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Pasiones Ocultas del Elenco de Novela Pasión y Poder

7012 palabras

Pasiones Ocultas del Elenco de Novela Pasión y Poder

El calor de los reflectores en el foro de Televisa me hacía sudar más de lo normal. Yo, Daniela López, era la protagonista de Pasión y Poder, esa novela que tenía a medio México pegado a la tele todas las tardes. Mi personaje, una mujer fuerte y sensual, luchaba por amor y venganza, pero en la vida real, mi propia pasión bullía por debajo de la superficie. Ese día, después de grabar una escena de celos intensos, Arturo Vargas, el galán del elenco de novela Pasión y Poder, se acercó a mí con esa sonrisa pícara que volvía locas a las fans.

Órale, carnal, qué chula te ves toda encendida, me dijo en voz baja, mientras el equipo recogía los cables. Su voz grave, con ese acento chilango puro, me erizó la piel. Arturo era alto, moreno, con ojos oscuros que prometían travesuras. Llevábamos semanas coqueteando en los pasillos, pero hoy, con el aire cargado de tensión post-grabación, algo cambió. Olía a su colonia fresca, mezclada con el sudor del esfuerzo, y neta, me dieron ganas de olerlo más de cerca.

La fiesta de cierre de capítulo se armó en un bar de Polanco, con luces tenues y música de fondo que invitaba a bailar pegadito. Yo me puse un vestido rojo ceñido que realzaba mis curvas, sabiendo que él estaría mirando. Cuando entré, lo vi en una esquina, con una chela en la mano, platicando con otros del elenco. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo en el estómago. Esta noche no me resisto más, pensé, mientras me acercaba con una cerveza en la mano.

¿Qué onda, Dani? ¿Lista para celebrar? —me preguntó, su aliento cálido rozando mi oreja cuando se inclinó para darme un beso en la mejilla. Su barba de tres días raspó mi piel suave, y un escalofrío me recorrió la espalda.

Neta, Arturo, hoy me siento con todo el poder, le contesté juguetona, recordando el título de nuestra novela. Bailamos un rato, cuerpos rozándose al ritmo de cumbia rebajada. Sus manos en mi cintura, firmes pero gentiles, me hicieron imaginar cómo se sentirían explorando más abajo. El olor a su piel, salado y masculino, se mezclaba con el humo de los cigarros y el perfume dulzón de las demás.

La tensión crecía con cada roce. En un momento, me jaló a un pasillo semi oscuro del bar. —Dani, no aguanto más verte así. Eres puro fuego, murmuró, y me besó. Sus labios carnosos, suaves al principio, luego urgentes, sabían a cerveza y a deseo puro. Mi lengua se enredó con la suya, y gemí bajito cuando su mano subió por mi muslo, bajo el vestido. Esto es lo que necesitaba, un hombre que me prenda como en las escenas hot de la novela, pensé, mientras mi cuerpo respondía con calor entre las piernas.

Salimos del bar sin decir nada a nadie, tomados de la mano como dos adolescentes. Su departamento en la Roma estaba cerca, un lugar chido con vistas a la ciudad iluminada. Apenas cerramos la puerta, me empujó contra la pared, besándome el cuello con hambre. Sentí su erección dura presionando mi vientre, y un jadeo se me escapó. —Despacio, guapo, que esto apenas empieza, le dije riendo, pero mi voz temblaba de anticipación.

Me llevó a su recámara, iluminada solo por la luz de la luna que entraba por la ventana. El aire olía a sábanas frescas y a él. Se quitó la camisa, revelando un torso musculoso, con vellos oscuros que invitaban a tocar. Yo me desabroché el vestido lentamente, dejándolo caer al piso. Quedé en lencería negra, y vi cómo sus ojos se oscurecían de lujuria. —Eres una diosa, Dani. Del elenco de Pasión y Poder, pero en la vida real mucho más caliente, dijo, acercándose.

Sus manos grandes recorrieron mi cuerpo, desde los hombros hasta las nalgas, apretándolas con posesión juguetona. Yo le desabroché el pantalón, liberando su verga gruesa y palpitante. La tomé en la mano, sintiendo su calor y su dureza, venosa y lista. Qué chingona, justo lo que mi panocha anhela, pensé, mientras él gemía y me lamía los pezones endurecidos. Su boca era mágica, chupando y mordisqueando suave, haciendo que mis rodillas flaquearan.

Nos tumbamos en la cama king size, el colchón suave hundiéndose bajo nuestro peso. Él se colocó entre mis piernas, besando mi interior de muslos, oliendo mi excitación húmeda. —Hueles delicioso, como a miel y mujer, gruñó, y su lengua encontró mi clítoris hinchado. Lamidas lentas, círculos perfectos, mientras yo arqueaba la espalda y clavaba las uñas en su cabello. El sonido de mis gemidos llenaba la habitación, mezclados con el chapoteo húmedo de su boca en mi concha empapada. No pares, pendejo, me vas a hacer venir ya, suplicaba en mi mente, mordiéndome el labio.

Pero él se detuvo, sonriendo travieso. —Ahora tú, mami. Me puse de rodillas, tomando su pinga en la boca. Sabía salada, con un toque almizclado, y la chupé con ganas, de arriba abajo, metiéndomela hasta la garganta. Él jadeaba, agarrándome el pelo con ternura, guiándome. —¡Qué rica boca tienes, Dani! Neta, eres la reina del elenco.

La intensidad subía. Me volteó boca abajo, y sentí sus dedos lubricados entrando en mí, preparándome. —¿Quieres que te coja ya? —preguntó, su voz ronca. —Sí, Arturo, métemela toda, hazme tuya, respondí empoderada, empinando las nalgas. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome por completo. Su verga gruesa estiraba mis paredes, y grité de placer cuando tocó fondo. El ritmo empezó lento, piel contra piel chocando con palmadas suaves, su sudor goteando en mi espalda.

Esto es poder puro, pasión sin frenos, pensé mientras él aceleraba, embistiéndome fuerte. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como amazona. Mis tetas rebotaban, él las amasaba, pellizcando pezones. El olor a sexo impregnaba el aire, almizcle y fluidos mezclados. Sentía mi orgasmo construyéndose, una ola ardiente en el vientre. —¡Me vengo, cabrón! —grité, y exploté, contrayéndome alrededor de él, jugos chorreando.

Él no tardó, gruñendo como animal, llenándome con chorros calientes de semen. Nos quedamos unidos, pulsando juntos, respiraciones agitadas. Luego, rodamos a un lado, abrazados. Su piel pegajosa contra la mía, corazones latiendo al unísono. —Eso fue épico, Dani. Como una escena que nunca grabaremos, murmuró besándome la frente.

En el afterglow, con la ciudad zumbando afuera, reflexioné. Ser parte del elenco de novela Pasión y Poder me había dado fama, pero esto, esta conexión real con Arturo, era mi verdadero poder. No era solo sexo; era liberación, empoderamiento mutuo. Mañana volveríamos al set, fingiendo ser extraños, pero en secreto, sabríamos que nuestra pasión era más grande que cualquier guion.

Me acurruqué en su pecho, oliendo su esencia, saboreando el beso final. Que siga la novela de nuestra vida, pensé, cerrando los ojos satisfecha.

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