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Ejemplos de Pasiones Positivas Ardientes

7092 palabras

Ejemplos de Pasiones Positivas Ardientes

En la azotea del edificio en la Condesa, bajo un cielo estrellado de la Ciudad de México, Ana sentía el pulso de la noche vibrando en su piel. La brisa tibia traía el aroma de jazmines del jardín colgante y el humo leve de las barbacoas lejanas. La música cumbia rebajada retumbaba suave, haciendo que los cuerpos se mecieran al ritmo. Vestida con un vestido negro ajustado que abrazaba sus curvas como una caricia prohibida, Ana sorbía su michelada, el limón fresco explotando en su lengua salada.

¿Por qué carajos vengo a estas fiestas si siempre termino sola? pensó, mientras sus ojos recorrían la multitud de treintañeros bien vestidos, riendo con copas en mano. Entonces lo vio: Luis, ese güey de la uni que siempre la hacía reír con sus chistes pendejos. Alto, moreno, con esa sonrisa chueca que prometía travesuras. Él la miró, y el aire se cargó de electricidad estática.

¡Órale, Ana! ¿Qué onda, nena? gritó él por encima de la música, acercándose con un abrazo que duró un segundo de más. Su pecho firme contra el de ella, el olor de su colonia mezclada con sudor fresco la invadió.

Pinche Luis, siempre tan cabrón, oliendo a tentación pura.

Se pusieron a platicar, recordando anécdotas de la facultad. Las risas fluían como el tequila en sus vasos. Él la tocó el brazo al contar una historia, y el roce de sus dedos ásperos por el gimnasio envió chispas directo a su entrepierna. Ana sintió su coño palpitar levemente, húmedo ya bajo las bragas de encaje.

La noche avanzaba, y la tensión crecía. Bailaron pegaditos, sus caderas chocando al ritmo. El calor de su aliento en su cuello, el roce de su verga semi-dura contra su muslo. Esto es chingón, pero ¿y si lo invito a mi depa? No, mejor suelto la rienda un rato.

Acto primero cerrado, la semilla plantada. Luis la miró a los ojos, serio de repente.

—Sabes, Ana, la vida es para ejemplos de pasiones positivas. Nada de dramas, puro gozo limpio.

Ella sonrió, asintiendo. Bajaron del techo, tomados de la mano, hacia el depa de él en el mismo edificio. El pasillo olía a incienso y pizza recalentada de algún vecino. Dentro, luces tenues, un sofá de piel suave y una botella de mezcal abierta.

Se sentaron cerca, piernas tocándose. La charla se volvió íntima. Él confesó que siempre la había visto como la chava más sensual de la uni, con esas tetas perfectas y ese culo que hipnotizaba. Ana rio, pero su clítoris latió fuerte.

Me muero por sentirlo dentro, cabrón. Esto es pasión positiva, consentida, que nos hace volar.

Luis se acercó, su mano en su muslo subiendo despacio. Ella no lo detuvo; al contrario, abrió las piernas un poco. Sus labios se encontraron en un beso hambriento. Lenguas danzando, sabor a sal y mezcal, el smack húmedo de la saliva. Él gemía bajito, manos explorando su espalda, bajando el zipper del vestido.

El vestido cayó, revelando sus pechos libres, pezones duros como piedras. Luis los miró embobado.

Estás de hija, Ana. Permiso para mamarlos?

—Dale, papi. Todo tuyo.

Su boca caliente envolvió un pezón, succionando con fuerza suave. Ana arqueó la espalda, gimiendo ronca. El sonido de su chupeteo, el roce de su barba incipiente en su piel sensible, el aroma almizclado de su excitación mezclándose con el perfume floral de ella. Manos en su pelo, tirando suave mientras él alternaba tetas, mordisqueando.

La tensión subía como el volcán que era su deseo. Ana lo empujó al sofá, desabrochando su camisa. Pectorales duros, vello negro que bajaba hasta el ombligo. Le besó el pecho, lamiendo sudor salado. Bajó al pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, goteando precum cristalino.

¡Qué chingona verga! Justo lo que necesito para esta noche de pasiones puras. Pensó, mientras la tomaba en mano, piel aterciopelada caliente latiendo. Él gruñó, caderas moviéndose.

Métetela a la boca, mi reina.

Ella obedeció, labios estirándose alrededor de la cabeza, lengua girando en el glande salado. El sabor almendrado del precum, el olor masculino intenso. Chupaba profundo, garganta relajada, saliva goteando por el eje. Luis jadeaba, manos en su cabeza guiando sin forzar. Glug glug, sonidos obscenos llenando la habitación, música de fondo ahogada.

La escalada continuaba. Él la levantó, la llevó a la cama king size con sábanas frescas de algodón egipcio. La despojó de las bragas empapadas, oliendo su esencia dulce-musgosa. Dedos explorando su panocha rasurada, labios mayores hinchados, clítoris erecto.

—Estás chorreando, nena. ¿Quieres mi lengua?

Sí, chúpame hasta que grite, güey.

Luis se hundió entre sus muslos, nariz rozando su monte de Venus. Lengua plana lamiendo desde ano hasta clítoris, succionando jugos cremosos. Ana gritó, caderas buckeando contra su cara barbuda. El zumbido de su succión, el slap de su coño mojado, olor a sexo puro impregnando el aire.

Esto es un ejemplo perfecto de pasiones positivas: darnos placer mutuo, sin culpas, solo éxtasis.

Orgasmo uno la sacudió, piernas temblando, chorro leve salpicando su barbilla. Él sonrió, lamiéndose los labios.

Ahora, el clímax se acercaba. Ana encima, cabalgándolo. Su verga abriéndose paso en su coño apretado, centímetro a centímetro. Sensación de plenitud ardiente, venas rozando paredes internas. Gemidos sincronizados, pieles chocando plap plap plap.

¡Te sientes de la verga, Luis! Fóllame duro.

Él embistió desde abajo, manos amasando sus nalgas redondas. Sudor perlando cuerpos, tetas rebotando, pezones rozando su pecho. Olor a sexo sudoroso, gemidos roncos en español mexicano puro: "¡Ay, cabrón!", "¡Qué rico tu pito!".

Cambiaron posiciones: él atrás, perrito style. Manos en caderas, verga hundiéndose profundo, bolas golpeando clítoris. Ana se masturbaba el botón, ondas de placer acumulándose. El espejo al frente reflejaba sus caras de puro vicio: ella mordiendo labio, él con ojos en llamas.

Voy a venirme, Ana. ¿Dentro?

¡Sí, lléname de leche, amor! Todo consensual, todo chido.

Explosión: él rugiendo, chorros calientes inundando su útero. Ella colapsó en orgasmo múltiple, coño contrayéndose ordeñando cada gota. Cuerpos temblando, colapsados en la cama húmeda de fluidos.

Afterglow: abrazados, respiraciones calmándose. El aroma post-sexo envolvente, piel pegajosa enfriándose. Luis la besó la frente.

—Eso fueron ejemplos de pasiones positivas, Ana. Puro amor carnal, sin rollos.

Ella suspiró, dedo trazando su pecho.

En este mundo loco, encontrar gozo así es un regalo. Mañana más, güey.
La noche los arropó, promesa de más fuegos positivos en el horizonte mexicano.

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