Noche de Pasion y Amor Pelicula
Entré al cine esa noche con el corazón latiéndome fuerte, como si presintiera que algo chido iba a pasar. El cartel de Pasion y Amor Pelicula me había llamado la atención desde la semana pasada, con esa imagen de dos cuerpos entrelazados bajo luces tenues, prometiendo una historia llena de fuego y ternura. Neta, necesitaba un escape de la rutina, de mi chamba en la oficina y las broncas con mi ex. Compré mi boleto y me acomodé en la fila para las palomitas, oliendo ese aroma dulce y mantecoso que siempre me abre el apetito.
Ahí lo vi. Javier, se llamaba después lo supe, estaba justo enfrente, platicando con un carnal sobre la peli. Era alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace pensar en travesuras. Sus ojos cafés se cruzaron con los míos y me guiñó un ojo.
¿Qué wey tan coqueto?pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Me acerqué fingiendo pedir extra queso para las palomitas.
—Oye, ¿vas solo a ver Pasion y Amor Pelicula? —le pregunté, con voz juguetona.
—Sí, carnalita. ¿Y tú? ¿Quieres compañía? —respondió, su voz grave como un ronroneo.
Nos reímos y terminamos sentándonos juntos en la sala oscura. El aire acondicionado fresco rozaba mi piel, erizándome los vellos de los brazos. La peli empezó con una escena romántica en una playa mexicana, olas rompiendo suaves, el sol dorado besando sus cuerpos. La protagonista, una morra como yo, con curvas que no se guardaba, se entregaba al galán con besos que parecían eternos. Sentí el calor subir por mis mejillas mientras Javier rozaba accidentalmente mi mano al buscar palomitas. Su piel era cálida, áspera por el trabajo manual que después me contó que hacía en construcción.
En la pantalla, la pasion y amor pelicula se ponía intensa. Él la tomaba por la cintura, sus labios devorándola, y ella gemía bajito, arqueando la espalda. Mi respiración se aceleró, y noté que Javier se movía inquieto en su asiento. Su muslo musculoso presionaba contra el mío, y no lo apartó.
Esto está prendiendo la mecha, me dije, mordiéndome el labio. Al final de la peli, cuando ellos culminaban en un clímax de jadeos y sudor, nuestras manos se entrelazaron de verdad. Sudorosas, temblorosas, prometiendo más.
Salimos del cine al fresco nocturno de la colonia Roma, las luces de los bares parpadeando como estrellas caídas. El olor a tacos al pastor flotaba en el aire, pero no teníamos hambre de comida.
—Pasion y Amor Pelicula me dejó con ganas de más —dijo él, mirándome fijo, su aliento con sabor a chicle de menta rozando mi oreja.
—A mí también, wey. ¿Vamos a tu depa? Vivo cerca, pero prefiero tu territorio —respondí, sintiendo mi pulso acelerado como tambores de cumbia.
Su departamento era modesto pero chulo, con posters de luchadores y una tele grande. Me sirvió un chelita fría, el vidrio empañado por el hielo, y nos sentamos en el sofá de cuero negro que crujió bajo nuestro peso. Hablamos de la peli, de cómo la pasion y amor pelicula nos había revuelto las tripas. Sus ojos recorrían mi blusa escotada, deteniéndose en el nacimiento de mis pechos. Yo admiraba sus brazos fuertes, imaginando cómo se sentirían envolviéndome.
La tensión crecía como una tormenta. Recordé la escena donde ella lo provocaba bailando salsa, sus caderas ondulando. Me paré y empecé a moverme así, lento, sensual, al ritmo de la música que él puso en su bocina. Salsa mexicana, con trompetas alegres y güiro raspando. Mi falda se subía un poco, revelando mis muslos suaves. Javier se levantó, sus manos grandes tomándome por la cintura, guiándome. Su cuerpo pegado al mío, sentí su dureza presionando contra mi vientre.
¡Qué rico! Está listo para mí, pensé, mi concha humedeciéndose con anticipación.
—Estás cañona, Ana —murmuró, besándome el cuello. Su barba incipiente raspaba delicioso, enviando chispas por mi espina.
Nuestros labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando como en la peli. Sabía a cerveza y deseo puro. Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando mi bra, liberando mis tetas pesadas. Las amasó con ternura, pulgares rozando mis pezones endurecidos. Gemí bajito, el sonido ahogado en su boca. Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas, frotándome contra su verga tiesa que palpitaba bajo el pantalón.
La habitación olía a su colonia amaderada mezclada con mi aroma de mujer excitada, ese almizcle dulce que inunda el aire. Le quité la playera, besando su pecho ancho, lamiendo el sudor salado de su piel. Él gruñó, manos en mi culo, apretando carne suave. Qué padre se siente esto, pensé, mientras bajaba su zipper y liberaba su miembro grueso, venoso, listo para entrar en mí.
—Te quiero dentro, Javier. Como en la pasión y amor película —jadeé, quitándome la tanga empapada.
Me recostó en el sofá, sus ojos devorándome. Bajó la cabeza entre mis piernas, su lengua caliente lamiendo mi clítoris hinchado.
¡Ay, cabrón, qué chido!Grité internamente, mis caderas alzándose para más. Chupaba y succionaba, dedos hundiéndose en mi humedad resbalosa, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido de su boca devorándome era obsceno, jugos chorreando, mi voz rompiéndose en gemidos agudos.
No aguanté más. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Llenándome por completo. Sus embestidas empezaron lentas, profundas, nuestros cuerpos sudados chocando con palmadas húmedas. El sofá crujía rítmicamente, mezclándose con nuestros jadeos y el eco de la salsa lejana.
—Más fuerte, pendejo. Fóllame como hombre —lo provoqué, uñas clavándose en su espalda.
Aceleró, polla golpeando mi fondo, bolas azotando mi culo. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante. Él sudaba sobre mí, músculos tensos, gruñendo mi nombre. Ana, Ana. Yo apreté mis paredes alrededor de él, ordeñándolo. El clímax nos golpeó juntos: yo convulsionando, gritando, chorros de placer escapando; él hinchándose, llenándome de leche caliente, pulsando dentro.
Nos quedamos así, unidos, respiraciones entrecortadas calmándose. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón latiendo contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor, embriagador.
Después, envueltos en una cobija, tomamos las chelas tibias. Hablamos de todo: de sueños, de la peli que nos unió, de cómo la pasión y amor película era solo el principio de la nuestra.
—Esto fue neta lo máximo —dijo, acariciando mi pelo revuelto.
—Sí, wey. Y quiero más noches así —respondí, sabiendo que esto era el inicio de algo chingón.
Me dormí en sus brazos, el sabor de él aún en mi boca, el eco de placer resonando en mi cuerpo. La pasion y amor pelicula había cobrado vida, y yo era la protagonista.