Relatos Prohibidos
Inicio Hetero El Significado de Pasión El Significado de Pasión

El Significado de Pasión

6556 palabras

El Significado de Pasión

La noche en Polanco olía a jazmín mezclado con el humo de los cigarros finos y el tequila reposado que servían en vasos helados. Yo, Ana, había salido con mis amigas para desquitarme del pinche estrés del trabajo en la agencia de publicidad. Llevaba un vestido negro ceñido que me hacía sentir como una diosa urbana, con el escote justo para que los ojos se detuvieran un segundo de más. El bar estaba a reventar de gente guapa, risas altas y esa música electrónica con toques de mariachi que tanto nos gustaba en la Ciudad de México.

Ahí lo vi. Javier, con su camisa blanca arremangada mostrando unos antebrazos fuertes, tatuados con un águila que parecía volar cuando movía la mano. Estaba platicando con unos cuates, pero sus ojos negros se cruzaron con los míos como un rayo. Órale, güey, ¿qué pedo con este vato? pensé, mientras sentía un cosquilleo en el estómago. Me sonrió, esa sonrisa pícara que dice "ven pa'cá sin decirlo". Pidió otra ronda y se acercó a nuestra mesa con cuatro shots de tequila.

—Salud por las morras más chingonas de Polanco —dijo, con voz grave que me erizó la piel.

Brindamos, y el líquido ardiente bajó por mi garganta, calentándome desde adentro. Hablamos de todo: del tráfico infernal de Reforma, de lo padre que era un buen taco al pastor después de la peda, de cómo la vida en México te obliga a ser intenso o te come vivo. Él era arquitecto, de Guadalajara tapatío puro, con ese acento que hace que todo suene como una invitación. Yo le conté de mis diseños locos y cómo a veces soñaba con tirarlo todo y largarme a la playa. La química era palpable, como electricidad estática antes de la tormenta. Sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa, y cada roce era una promesa.

Cuando mis amigas se despidieron con guiños y "pásala chido, Ana", él me tomó de la mano. —¿Vamos a caminar? El aire fresco nos va a caer bien.

Salimos al bulevar, luces de neón reflejándose en los charcos de la llovizna reciente. El olor a tierra mojada se mezclaba con su colonia, algo amaderado y masculino que me hacía inhalar profundo. Caminamos hasta su departamento en una torre reluciente, sin decir mucho, solo miradas que decían todo. Subimos en el elevador, y ahí, solos, no aguanté más. Lo jalé hacia mí y lo besé. Sus labios eran suaves pero firmes, con sabor a tequila y menta. Sus manos en mi cintura me apretaron justo lo necesario para que sintiera su calor a través del vestido.

¿Qué es esto? ¿El significado de pasión? Esa urgencia que te hace olvidar el mundo.

Entramos a su depa, minimalista con muebles de madera oscura y vistas al skyline. Me quitó el vestido despacio, como si desenvolriera un regalo. Sus dedos trazaban mi espalda, enviando ondas de placer que me erizaban los vellos. Yo le desabotoné la camisa, oliendo su piel salada, ese aroma varonil que grita deseo. Nos besamos de pie en la sala, lenguas danzando, mordidas suaves en el cuello que me arrancaban gemidos bajos. Chingón, pensé, mientras sus manos subían por mis muslos, rozando el encaje de mis panties.

Me cargó hasta la cama king size, con sábanas frescas que contrastaban con el fuego que traíamos. Se recostó y yo me subí encima, sintiendo su dureza presionando contra mí a través de la tela. Le quité los pantalones, admirando su cuerpo atlético, marcado por horas en el gym. Mi boca recorrió su pecho, saboreando el sudor ligero, lamiendo sus pezones hasta que gruñó mi nombre. Ana, qué rico, murmuró, con esa voz ronca que me mojaba más.

Él volteó las tornas, besando mi vientre, bajando lento hasta mis caderas. Sus labios rozaron mi piel interna de los muslos, y yo arqueé la espalda, anticipando. Cuando su lengua tocó mi clítoris, fue como un estallido. Lamía con maestría, chupando suave, luego fuerte, mientras dos dedos entraban en mí, curvándose justo en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido de mi humedad era obsceno, mezclado con mis jadeos y su respiración agitada. Olía a sexo puro, a deseo crudo. ¡No pares, cabrón! le supliqué, jalándole el pelo.

Pero quería más. Lo empujé para que se acostara y me monté en él, guiando su verga dura hacia mi entrada. Entró despacio, llenándome centímetro a centímetro. Sentí cada vena, cada pulso. Empecé a moverme, cabalgándolo con ritmo, mis tetas rebotando al compás. Él me agarraba las nalgas, amasándolas, dándome nalgadas ligeras que ardían delicioso. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor perlando nuestras pieles. Lo miré a los ojos, negros como la noche mexicana, y vi el hambre ahí.

Esto es pasión, el significado de pasion: dos cuerpos fusionándose, almas chocando en éxtasis.

Cambié de posición, él atrás, doggy style contra el cabecero. Me penetraba profundo, una mano en mi clítoris frotando círculos, la otra en mi pelo jalando suave para arquearme. Gemía fuerte, sin vergüenza, mientras él gruñía palabras sucias: Estás bien rica, morra, me vas a hacer acabar. El placer subía en olas, tensión en mi bajo vientre apretándose. Orgasmos múltiples me sacudían, piernas temblando, visión borrosa. Él aceleró, embistiéndome hasta que se tensó y se vino dentro, caliente, con un rugido gutural que vibró en mi espalda.

Colapsamos juntos, enredados en sábanas revueltas, respiraciones entrecortadas. Su semen goteaba entre mis piernas, cálido recordatorio. Me besó la frente, suave ahora, mientras el skyline parpadeaba afuera. Olía a nosotros, a sexo satisfecho y pieles marcadas por dedos ansiosos.

—¿Sabes cuál es el significado de pasion? —me dijo, trazando círculos en mi ombligo—. Esto. Conectarte tan hondo que duele lo bonito.

Yo sonreí, exhausta pero plena. Sí, güey, esto es. Hablamos bajito de tonterías, de volver a vernos, de tacos en la Condesa el domingo. El sueño nos venció envueltos el uno en el otro, con el pulso calmándose al ritmo de la ciudad que nunca duerme.

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas me despertó. Él dormía plácido, brazo sobre mi cintura. Me deslicé bajito, besando su pecho una última vez antes de vestirme. En la mesita, dejó su número garabateado: Llámame, Ana. Quiero más del significado de pasion contigo. Salí a la calle, aire fresco besando mi piel aún sensible, con una sonrisa que no se borraba. La vida en México es así: intensa, apasionada, llena de sorpresas que te marcan el alma.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.