Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Más Que Un Sentimiento Una Pasión Más Que Un Sentimiento Una Pasión

Más Que Un Sentimiento Una Pasión

6346 palabras

Más Que Un Sentimiento Una Pasión

La noche en la casa de mi carnala en Polanco estaba en su apogeo. El aire olía a cochinita pibil recién hecha, mezclado con el dulzor de las flores de cempasúchil que decoraban las mesas. La música de banda retumbaba suave, haciendo vibrar el piso de mármol, y la gente reía con copas de tequila en la mano. Yo, Ana, de treinta y tantos, vestida con un huipil negro ajustado que realzaba mis curvas, me sentía como una diosa entre mortales. Pero todo cambió cuando lo vi entrar por la puerta principal.

Javier. Ese wey alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me derretía hace diez años. Nuestras miradas se cruzaron como chispas en la pólvora. Él llevaba una guayabera blanca que se le pegaba al pecho musculoso por el calor de la noche mexicana.

¿Qué chingados hace aquí? Neta, mi corazón late como tamborazo zacatecano.
Caminó directo hacia mí, ignorando a los demás, y me abrazó como si el tiempo no hubiera pasado.

Órale, Ana, ¿sigues tan rica como siempre? —dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel.

Yo reí, sintiendo su aliento cálido en mi cuello, oliendo a su colonia cítrica mezclada con sudor fresco. —Y tú sigues siendo el mismo pendejo galán, Javi. ¿Qué onda, carnala te invitó?

Charlamos de pendejadas: el trabajo en su empresa de diseño en la Roma, mi taller de joyería en Coyoacán. Pero bajo las palabras, la tensión crecía como la humedad entre mis muslos. Sus ojos bajaban a mis labios, a mis pechos que subían y bajaban con cada respiración. Yo sentía el calor de su mano en mi cintura, rozando apenas, pero suficiente para que mi piel ardiera.

La fiesta seguía, pero nosotros nos escabullimos al jardín trasero. Las luces de las guirnaldas parpadeaban sobre las buganvillas, y el aroma de jazmín nos envolvía. Nos sentamos en una banca de piedra, nuestras rodillas tocándose. —Ana, desde que te vi, no puedo dejar de pensar en lo que fuimos —murmuró, su mano subiendo por mi muslo bajo la falda.

Más que un sentimiento, una pasión que nunca se apagó. Neta, lo quiero aquí y ahora.
Lo besé primero, mis labios devorando los suyos con hambre acumulada. Su lengua invadió mi boca, saboreando a tequila y deseo puro. Sus manos me apretaron las nalgas, levantándome contra él. Sentí su verga dura presionando mi entrepierna, gruesa y lista.

Nos separamos jadeando. —Vamos a mi depa, está cerca —propuse, mi voz temblorosa de anticipación. Él asintió, y en su camioneta, mientras manejaba por Insurgentes, mi mano se coló en su pantalón. La piel de su pito era suave como terciopelo caliente, latiendo en mi palma. Él gruñó, acelerando el motor.

Acto dos: Llegamos a mi departamento en la Condesa, un nido acogedor con velas de vainilla ya encendidas por intuición. Cerré la puerta y lo empujé contra la pared del pasillo. Mis uñas rasguñaron su pecho desnudo mientras le quitaba la guayabera. Olía a hombre puro, a sudor limpio y loción. Qué chido se siente su piel bajo mis dedos, firme, con ese vello que me enloquece.

—Quítate todo, mamacita —ordenó con voz juguetona, pero yo tomé control. Lo llevé a la recámara, iluminada solo por la luna que entraba por el ventanal. Lo tumbé en la cama king size, mis labios bajando por su cuello, lamiendo el salado de su piel. Chupé sus pezones oscuros, mordisqueando hasta que gimió como loco.

Esto es más que un sentimiento, una pasión que me quema por dentro. Quiero sentirlo todo, cada centímetro.
Me desvestí lento, dejando que me viera: mis tetas llenas rebotando libres, mi culo redondo en tanga de encaje. Él se masturbaba viéndome, su mano subiendo y bajando esa verga venosa que recordaba tan bien. Me arrodillé entre sus piernas, oliendo su aroma almizclado de excitación. Mi lengua trazó la vena de su pito, saboreando la gota salada de precum. Lo tragué entero, garganta profunda, escuchando sus jadeos roncos: —¡Cabrón, qué rico chupas, Ana!

Pero no lo dejé acabar. Monté sobre él, frotando mi coño mojado contra su dureza. Estaba empapada, mis jugos resbalando por sus bolas. Rozábamos clítoris contra glande, el placer eléctrico subiendo como fiebre. —Métemela ya, wey —supliqué, y él obedeció, embistiéndome de un golpe. Sentí cada vena estirando mis paredes, llenándome hasta el fondo. Grité, mis uñas en su pecho, cabalgándolo como yegua salvaje.

El ritmo creció: sudor perlando nuestras pieles, chocando carne contra carne con sonidos húmedos y chapoteantes. El olor a sexo llenaba la habitación, mezcla de mi miel dulce y su almizcle varonil. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras. Yo giraba caderas, moliendo profundo, sintiendo su pito golpear mi punto G.

La tensión es insoportable, cada embestida me acerca al borde. Neta, esto es pasión pura, no amor de telenovela.

Cambié posición: él encima, mis piernas en sus hombros. Me follaba duro, el colchón crujiendo, mis gemidos ahogados en besos fieros. Sudor goteaba de su frente a mi boca, salado y adictivo. Sentía mis paredes contrayéndose, el orgasmo construyéndose como tormenta en el Golfo. —¡Ya vengo, Javi! —grité, y exploté, chorros calientes empapando sus bolas mientras temblaba entera.

Él no paró, prolongando mi clímax con estocadas precisas. Luego, gruñendo como animal, se corrió dentro, chorros calientes inundándome, su cuerpo convulsionando sobre el mío. Nos quedamos pegados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas.

Acto tres: En el afterglow, nos acurrucamos bajo las sábanas revueltas. Su mano acariciaba mi espalda, trazando círculos suaves. El aire olía a sexo satisfecho, a vainilla quemada y paz. —Ana, esto fue de la chingada, más que un sentimiento, una pasión que nos une de nuevo —susurró, besando mi sien.

Yo sonreí, mi cabeza en su pecho, escuchando su corazón calmarse.

Sí, más que un sentimiento, una pasión que renace. Mañana quién sabe, pero esta noche fue perfecta, empoderadora, mía.
Afuera, la ciudad zumbaba con sus luces eternas, pero aquí, enredados, todo era quietud y promesa. Nos dormimos así, cuerpos entrelazados, sabiendo que esto apenas empezaba.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.