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Limpia con Pasion Dorama

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Limpia con Pasion Dorama

En el corazón de la Condesa, donde los cafés chic se mezclan con el aroma de tacos al pastor en las esquinas, Alejandro se sentía como un pendejo total. Llevaba semanas con un nudo en el pecho, estrés del pinche jale en la agencia de publicidad que no lo dejaba ni dormir. Órale, wey, necesito una limpia, pensó mientras buscaba en Google. Encontró un anuncio: Limpia con Pasion Dorama. Sonaba exótico, como un dorama coreano pero con hierbas mexicanas y drama personal. Llamó, y una voz suave como miel de maguey contestó: "Aquí estamos para barrer las malas vibras, carnal".

Al día siguiente, la puerta sonó a las siete en punto. Abrió y ahí estaba Sofía, con su falda floreada ondeando como brisa de Xochimilco, el cabello negro suelto cayendo en ondas hasta la cintura, y unos ojos cafés que brillaban como obsidiana pulida. Traía una canasta rebosante de ruda, romero, huevos frescos y un sahumador que ya despedía un humo dulzón. "Buenas tardes, soy Sofía de Limpia con Pasion Dorama. ¿Listo para soltar ese peso, guapo?", dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca como el tañido de una campana en la Merced.

Alejandro la dejó pasar, el corazón latiéndole un poco más rápido. El depa olía a café recién hecho y a su colonia cara, pero el humo del copal invadió todo, envolviéndolos en un velo místico. Sofía extendió una esterita en el suelo del balcón, con vista a los jacarandas violetas. "Quítate la playera, relájate. Vamos a empezar con el huevo para ver qué traes adentro". Él obedeció, sintiendo el aire fresco de la tarde acariciar su piel morena, los músculos tensos de tanto gym. Ella partió el huevo con cuidado, el crack sonando como un susurro prohibido, y comenzó a pasarlo por su cuerpo, desde la coronilla hasta los pies.

El contacto era eléctrico. Las manos de Sofía, cálidas y firmes, rozaban su piel con cada pasada, el huevo frío contrastando con el calor de sus palmas.

¿Por qué carajos me late así el corazón? Esto es una limpia, no un masaje erótico, pendejo
, se dijo Alejandro, pero su cuerpo no mentía. El olor del romero fresco subía intenso, mezclándose con el perfume natural de ella, algo como jazmín y tierra mojada después de la lluvia. Sofía murmuraba oraciones en náhuatl, su aliento tibio rozándole la nuca. "Siento mucho coraje aquí, en el pecho. ¿Qué te tiene así, amor?"

"El jale, las broncas con la vieja... todo se acumula, ¿sabes?", confesó él, la voz entrecortada. Ella asintió, rompiendo el huevo en un vaso de agua. La yema flotaba turbia. "Malas energías de envidia. Ahora el sahumo". Lo guió al centro de la esterita, pasando las hierbas humeantes alrededor de su aura. Cada roce accidental —su cadera contra la de él, sus dedos en su abdomen— enviaba chispas. El sol del atardecer teñía todo de naranja, y el tráfico lejano sonaba como un rugido sordo, contrastando con la intimidad cargada.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Sofía se arrodilló para limpiar sus pies, sus uñas pintadas de rojo fuego rozando sus tobillos. "Estás muy tenso aquí también", dijo, masajeando con aceite de maguey, el líquido resbaloso calentándose al instante. Alejandro jadeó, el pulso acelerado latiéndole en las sienes. Esto no es normal, pero qué chido se siente. Ella levantó la vista, sus labios carnosos entreabiertos, el pecho subiendo y bajando bajo la blusa ligera. "Si quieres, puedo hacer una limpia más profunda. Con las manos, para soltar todo".

Él tragó saliva, el sabor metálico del deseo en la boca. "¿Más profunda? ¿Cómo?". Sofía se puso de pie, tan cerca que sentía el calor de su piel a través de la tela. "Con pasión, como dice nuestro lema en Limpia con Pasion Dorama. Pero solo si tú quieres, carnal. Todo con tu permiso". Sus ojos se clavaron en los de él, un desafío sensual. Alejandro asintió, la garganta seca. "Sí, quiero".

