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Minas de Pasion Reparto Ardiente

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Minas de Pasion Reparto Ardiente

En los estudios de Televisa en CDMX, el aire olía a café recién hecho y a ese perfume dulzón que usaban las maquillistas. Yo, Karla, acababa de entrar al reparto de Minas de Pasion, esa telenovela que prometía ser el hit del año. Mi personaje era la mina fuerte, la que mandaba en las galerías subterráneas, pero en la vida real, mi corazón latía como tambor de banda sinaloense cada vez que veía a Diego, el galán principal.

El primer día de grabación, el sol pegaba duro en el foro construido como una mina falsa, con rocas de utilería y luces que simulaban antorchas. Diego se acercó con esa sonrisa pícara, su camisa entreabierta dejando ver el vello oscuro en su pecho. "Qué onda, Karla, neta que vas a robarte el show", me dijo, su voz grave como un ronroneo. Sentí un cosquilleo en la piel, el calor subiendo por mis muslos. Olía a él: jabón fresco mezclado con sudor masculino, ese aroma que te hace apretar las piernas sin querer.

Durante el ensayo, nuestras escenas de "conflicto pasional" en la mina se sentían demasiado reales. Yo tenía que empujarlo contra la pared de cartón piedra, fingir enojo mientras mis ojos se clavaban en sus labios carnosos. "¡No me traiciones, cabrón!", gritaba mi personaje, pero por dentro pensaba: Ven, pendejo, dame un beso de verdad. Su mano rozó mi cintura al "caer", y juro que sentí su verga endureciéndose contra mi cadera. El pulso se me aceleró, el corazón retumbando en los oídos como eco en una mina real.

¿Por qué carajos me afecta tanto este wey? Es solo trabajo, pero su toque quema como chile habanero.

Los días siguientes fueron un martirio delicioso. En el reparto de Minas de Pasion, todos chismeaban sobre química en pantalla, pero nadie sabía la tensión que bullía entre nosotros. Almuerzos en el comedor, donde su rodilla rozaba la mía bajo la mesa, accidentalmente. Noches de guion en su tráiler, supuestamente para repasar líneas. El espacio era chiquito, olía a su colonia y a mi crema de vainilla. Se sentaba cerca, su muslo musculoso presionando el mío, y leíamos diálogos cargados de deseo.

"Te deseo tanto que ardo por dentro", recitaba él, mirándome fijo. Mi piel se erizaba, pezones endureciéndose bajo la blusa. Intentaba concentrarme, pero su aliento cálido en mi cuello me distraía. "Diego, carnal, esto se siente muy real", le solté una noche, riéndome nerviosa. Él se acercó más, su mano en mi rodilla. "Porque lo es, Karla. Neta, desde el primer día te quiero chingar". Sus palabras crudas me mojaron al instante, el calor entre mis piernas como lava de volcán.

La tensión creció como bola de nieve en la sierra. En una escena de baño en la mina, nos empaparon con agua fría para simular cascada. Mis tetas se marcaron bajo la tela mojada, y él no quitaba la vista. Después, en su camerino, solos, el vapor del aire acondicionado mezclándose con nuestro sudor. "Ya no aguanto", murmuró, jalándome hacia él. Nuestros labios chocaron, hambrientos. Su lengua invadió mi boca, saboreando a menta y deseo. Gemí contra él, mis manos enredándose en su pelo negro.

Sus dedos bajaron por mi espalda, apretando mi culo firme. "Eres una chingona, Karla", jadeó, mordisqueando mi cuello. El olor a su excitación llenaba el cuarto, almizclado y adictivo. Le arranqué la camisa, lamiendo su pecho salado, bajando hasta su abdomen marcado. Su verga palpitaba dura bajo los jeans, y la liberé con urgencia. Era gruesa, venosa, la cabeza brillando de pre-semen. La tomé en mi boca, saboreando su gusto salado, chupando con hambre mientras él gruñía "¡Así, mamacita, trágatela!".

Me levantó como si no pesara, tirándome en el sofá de cuero que crujió bajo nosotros. Me quitó el short, exponiendo mi panocha depilada, ya chorreando. "Estás empapada por mí", dijo, hociqueando mi clítoris con la lengua. El placer me atravesó como rayo, arqueé la espalda, oliendo mi propia excitación dulce. Sus dedos entraron, curvándose en mi punto G, mientras lamía sin piedad. Grité su nombre, las paredes del tráiler vibrando con mis gemidos.

Esto es mejor que cualquier escena de Minas de Pasion, puro fuego real.

Lo empujé hacia atrás, montándolo como amazona. Su verga me llenó de un embestida, estirándome deliciosamente. Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes, el sudor goteando entre nosotros. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, el sonido obsceno mezclándose con jadeos. "¡Chíngame más duro, wey!", le exigí, clavando uñas en su pecho. Él obedeció, embistiéndome desde abajo, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones.

El clímax se acercaba como tormenta en el desierto. Mi vientre se contrajo, el placer acumulándose en espiral. Él se tensó, gruñendo "Me vengo, Karla". Explotamos juntos, mi coño ordeñándolo mientras chorros calientes me inundaban. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando, pieles pegajosas. Colapsé sobre él, respirando su olor a sexo y victoria.

Después, enredados en las sábanas revueltas del sofá, fumamos un cigarro compartido, el humo danzando perezoso. "Esto no fue solo un polvo, ¿verdad?", pregunté, trazando círculos en su pecho. Él me besó la frente. "Neta, Karla, eres mi mina de pasión personal. Y en el reparto de Minas de Pasion, seremos imparables". Reímos bajito, sabiendo que el set sería nuestro playground secreto. El deseo no se apagó; solo esperó la próxima toma para encenderse de nuevo.

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