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Pasión por el Trabajo Animado

6499 palabras

Pasión por el Trabajo Animado

En el corazón de la Condesa, donde las luces neón parpadean como estrellas coquetas, trabajo en un estudio de animación que huele a café recién molido y a lápices afilados. Me llamo Ana, tengo veintiocho años y mi pasión por el trabajo animado es lo que me hace vibrar cada mañana. Esas curvas fluidas en la pantalla, los personajes que cobran vida con un par de clics, me encienden como nada más. Hoy, el estudio está casi vacío, solo el zumbido de las computadoras y el tráfico lejano rompiendo el silencio.

Entra Diego, el nuevo animador, con su playera ajustada que marca unos brazos fuertes de tanto manejar la tableta gráfica. Es moreno, con ojos cafés que brillan como chocolate derretido, y una sonrisa pícara que dice "sé lo que quiero". Lleva meses aquí, pero hoy nos asignan un proyecto juntos: una secuencia erótica para un corto independiente. "Órale, Ana, vamos a hacer que estos personajes follen como dioses", me dice con esa voz ronca que me eriza la piel. Siento un cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo ya supiera lo que viene.

Nos sentamos lado a lado, pantallas iluminando nuestras caras. Su rodilla roza la mía accidentalmente, y no se aparta. Huele a jabón fresco mezclado con un toque de sudor masculino, ese aroma que me hace morderme el labio. "Tu pasión por el trabajo animado es contagiosa, wey", le digo riendo, mientras ajusto la curva del trasero animado de la protagonista. Él se acerca, su aliento cálido en mi cuello: "La tuya me está volviendo loco". El aire se carga de electricidad, el calor de su cuerpo filtrándose a través de mi blusa ligera.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Es solo trabajo, pero su mirada me desnuda frame por frame.

Las horas pasan, el sol se pone tiñendo el estudio de naranja. Dibujamos besos apasionados, manos explorando cuerpos virtuales. Nuestros dedos se rozan en la tableta compartida, y cada toque envía chispas por mi espina. "Mira cómo se arquea ella", murmura Diego, su mano cubriendo la mía para guiar el trazo. Siento la aspereza de su palma, callosa de tanto crear, y un calor húmedo se acumula entre mis piernas. Levanto la vista, nuestros ojos se clavan: deseo puro, crudo, mexicano.

"¿Quieres que lo hagamos real?", susurra, su voz un ronroneo que me moja más. Asiento, el pulso retumbando en mis oídos como tambores de mariachi. Me jala hacia él, sus labios chocan con los míos en un beso hambriento, tongues danzando como en nuestra animación. Sabe a menta y a café, dulce y amargo. Sus manos recorren mi espalda, bajan a mis nalgas, apretando con fuerza juguetona. "¡Qué rico, pendejo!", gimo contra su boca, riendo entre jadeos.

El escritorio se convierte en nuestro lienzo. Me sube la falda, sus dedos trazan la línea de mi tanga, rozando el calor empapado. "Estás chorreando por mí, ¿verdad, mamacita?", dice con esa sonrisa de cabrón encantador. Introduzco la mano en su pantalón, siento su verga dura como tableta de piedra, palpitando en mi puño. La acaricio despacio, arriba y abajo, oyendo su gruñido gutural que reverbera en mi pecho. El olor a sexo empieza a llenar el aire, almizclado y embriagador, mezclado con el perfume de mi piel sudada.

Me voltea sobre la mesa, papeles y stylus volando al suelo con ruido sordo. Su boca devora mi cuello, chupando hasta dejar marcas rojas como frames de pasión. Baja, lame mis tetas por encima de la blusa, mordisqueando pezones que se endurecen como botones de play. "No pares, Diego, ¡chinga que sí!", suplico, arqueándome. Él obedece, arrancando mi blusa, exponiendo mi piel al aire fresco del ventilador. Sus dientes rozan, lengua gira, y un gemido escapa de mi garganta, eco en las paredes vacías.

Esto es mejor que cualquier animación: carne real, sudor real, placer que no se borra con undo.

Desabrocho su cinturón, libero su polla gruesa, venosa, goteando precum que lamo con deleite salado. La chupo profundo, garganta acomodándose a su tamaño, oyendo sus "¡Ay, cabrona, qué chido!" entre jadeos. Él me empuja contra la silla, se arrodilla y entierra la cara en mi coño. Su lengua lame mi clítoris hinchado, succiona jugos que fluyen como río, dedos curvándose dentro de mí tocando ese punto que me hace ver estrellas animadas. Tiemblo, piernas flaqueando, olor a mi excitación invadiendo todo.

No aguanto más. "Cógeme ya, wey", ordeno, voz ronca de necesidad. Me penetra de un solo empujón, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. Gruñe al sentir mis paredes apretándolo, húmedas y calientes. Empieza a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de pelvis que suena a sexo puro: slap slap slap. Agarro su culo firme, uñas clavándose, urgiéndolo más rápido. Sudor perla su frente, gotea en mis tetas, salado en mi lengua cuando lo beso.

La tensión sube como un clímax en storyboard: ritmos acelerados, respiraciones entrecortadas, el estudio temblando con nosotros. Cambio de posición, yo encima, cabalgándolo en la silla giratoria que cruje bajo nuestro peso. Sus manos amasan mis chichis, pellizcando pezones, mientras reboto, coño tragándoselo entero. Veo su cara de éxtasis, ojos entrecerrados, boca abierta en "¡Qué rico te sientes, Ana!". Mi clítoris roza su pubis, fricción eléctrica que me acerca al borde.

El orgasmo explota primero en mí, olas de placer convulsionando mi cuerpo, gritando su nombre mientras chorros calientes mojan su verga. Él sigue, embistiendo salvaje, hasta que se tensa, ruge y se corre dentro, semen caliente inundándome, pulsos que siento en mis entrañas. Colapso sobre él, pechos aplastados contra su torso jadeante, corazones latiendo al unísono como beats sincronizados.

Nos quedamos así, enredados, el aire pesado de sexo y satisfacción. Su mano acaricia mi cabello revuelto, labios rozando mi sien. "Tu pasión por el trabajo animado me conquistó, pero esto... esto es arte vivo", murmura. Río bajito, besando su pecho salado. Afuera, la ciudad bulle indiferente, pero aquí dentro hemos creado algo eterno.

Al día siguiente, volvemos al trabajo como si nada, pero cada mirada compartida promete más frames de placer. Mi pasión por el trabajo animado ahora incluye su cuerpo como musa principal, y sé que esta historia apenas comienza.

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