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Diario de una Pasión MP4

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Diario de una Pasión MP4

Todo empezó esa noche en el bar de Polanco, con el aire cargado de jazz suave y el olor a tequila reposado flotando como una promesa. Yo, Ana, llevaba semanas sintiéndome seca por dentro, como si mi vida de oficina en la Condesa fuera un desierto sin oasis. Tenía veintiocho, soltera por elección, pero esa noche me latía algo diferente. Ahí estaba él, Luis, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que me taladraban el alma. "Qué onda, morra, ¿te invito un trago?", me dijo con esa voz ronca que me erizó la piel de los brazos.

Nos platicamos horas, riendo de pendejadas, neta que conectamos al instante. Él era carnal de un amigo, arquitecto, con manos grandes y callosas que imaginaba recorriendo mi cuerpo. Al final de la noche, su beso en la puerta de mi depa fue como fuego: labios suaves pero firmes, lengua juguetona probando mi boca con sabor a limón y sal. Me dejó temblando, con el corazón latiendo a mil. Esa misma noche, encendí la cámara de mi laptop y grabé mi primer diario de una pasión mp4.

"Hoy conocí a Luis. Neta, wey, su beso me mojó entera. Quiero más, quiero sentirlo dentro."
Apagué la luz, pero el calor entre mis piernas no se iba.

Los días siguientes fueron un juego de mensajes calientes: "Pienso en tus labios, Ana", "Sueño con desvestirte despacio". Quedamos en mi depa, con velas de vainilla encendidas y reggaetón bajito de fondo. Cuando llegó, olía a colonia fresca y deseo puro. Nos besamos en la sala, sus manos en mi cintura apretando suave, subiendo por mi espalda. Sentí su verga dura contra mi vientre, y un gemido se me escapó. "Tranquila, preciosa, vamos poquito a poco", murmuró, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. Me quitó la blusa con dedos temblorosos, besando mis pechos por encima del bra, el roce de su barba raspándome delicioso.

Caímos en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Su boca bajó por mi cuello, lamiendo el sudor salado de mi piel, hasta llegar a mis tetas. Chupó un pezón, succionando fuerte mientras su mano se colaba en mi calzón. Estaba empapada, neta, mis jugos chorreando por sus dedos. "Estás cañón, Ana, tan mojada por mí", gruñó, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Yo arqueé la espalda, oliendo mi propia excitación mezclada con su aroma masculino. Le bajé el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, latiendo en mi palma. La masturbe despacio, sintiendo el calor pulsante, el precum salado en mi lengua cuando la probé.

Pero no era solo carnal; había algo más profundo. En mi cabeza, mientras él me comía el pito con lengua experta, lamiendo mis labios hinchados y chupando mi clítoris como si fuera un dulce, pensaba en lo sola que había estado. Este wey me hace sentir viva, deseada, poderosa. Gemí su nombre, agarrando sus mechones oscuros, el sonido de mis jugos siendo sorbidos llenando la habitación. Me vine primero, un orgasmo que me sacudió entera, piernas temblando, visión borrosa, gritando "¡Sí, Luis, no pares!". Él sonrió, lamiéndose los labios brillantes con mi esencia.

El medio de nuestra historia fue puro fuego lento. Salíamos a cenar en taquerías de la Roma, comiendo tacos al pastor con piña jugosa que goteaba como nuestros deseos. En el coche de regreso, sus dedos jugaban con mi muslo, subiendo hasta rozar mi entrepierna. "No aguanto más, carnal", le dije una noche, jalándolo a mi recámara. Nos desnudamos mutuamente, piel contra piel, su pecho peludo rozando mis tetas suaves. Me abrió las piernas, su verga apuntando a mi entrada húmeda. "Dime si quieres, Ana", jadeó, respetuoso, empoderándome. "Sí, métemela toda, pendejo caliente", respondí riendo, guiándolo yo misma.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, el grosor llenándome hasta el fondo, su pubis chocando contra mi clítoris. Empezamos lento, ritmos suaves, sus embestidas profundas haciendo que mis paredes lo apretaran. El sonido de carne contra carne, chapoteo húmedo, gemidos entrecortados. Sudábamos juntos, olor a sexo puro invadiendo el aire. Aceleramos, yo clavando uñas en su espalda, él mordiendo mi hombro.

"En mi diario de una pasión mp4 de hoy: Luis me folla como rey. Su verga me parte en dos, pero lo amo."
Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando, control total. Él desde atrás, jalándome el pelo suave, azotándome el culo juguetón. Cada roce, cada jadeo, construía la tensión hasta explotar.

Pero no todo era rose; había dudas. Una mañana, después de una noche de besos y caricias perezosas, me miró serio. "¿Qué somos, Ana? Neta me gustas mucho". Mi corazón dio un vuelco. ¿Y si solo es pasión física? ¿Y si se va? Le conté de mis miedos, de cómo grababa mis pensamientos en videos privados para no enloquecer. Él rio tierno, besándome la frente. "Pues grábame conmigo, haz tu diario de una pasión mp4 conmigo adentro". Esa vulnerabilidad nos unió más, el conflicto resolviéndose en besos profundos y promesas susurradas.

La intensidad subió en un fin de semana en Valle de Bravo, rentando una cabaña con vista al lago. Agua fresca lamiendo la orilla, pinos oliendo a resina. Nos bañamos desnudos, jabón resbalando por curvas, su verga endureciéndose contra mi panza. En la cama king size, con sábanas de algodón egipcio, nos dimos todo. Él me lamió el culo, lengua juguetona en mi ano, mientras sus dedos follaban mi panocha. Yo le mamé la verga hasta la garganta, saboreando su precum amargo-dulce, bolas pesadas en mi mano. "Eres una diosa, morra", gruñó.

El clímax llegó esa noche estrellada. Me puso en cuatro, embistiéndome fuerte, huevos golpeando mi clítoris. Sentí el orgasmo construyéndose, ondas de placer desde el estómago. "¡Córrete conmigo, Luis!", grité. Él aceleró, su verga hinchándose, y explotamos juntos: yo convulsionando, chorros de placer mojando las sábanas, él llenándome de leche caliente, pulsos interminables. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones agitadas sincronizadas. Su semen goteando de mí, olor almizclado envolviéndonos.

En el afterglow, acurrucados bajo la luna filtrándose por la ventana, encendí la cámara.

"Diario de una pasión mp4 final: Luis no es solo sexo, es mi pasión viva. Su tacto, su risa, su todo. Neta, esto es lo que necesitaba."
Me besó la sien, susurrando "Te quiero, Ana". El corazón se me hinchó, lágrimas de felicidad saladas en mis labios. No era el fin, sino el comienzo de algo eterno, con el eco de nuestros gemidos aún vibrando en el aire.

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