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Pasión de Gavilanes Cap 64 Fuego en la Sangre

7982 palabras

Pasión de Gavilanes Cap 64 Fuego en la Sangre

Te recuestas en el mullido sofá de tu depa en la Roma Norte, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro fresco contra la noche calurosa de la Ciudad de México. Marco, tu carnal desde hace dos años, se acomoda a tu lado, su cuerpo fuerte y moreno rozando el tuyo de esa manera que siempre te eriza la piel. Han cenado tacos de suadero en la esquina, con chelas frías que aún dejan un regusto salado en tu boca. Neta, qué chido es estar así, nomás nosotros, piensas mientras agarras el control remoto.

Enciendes la tele y navegas hasta el canal de las telenovelas. Justo arranca Pasión de Gavilanes cap 64. La pantalla se ilumina con los Reyes hermanos, esos gavilanes fieros y apasionados, en una escena que te prende de volada. Juan Darío acorrala a Norma contra la pared de la hacienda, sus bocas chocando con hambre, las manos de él devorando las curvas de ella bajo el vestido floreado. El sonido de sus respiraciones agitadas llena la sala, mezclado con la ranchera de fondo que late como un corazón desbocado.

¡Ay wey, cómo me calienta verlos así! Esa pasión cruda, como si el mundo se acabara en ese beso...

Sientes un cosquilleo traicionero entre las piernas, tu panocha humedeciéndose solo con imaginarte en el lugar de Norma. Marco gira la cabeza y te mira con esa sonrisa pícara, sus ojos cafés brillando bajo la luz parpadeante de la tele. "¿Ya te agarró la novela, nena?" murmura, su voz grave rozándote el oído como una caricia. Su mano grande se posa en tu muslo desnudo, bajo la falda corta de mezclilla que traes puesta. El calor de su palma se filtra a través de la piel, haciendo que tus pezones se endurezcan contra la blusa holgada.

La escena en Pasión de Gavilanes cap 64 sube de tono: Juan arranca el vestido de Norma, exponiendo sus tetas perfectas al aire nocturno. Ella gime, arqueando la espalda, y el sonido te hace apretar las piernas. Marco se acerca más, su aliento cálido con olor a menta y suadero contra tu cuello. "Míralos, amor. Se ven igualitos que nosotros ahorita", dice juguetón, y sus dedos suben despacito por tu muslo interior, rozando el borde de tus calzones de encaje.

No aguantas más el primer acto de esta noche. Te volteas y lo besas con furia, tu lengua invadiendo su boca como si fueras una de esas heroínas de telenovela. Él responde al tiro, gruñendo bajito, su mano apretando tu nalga firme. El sabor de él es adictivo: salado, masculino, con un toque de la salsa picante de la cena. Sus labios carnosos chupan los tuyos, y sientes su verga endureciéndose contra tu cadera a través del pantalón de mezclilla.

El beso se alarga, profundo y húmedo, mientras en la tele los gemidos de los gavilanes se mezclan con los vuestros. Te subes a horcajadas sobre él, frotándote contra su bulto duro. ¡Qué rica se siente esa presión contra mi clítoris! piensas, el roce enviando chispas de placer por tu espina. Marco mete las manos bajo tu blusa, sus pulgares rozando tus pezones erectos, pellizcándolos suave hasta que jadeas en su boca.

"Quítate eso, mamacita. Quiero verte toda", ordena con voz ronca, y tú obedeces, levantando los brazos para que te saque la blusa. Tus tetas saltan libres, los pezones oscuros y duros pidiendo atención. Él se lanza a mamarlos, su lengua caliente lamiendo círculos, succionando fuerte hasta que sientes el tirón directo en tu entrepierna. El olor de tu arousal sube, mezclado con su sudor fresco y el perfume amaderado de su colonia. Afuera, el claxon de un vocho lejano rompe el silencio, pero aquí adentro solo existe este sofá y vuestros cuerpos en llamas.

¡Puta madre, qué bueno mama! Me va a hacer correrme nomás con esto...

