Relatos Prohibidos
Inicio Hetero La Pasión del Productor de Cristo La Pasión del Productor de Cristo

La Pasión del Productor de Cristo

6938 palabras

La Pasión del Productor de Cristo

El bullicio del festival de cine en Polanco me tenía con el corazón latiendo a mil. Las luces de neón parpadeaban sobre las alfombras rojas, y el aire olía a mezcal ahumado mezclado con perfumes caros. Yo, Ana, una actriz wannabe de veintiocho años, con mi vestido negro ceñido que marcaba cada curva de mi cuerpo moreno, me colé en la fiesta privada del productor Javier Morales. Órale, qué chido estar aquí, pensé mientras tomaba una copa de tequila reposado, sintiendo el líquido ardiente bajar por mi garganta.

Javier era la estrella de la noche. Todos hablaban de él, el productor de La Pasión de Cristo, esa película que había sacudido al mundo con su crudeza y devoción. Alto, con ojos verdes penetrantes y una barba recortada que le daba un aire de galán de telenovela, rondaba los cuarenta y pico. Lo vi desde lejos, riendo con unos ejecutivos, su camisa blanca abierta un poco, dejando ver un pecho bronceado. Mi piel se erizó solo de imaginarlo cerca.

¿Y si me acerco? ¿Qué pierdo? Si no, me voy a arrepentir toda la noche.

Me armé de valor y caminé hacia él, mis tacones resonando sobre el mármol. "Buenas noches, licenciado Morales. Soy Ana López, fanática de su trabajo en La Pasión de Cristo. Esa escena de la flagelación... uf, me dejó temblando." Él giró, me miró de arriba abajo con una sonrisa lobuna. "Vaya, gracias, mamacita. Pero la pasión verdadera no se filma, se vive. ¿Quieres un trago?" Su voz grave, con acento chilango puro, me hizo cosquillas en el estómago.

Hablamos horas. De cine, de Dios, de pecados. Él confesó que después de La Pasión de Cristo, necesitaba algo más carnal, un proyecto en México sobre amores prohibidos. Yo le conté mis sueños de romperla en la pantalla. El tequila fluía, y su mano rozó mi brazo. Electricidad. Piel contra piel, cálida, áspera por el vello fino. Olía a colonia masculina con notas de sándalo y sudor fresco. "Ven conmigo a mi suite, Ana. Sigamos platicando sin tanto ruido." Asentí, el deseo ya ardiendo entre mis piernas.

Acto segundo: la escalada

En el elevador del hotel, el silencio era espeso. Sus ojos devoraban mi escote, y yo sentía mi corazón martilleando como tambores de Semana Santa. "Eres preciosa, Ana. Como una virgen moderna lista para la redención." Me reí nerviosa. "¿Redención? Yo busco pasión, Javier, como la de tu película, pero sin espinas." Él se acercó, su aliento caliente en mi cuello. "La pasión duele rico, carnal."

Entramos a la suite. Luz tenue, vista al skyline de la Ciudad de México brillando como estrellas caídas. Me sirvió champagne, burbujas que explotaban en mi lengua con sabor dulce y ácido. Nos sentamos en el sofá de cuero suave, que crujió bajo nuestro peso. Habló de sus demonios internos después de filmar La Pasión de Cristo, cómo la sangre falsa y los gritos lo habían marcado. "Necesito soltar eso, Ana. Contigo." Su mano en mi muslo, subiendo despacio, enviando ondas de calor a mi centro.

Me giré, lo besé. Sus labios carnosos, sabor a tequila y hombre. Lenguas danzando, húmedas, urgentes. Gemí bajito cuando su mano apretó mi nalga, firme, posesiva.

¡Qué rico! Este wey sabe lo que hace, no como los pendejos de mis ex.
Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mis pechos llenos, pezones duros como piedras. Él gruñó, chupó uno, dientes rozando suave, lengua girando. El placer era un rayo, bajando directo a mi clítoris palpitante.

Lo empujé al sofá, desabroché su camisa. Su torso era esculpido, músculos tensos bajo piel salada que lamí desde el cuello hasta el ombligo. Olía a deseo puro, almizcle masculino mezclado con el sudor de la fiesta. "Quítate todo, rey", le ordené, voz ronca. Él obedeció, pantalón cayendo, revelando su verga erecta, gruesa, venosa, goteando precúm. La tomé en mano, piel aterciopelada sobre acero, latiendo contra mi palma. La masturbé lento, sintiendo cada vena, mientras él jadeaba "¡Ay, cabrona, qué chingona!"

Me arrodillé, lo miré a los ojos. "Esto es mi pasion por ti, productor." Lo engullí, boca llena, lengua lamiendo el glande salado. Él embistió suave, manos en mi pelo, gemidos roncos llenando la habitación. Chupé más hondo, garganta relajada, saliva resbalando. Mi concha chorreaba, empapando mis bragas de encaje. Me tocaba yo misma, dedos resbalosos en mi humedad dulce.

Me levantó, me llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Me desnudó del todo, besó mi vientre, bajó a mi monte de Venus. "Qué bonita conchita, nena." Separó mis labios, lengua en mi clítoris, chupando como si fuera la hostia santa. Gemí alto, caderas alzándose, uñas clavadas en sus hombros. "¡Más, Javier, no pares!" Él metió dos dedos, curvados, tocando mi punto G, jugos salpicando su barbilla.

La tensión crecía, mi cuerpo un volcán. Sudor perlando mi piel, mezclándose con el suyo. Sonidos: lengüetazos húmedos, mis alaridos, su respiración agitada. Olía a sexo crudo, feromonas en el aire espeso.

Esto es mejor que cualquier película. Su pasión es real, carnal, mía.

Lo volteé a cuatro patas, él atrás. Su verga rozó mi entrada, resbalosa. "Dime que sí, Ana." "¡Sí, métemela toda, pendejito!" Empujó lento, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Dolor placeroso al principio, luego éxtasis puro. Ritmo acelerando, cachetadas de sus bolas contra mi clítoris, piel chocando con palmadas sonoras. Agarró mis caderas, embistiendo duro, yo arqueándome, pechos balanceándose.

Acto tercero: la liberación

Cambié de posición, cabalgándolo. Sus ojos fijos en mí, manos amasando mis tetas. "¡Móntame, diosa!" Rebotaba, verga golpeando profundo, mi clítoris frotando su pubis. El orgasmo vino como ola, cuerpo convulsionando, gritando "¡Me vengo, Javier!" Chorros de placer, paredes contra su miembro palpitante.

Él volteó, misionero feroz. Piernas en sus hombros, penetrando más hondo. "¡Ana, te lleno!" Gruñó, semen caliente inundándome, pulsos interminables. Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su peso sobre mí, reconfortante. Besos suaves ahora, lenguas perezosas.

Después, enredados en las sábanas revueltas, fumamos un cigarro mentolado, humo danzando en la penumbra. "Eres mi nueva musa, Ana. Después de La Pasión de Cristo, esto es redención." Reí, acariciando su pecho. "Y tú mi Cristo personal, productor. Pero sin cruz, solo placer." El skyline titilaba afuera, como testigo de nuestra unión.

Me quedé hasta el amanecer, pieles entrelazadas, latidos sincronizados. Sabía que esto era el comienzo de algo ardiente, una pasión que no se apaga con los créditos finales. Qué chingón ser la protagonista de su historia.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.