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Que Es La Pasion De Cristo Segun La Biblia En Mi Carne Ardiente

7217 palabras

Que Es La Pasion De Cristo Segun La Biblia En Mi Carne Ardiente

Tú caminas por las calles empedradas de San Miguel de Allende, el sol del atardecer tiñendo todo de un naranja cálido que besa tu piel morena. El aire huele a incienso de las iglesias cercanas y a las flores de bugambilia que trepan por las paredes coloniales. Es Semana Santa, y aunque no eres de las que van a misa todos los domingos, algo en el ambiente te pone nerviosa, como si el espíritu de la pasión flotara en el viento. Llevas un vestido ligero de algodón que se pega a tus curvas con la brisa, y sientes tus pezones endureciéndose contra la tela fina.

Ahí lo ves, apoyado en la puerta de una galería de arte. Se llama Cristo, neta, te lo dice con una sonrisa pícara que hace que tus rodillas flaqueen. Alto, moreno, con ojos negros como el obsidiana y una barba recortada que invita a rozar los labios. Lleva una camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro en su pecho. "¿Qué onda, preciosa? ¿Vienes a perderte en el arte o en algo más profundo?", te suelta con ese acento guanajuatense que suena como miel caliente.

Te ríes, coqueteando. "Órale, wey, ¿Cristo? ¿En serio? Dime, ¿qué es la pasión de Cristo según la biblia? Porque aquí ando buscando un poco de eso". Tus palabras salen juguetona, pero por dentro sientes un cosquilleo en el vientre, como si hubieras encendido una chispa prohibida. Él se acerca, su colonia fresca mezclándose con el olor a tierra húmeda del pueblo. "La pasión, mi reina, es sufrimiento y entrega total. Sudor, sangre, éxtasis en el dolor que se vuelve placer. Según la biblia, es clavarse por amor. ¿Quieres que te lo enseñe en versión carnal?"

Su aliento roza tu oreja, y un escalofrío te recorre la espina dorsal. Aceptas ir a su casa, una casita con patio lleno de bugambilias, no muy lejos. Caminan juntos, charlando de todo y nada, pero cada roce accidental de sus dedos contra los tuyos enciende fuego en tu piel.

Acto uno termina aquí, pero el deseo apenas comienza.

En el patio, bajo las luces tenues de faroles de hierro forjado, él te ofrece un mezcal ahumado. El líquido quema tu garganta, dulce y picante, despertando todos tus sentidos. "Siéntate, mamacita", dice, y tú obedeces en una hamaca tejida. Cristo se arrodilla frente a ti, sus manos grandes y callosas –de tanto trabajar en la galería, dice– subiendo por tus piernas desnudas. El tacto es eléctrico, áspero contra tu piel suave. "¿Sabes qué es la pasión de Cristo según la biblia?", murmura de nuevo, sus labios rozando tu rodilla. "Es el momento en que el cuerpo grita por liberación, cuando el alma se rinde al toque divino".

Tu corazón late como tambor en fiesta patronal, pum pum pum. Lo jalas por la camisa, besándolo con hambre. Sus labios son firmes, su lengua sabe a mezcal y a hombre. El beso se profundiza, lenguas danzando en un ritual húmedo y caliente. Sientes su erección presionando contra tu muslo, dura como piedra sagrada, y un gemido escapa de tu garganta. "Cristo, me traes loca, carnal", susurras, mordiendo su labio inferior.

Te lleva adentro, a una recámara con sábanas de lino blanco y velas parpadeando. El olor a cera derretida llena el aire, mezclado con el aroma almizclado de su sudor fresco. Se quita la camisa, revelando músculos torneados por el sol mexicano. Tú desabrochas tu vestido, dejándolo caer como ofrenda. Desnuda, sientes el aire fresco lamiendo tus pechos llenos, tus pezones oscuros erguidos como picos de pasión.

Él te admira, ojos devorándote. "Eres mi virgen María moderna, pero con fuego en la panocha". Te ríes, pero el cumplido te moja entre las piernas. Sus manos exploran: acaricia tus senos, pellizcando suave, enviando ondas de placer a tu centro. Bajas la mano, tocando su verga a través del pantalón. Gruesa, palpitante, qué chingona. La liberas, piel aterciopelada sobre acero, venosa y lista. La acaricias, sintiendo el pulso acelerado, y él gime ronco, "Sí, así, reina".

Por dentro piensas: Esto es la pasión, no la biblia ni clavos, sino piel contra piel, deseo puro que duele de lo rico.

La tensión crece como tormenta en el desierto. Él te tumba en la cama, besando tu cuello, lamiendo el hueco de tu clavícula donde sabe a sal. Baja por tu vientre, mordisqueando suave, hasta llegar a tu monte de Venus. Su aliento caliente sobre tu clítoris hinchado te hace arquear la espalda. "Déjame adorarte", dice, y su lengua toca primero, un roce ligero como pluma. Luego devora, chupando, lamiendo en círculos que te vuelven loca. Tus jugos lo mojan, olor a excitación almizclada llenando la habitación. Gritas, "¡Chíngame con la lengua, Cristo!", y él obedece, dedos entrando en ti, curvándose para hallar ese punto que te hace ver estrellas.

Tu cuerpo tiembla, orillas del orgasmo acercándose. Pero él para, juguetón. "No tan rápido, pendeja sexy. Quiero que sufras un poquito, como en la pasión". Te voltea boca abajo, besando tu espalda, manos amasando tus nalgas redondas. El azote suave en tu culo resuena, clap, enviando calor líquido a tu coño. Otro, y otro, placer mezclado con picor dulce. Luego su verga roza tu entrada, húmeda y lista.

El medio acto se estira, cada caricia un paso más al abismo.

Entras en él despacio, centímetro a centímetro. Su grosor te estira, llenándote hasta el fondo, un dolor placentero que se disuelve en éxtasis. "¡Qué rica estás, tan apretadita!", gruñe, embistiendo suave al principio. El sonido de piel chocando, paf paf paf, se mezcla con vuestros jadeos. Sudor perla vuestros cuerpos, goteando, olor a sexo crudo y puro. Tú cabalgas ahora encima, pechos rebotando, uñas clavándose en su pecho como espinas de corona.

"Dime qué es la pasión de Cristo según la biblia", jadeas entre gemidos, y él responde, "Es esto, amor, follar hasta el alma, entregarse sin reservas". Aceleras, su verga golpeando profundo, rozando tu G, placer construyéndose como ola gigante. Sus manos en tus caderas guían, dedos apretando carne. Sientes su saco tenso contra ti, listo para explotar.

El clímax llega como crucifixión gozosa. Tú primero, coño contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojándolo todo, gritando su nombre "¡Cristo, ay!". Él sigue, embistiendo fuerte, y se corre dentro, semen caliente inundándote, pulsos interminables. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas.

En el afterglow, acurrucados bajo sábanas revueltas, él acaricia tu pelo. El aire huele a sexo satisfecho y velas apagadas. "Entonces, ¿qué es la pasión de Cristo según la biblia?", preguntas perezosa. Él besa tu frente. "Es esto que acabamos de vivir, mi vida: entrega total, placer que redime, amor en carne viva". Sonríes, sintiendo paz profunda, el cuerpo laxo y lleno. Afuera, el pueblo duerme, pero tú has encontrado tu propia resurrección.

Y así, en los brazos de Cristo, entiendes que la pasión no es solo biblia, sino vida palpitante, deseo que libera el alma.

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