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Diario de una Pasion 1080p Latino Mega

6433 palabras

Diario de una Pasion 1080p Latino Mega

Era un viernes por la noche en mi depa de la Roma, con el ruido de los coches en la calle y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, veintiocho años, soltera hace meses, sentía ese vacío en el pecho que solo una buena cogida podía llenar. Neta, necesitaba algo que me prendiera el fuego. Agarré mi laptop, me eché en la cama con las sábanas revueltas oliendo a mi perfume de vainilla, y busqué en la red. "Descargar diario de una pasión 1080p latino mega", tecleé con el corazón latiéndome más rápido. El link apareció como por arte de magia, un archivo pesado que tardó en bajar, pero valió la pena.

Lo abrí y ¡no mames! Era un video casero de una morra bien buena, piel morena como la mía, tetas firmes y un culo que no paraba de moverse. Su carnal, un vato musculoso con tatuajes, la comía viva en una cama deshecha. La calidad 1080p hacía que viera cada gota de sudor resbalando por su espalda, escuchara sus gemidos roncos en perfecto español latino, "¡Ay, papi, más duro!" El olor a sexo me lo imaginaba, ese almizcle caliente que te envuelve. Me quité el short con manos temblorosas, mis dedos rozando la panocha ya húmeda, hinchada de deseo. Mientras ellos se daban con todo, yo me tocaba el clítoris en círculos lentos, sintiendo el pulso acelerado entre mis piernas.

¿Por qué carajos estoy sola viendo esto? Quiero sentir una verga dura partiéndome en dos, no solo mis dedos. Mañana salgo, neta, voy a cazar un papacito que me haga olvidar mi nombre.

Me vine con un grito ahogado, el cuerpo arqueándose como un resorte, el sabor salado de mi propia excitación en los labios cuando me lamí los dedos. Pero no fue suficiente. El video se quedó grabado en mi mente, esa pasión cruda, mexicana al cien.

Al día siguiente, con el sol pegando en Insurgentes y el aroma de churros fritos en el aire, me arreglé como diosa: falda ajustada que marcaba mis curvas, blusa escotada dejando ver el encaje negro de mi bra. Fui a un bar chido en la Condesa, luces tenues, reggaetón suave retumbando en los parlantes. Ahí lo vi: Marco, alto, barba de tres días, ojos cafés que me desnudaban con la mirada. Me acerqué con una chela en la mano, el vidrio frío contra mi palma sudada.

"¿Qué onda, guapa? ¿Vienes a descargar algo caliente esta noche?" me dijo con voz grave, sonrisa pícara. Reí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Hablamos de todo: de la pinche vida en la ciudad, de películas calientes que habíamos visto. Le conté del video sin dar detalles, solo que me había dejado mojada. Él se acercó más, su aliento a tequila rozándome el cuello, el calor de su muslo contra el mío en la barra.

La tensión crecía como tormenta. Sus dedos rozaron mi mano, enviando chispas por mi piel. "¿Quieres que te invite a mi depa? Vivo cerca." Asentí, el pulso martillándome las sienes. En su coche, un vocho tuneado oliendo a cuero nuevo, su mano subió por mi muslo, lento, torturándome. Gemí bajito cuando tocó el borde de mi tanga, ya empapada.

Esto es lo que necesitaba. Su toque me quema, pendejo sexy, no pares.

Llegamos a su penthouse minimalista, vistas a la ciudad brillando como diamantes. Me empujó contra la pared apenas cerramos la puerta, sus labios devorando los míos con sabor a menta y deseo. Le arranqué la camisa, sintiendo los músculos duros bajo mis uñas, el vello áspero en su pecho rozando mis tetas liberadas. "Eres una chingona, Ana", murmuró mientras me bajaba la falda, sus dientes mordisqueando mi oreja, enviando ondas de placer directo a mi centro.

Caímos en su cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Me abrió las piernas con gentileza, pero sus ojos ardían. Lamio mi panocha despacio, lengua plana lamiendo desde el ano hasta el clítoris, saboreando mis jugos con gruñidos guturales. "¡Qué rica estás, mami! Sales como miel." Arqueé la espalda, mis manos enredadas en su pelo negro, el sonido húmedo de su boca chupándome llenando la habitación. Olía a mi excitación mezclada con su colonia masculina, embriagador.

No aguanté más. "Cógeme ya, Marco, no mames, métemela." Se puso de rodillas, su verga gruesa, venosa, palpitando ante mí. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, el prepucio retrayéndose para mostrar el glande rosado. La chupé con hambre, garganta profunda, saliva goteando, su gemido ronco como música. "¡Sí, así, reina!"

Se colocó encima, frotando la punta en mi entrada resbaladiza. Entró de un empujón lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena pulsando dentro, llenándome hasta el fondo. Empezamos a movernos, ritmo tribal, piel contra piel chapoteando, sudor perlando nuestros cuerpos. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras, mientras yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas.

Es mejor que el video, mil veces. Su verga me parte, pero lo quiero más profundo, que me haga suya.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Rebotaba en su polla, panocha tragándosela entera, clítoris rozando su pubis peludo. Él desde abajo me azotaba el culo suave, "¡Qué nalgas tan ricas, muévete así!" El placer subía en espiral, mis paredes contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Grité su nombre, el orgasmo explotando como fuegos artificiales, jugos chorreando por sus bolas. Él se vino segundos después, chorros calientes inundándome, gruñendo como fiera.

Nos quedamos jadeando, enredados, su semen goteando de mí, mezclándose con sudor. Besos lentos, lenguas perezosas. "Eres increíble, Ana. ¿Repetimos?" Sonreí, el corazón lleno.

De vuelta en mi depa esa madrugada, con el cuerpo dolorido pero satisfecho, abrí mi libreta. El aroma a sexo aún en mi piel, escribí:

Hoy descargué no solo un video, sino mi propia pasión. Marco me dio lo que el 1080p latino mega prometía y más. Esa conexión, ese fuego mexicano que quema el alma. Mañana, quién sabe, pero esta noche vivo en HD eterno.

El sol salía tiñendo el cielo de rosa, y yo, por fin, dormí con una sonrisa, soñando con más descargas de placer.

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