Pasión Definición Etimológica
Estaba sentada en esa terraza chida de la Condesa, con el sol de la tarde calentándome la piel y un mezcal en la mano que sabía a humo y limón fresco. México City siempre tiene ese vibe que te hace sentir viva, ¿no? Las luces de los autos pasando, el olor a tacos de la esquina mezclándose con el jazmín de los maceteros. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, escritora freelance que a veces se la pasa soñando con historias que no se atreve a publicar. Ahí lo vi: Luis, con su camisa guayabera entreabierta, barba de tres días y ojos cafés que parecían leer hasta el alma.
Se acercó con una sonrisa pícara, como si supiera que yo lo estaba checando de reojo. "¿Qué onda? ¿Puedo sentarme? Este lugar está a reventar." Su voz era grave, con ese acento chilango puro que me eriza la piel. Le dije que sí, claro, y de ahí arrancó la plática. Hablamos de libros, de la ciudad, de cómo el DF te chupa el alma y te la devuelve multiplicada. Pero entonces, sacó un librito del bolsillo: un diccionario etimológico viejo y manoseado.
"Mira, güey, déjame contarte algo chingón sobre la pasión." Se recargó en la mesa, sus dedos rozando los míos al pasar las páginas. "Pasión, definición etimológica: viene del latín 'passio', que significa sufrimiento, padecimiento. De 'pati', soportar. ¿No es cabrón? Lo que hoy llamamos pasión ardiente, en sus raíces es puro dolor que se transforma en placer."
Me quedé mirándolo, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Sus palabras me calaron hondo, como si me estuviera desnudando con la mirada. El aire se sentía más pesado, cargado de ese aroma a su colonia que olía a madera y algo salvaje.
¿Y si esta noche exploro esa definición en carne propia? ¿Sufrir el placer hasta que duela rico?Le propuse ir a su depa, que estaba cerca, en una colonia hipster con edificios de los treinta. Él sonrió, pagó la cuenta y salimos tomados de la mano, el pulso acelerado latiéndome en las sienes.
El elevador de su edificio era viejo, con ese zumbido metálico que vibra en los huesos. Apenas se cerraron las puertas, me jaló contra él. Sus labios encontraron los míos, duros al principio, probando, como si midiera el terreno. Sabían a mezcal y a menta, cálidos y urgentes. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo la tela, el calor de su piel filtrándose. "¿Quieres saber más de esa pasión etimológica?" murmuró contra mi boca, su aliento rozándome la oreja.
Entramos a su depa, un lugar con paredes de adobe pintadas de blanco, plantas colgando y una cama king size que dominaba la recámara. Olía a café recién molido y a incienso de copal, ese aroma místico que te transporta a los mercados de Oaxaca. Me quitó la blusa despacio, sus dedos trazando la curva de mi espalda, enviando chispas por mi espina. Yo le desabroché la camisa, oliendo su sudor limpio, ese olor varonil que me moja las bragas sin remedio.
Nos besamos de nuevo, más intensos, lenguas enredándose como si quisiéramos devorarnos. Lo empujé al sofá, me subí a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mí a través de la tela. "Pendejo, me tienes loca con tus palabras." Reí bajito, y él me apretó las nalgas, gimiendo suave.
Esto es la pasión, definición etimológica hecha cuerpo: el sufrimiento de esperar, el padecimiento delicioso de la anticipación.
Lo llevé a la cama, tirando ropa por el camino. Su cuerpo era firme, moreno, con vello oscuro que bajaba hasta su miembro erecto, palpitante. Lo besé por el cuello, lamiendo el salado de su piel, bajando al pecho donde sus pezones se endurecieron bajo mi lengua. Él jadeaba, manos enredadas en mi pelo, guiándome más abajo. El olor de su excitación subía, almizclado y embriagador, haciendo que mi clítoris latiera de necesidad.
Me arrodillé entre sus piernas, tomándolo en la mano, sintiendo la seda caliente de su piel, las venas pulsando. Lo lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, dulce como el final de un elote asado. "¡Chingada madre, Ana, qué rico!" gruñó, arqueando la cadera. Lo chupé despacio al principio, succionando, girando la lengua, oyendo sus gemidos roncos que llenaban la habitación como un corrido prohibido. Luego más rápido, mi boca llena, saliva resbalando, hasta que me jaló arriba.
Me tendí, abriendo las piernas, invitándolo. Él se colocó entre ellas, besando mi interior de muslos, mordisqueando suave hasta llegar a mi centro. Su lengua era fuego, lamiendo mis labios hinchados, penetrando, chupando mi clítoris con maestría. Olía a mi propia humedad, ese aroma terroso y dulce que grita deseo. Grité, clavando uñas en sus hombros, el placer doliendo como un latigazo bueno.
Pasión: sufrir el éxtasis, pati hasta el borde del abismo.Mis caderas se movían solas, persiguiendo su boca, hasta que el primer orgasmo me sacudió, olas calientes explotando desde el vientre.
No paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, lamiendo el sudor que perlaba mi piel. Entró en mí despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena, cada pulso, el estiramiento exquisito que duele y alivia. "Eres tan chingona, tan apretada." Empujó fuerte, saliendo casi todo para volver a hundirse, el sonido de piel contra piel retumbando como tambores aztecas. Yo gemía contra la almohada, oliendo el algodón limpio mezclado con nuestro sexo.
Cambié de posición, montándolo, controlando el ritmo. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, enviando descargas directas a mi coño. Cabalgaba duro, sintiendo cómo me rozaba justo ahí, el placer acumulándose como tormenta en el Popo. Sudábamos, cuerpos resbalosos, el aire espeso con nuestros olores, gemidos y el crujir de la cama. "¡Más rápido, güey, no pares!" Él se incorporó, mamando mi cuello, mordiendo suave mientras yo rebotaba.
La tensión crecía, ese nudo en el estómago apretándose, el mundo reduciéndose a su verga dentro de mí, sus manos en mi culo, nuestros alientos entrecortados.
Esto es la pasión etimológica: padecer el fuego hasta que quema todo y renace.Él gruñó primero, tensándose, llenándome con chorros calientes que me empujaron al borde. Grité su nombre, el orgasmo rompiéndome en mil pedazos, espasmos que me dejaban temblando, lágrimas de puro gozo en los ojos.
Caímos exhaustos, enredados en sábanas húmedas. Su pecho subía y bajaba contra el mío, corazones galopando al unísono. Me besó la frente, suave ahora, el olor de sexo impregnando todo. "¿Ves? Pasión, definición etimológica: sufrimiento transformado en esto." Reí, trazando círculos en su piel. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, en ese depa con vista al skyline, nos habíamos encontrado en el origen de las palabras.
Nos quedamos así hasta que el sol se coló por las cortinas, tiñendo todo de oro. Me vestí despacio, él observándome con ojos hambrientos. "Vuelve cuando quieras más etimología." Salí a la calle, piernas flojas, el cuerpo zumbando con el eco del placer. La pasión no era solo dolor; era vida, era México en las venas, ardiente y eterna.