en esta jungla urbana. Me levantó en brazos –fuerte el wey– y me llevó a la regadera. Agua caliente cayendo, jabón espumoso deslizándose por nuestros cuerpos. Nos lavamos mutuamente, risas y besos suaves, sus dedos gentiles en mis curvas sensibles.

Salimos envueltos en toallas, compartiendo un café negro en la terraza, viendo el amanecer teñir el cielo de rosa.

"¿Volveremos a vernos, Marco?"
Pregunté, vulnerable por primera vez. "Órale, mi vida. Esto es el principio de muchas caps." Contestó, y su beso selló la promesa.

Me fui a casa con el cuerpo saciado, la piel recordando cada toque, el alma más ligera. En el metro, sonriendo como pendeja, supe que había encontrado no solo placer, sino chispa verdadera. La vida en México es así: caótica, intensa, llena de pasiones que te cambian.

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