Acto seguido, ella lo empujó suavemente contra el sillón del balcón, el cuero crujiendo bajo su peso. Sus manos expertas recorrieron su torso, deshaciendo nudos invisibles con presiones firmes. El aroma del aceite se intensificó, dulce y embriagador, mientras sus dedos trazaban círculos en sus pezones, endureciéndolos al toque. "Relájate, déjame limpiar tu alma... y tu cuerpo", susurró, su aliento caliente en su oreja. Alejandro gimió bajito, las manos temblando al posarlas en su cintura. Ella no se apartó; al contrario, se arqueó contra él.

La escalada fue natural, como río desbordado. Sofía se quitó la blusa con gracia felina, revelando senos plenos coronados de pezones oscuros, duros como chocolate amargo. "Tócame, quita mis malas vibras también", pidió, guiando sus manos. La piel de ella era seda caliente, suave como petalos de cempasúchil, y olía a mujer en celo, almizcle mezclado con hierbas. Él la besó con hambre, lenguas danzando en un torbellino húmedo, saboreando el dulzor de su boca, como tamarindo maduro.

Se tumbaron en la esterita, el suelo duro pero olvidado en la fiebre. Sofía se montó a horcajadas, frotando su entrepierna contra la erección palpitante de él, separada solo por la tela delgada. "Estás listo para la limpia final", ronroneó, bajando su falda y quitándole los pantalones con urgencia. El aire fresco besó su miembro expuesto, venoso y tieso, goteando anticipación. Ella lo tomó en su mano, el calor envolvente, masturbándolo lento mientras lamía su cuello, mordisqueando suave.

Esto es puro fuego, wey. Su coño huele a paraíso, caliente y húmedo
, pensó Alejandro, inhalando profundo mientras ella se posicionaba. Sofía descendió sobre él, centímetro a centímetro, un gemido gutural escapando de su garganta. "¡Ay, cabrón, qué rico!". El estiramiento era exquisito, paredes aterciopeladas apretándolo como guante a medida. Comenzaron a moverse, ritmos sincronizados: sus caderas chocando con plaf húmedos, sudor perlando sus cuerpos, el sol poniéndose tiñendo todo de rojo pasión.

Las manos de ella clavadas en su pecho, uñas dejando surcos rojos; las de él amasando sus nalgas firmas, rebotando al compás. Gruñidos y jadeos llenaban el balcón, mezclados con el piar de los gorriones y el claxon lejano. "Más fuerte, limpia mi adentro", suplicó ella, acelerando, pechos bamboleándose hipnóticos. Alejandro la volteó, poniéndola a cuatro, embistiendo profundo, el sonido de carne contra carne como tambores aztecas. Su clítoris hinchado rozaba su pubis, enviándola al borde.

El clímax llegó como avalancha. Sofía convulsionó primero, gritando "¡Me vengo, pinche delicioso!", jugos calientes empapando todo. Él la siguió, eyaculando en oleadas ardientes, llenándola hasta desbordar, el placer cegador como relámpago. Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas de sudor y fluidos, el copal aún humeando tenue.

En el afterglow, Sofía se acurrucó contra su pecho, trazando círculos perezosos en su piel. "Esa fue la mejor Limpia con Pasion Dorama que he dado, wey. ¿Sientes las malas vibras fuera?". Alejandro rio bajito, besando su frente húmeda. "Fuera y adentro, todo limpio. Pero quiero más limpias así". Ella sonrió, pícara. "Pues agenda otra, guapo. Esto apenas empieza".

La noche cayó sobre la ciudad, luces parpadeando como estrellas caídas, y ellos se quedaron ahí, envueltos en el aroma persistente de hierbas y sexo, con el corazón ligero por primera vez en meses. El dorama de sus vidas acababa de tomar un giro apasionado, uno que prometía secuelas interminables.

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