Marco te voltea boca abajo en el sofá, su peso delicioso presionándote contra los cojines suaves. Baja tu falda y calzones de un jalón, exponiendo tu culo redondo y tu panocha empapada. Sientes el aire fresco besando tus labios hinchados, y luego su aliento caliente ahí mismo. "Estás chorreando, mi reina. ¿Tanto te prendió la novela?" se burla, y antes de que contestes, su lengua se hunde en ti. Lamida tras lamida, saboreando tus jugos dulces y salados, chupando tu botón con maestría. Tus caderas se mueven solas, empujando contra su cara barbuda, el roce de su barba erizándote más. Gimes fuerte, el sonido ahogado por el almohadón, mientras la tele sigue con Pasión de Gavilanes cap 64 rugiendo en el fondo: ahora Óscar y Jimena enredados en las sábanas, sus cuerpos chocando con ritmo salvaje.

El placer sube como ola, tu vientre contrayéndose, pero él se detiene justo antes del clímax. ¡No mames, wey! ¿Por qué paras? protestas en tu mente, pero sabes que quiere más. Te gira de nuevo y se quita la playera, revelando su pecho tatuado con un águila mexicana, músculos definidos por las horas en el gym. Desabrocha su chamarra y pantalón, liberando su verga gruesa y venosa, la cabeza brillante de precum. La agarras, sintiendo su calor pulsante en tu mano, el olor almizclado de su excitación invadiéndote las fosas nasales.

"Chúpamela, nena. Como en la novela", pide, y tú te arrodillas entre sus piernas, el suelo alfombrado suave bajo tus rodillas. La tomas en la boca, saboreando la sal de su piel, lamiendo desde la base hasta la punta. Él gime, enredando los dedos en tu pelo, guiándote sin forzar. La chupas profundo, sintiendo cómo late contra tu garganta, tus saliva resbalando por el eje. Tus tetas rozan sus muslos, y tu mano libre se mete entre tus piernas para frotar tu clítoris hinchado.

La tensión es insoportable ahora, el segundo acto llegando a su pico. Marco te levanta como si no pesaras nada y te lleva al cuarto, tirándote en la cama king size con sábanas de algodón egipcio frescas. Se pone un condón con rapidez experta, y se hunde en ti de un solo empujón. ¡Ay cabrón, qué llena me deja! El estiramiento es perfecto, su verga golpeando justo en tu punto G. Empieza a bombear lento al principio, cada embestida profunda y controlada, sus bolas chocando contra tu culo con un plaf húmedo. El olor a sexo llena la habitación: sudor, jugos, piel caliente.

Aceleran el ritmo, tus uñas clavándose en su espalda ancha, dejando marcas rojas. Gimes su nombre, "¡Marco, más duro, pendejo!", y él obedece, follándote con fuerza animal, la cama crujiendo bajo ustedes. Sientes cada vena de su verga frotando tus paredes, el placer acumulándose como tormenta. Él baja la cabeza y muerde tu cuello suave, chupando para marcarte, mientras su mano pellizca tu clítoris. El orgasmo te arrasa primero, un estallido blanco que te hace convulsionar, gritando, tus jugos empapando las sábanas. Él sigue, gruñendo, hasta que se tensa y se corre dentro del condón, su verga palpitando con cada chorro.

Se derrumban juntos, jadeantes, sus cuerpos pegajosos de sudor enlazados. El zumbido del ventilador del techo mece el aire tibio, y el eco lejano de la tele aún transmite los últimos suspiros de Pasión de Gavilanes cap 64. Marco te besa la frente, su mano acariciando tu pelo revuelto. "Eres mi gavilana, mi pasión eterna", susurra, y tú sonríes, sintiendo el corazón lleno.

Esto es mejor que cualquier telenovela. Nuestra propia historia, ardiente y real.

Se quedan así un rato, piel con piel, el pulso calmándose poco a poco. Afuera, la ciudad late con sus luces neón, pero aquí dentro reina la paz del afterglow, esa conexión profunda que va más allá del cuerpo. Sabes que mañana será otro día chido, pero esta noche, inspirada en esos gavilanes, ha sido perfecta. Te acurrucas contra su pecho, inhalando su olor a hombre satisfecho, y cierras los ojos con una sonrisa.

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