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Capitulos de Pasion y Poder en la Piel

7684 palabras

Capitulos de Pasion y Poder en la Piel

Isabella se recargaba en el amplio ventanal de su penthouse en Polanco, con la Ciudad de México extendiéndose como un mar de luces titilantes bajo el cielo nocturno. El aroma del tequila reposado flotaba en el aire, mezclado con el perfume caro que siempre usaba, un toque de jazmín y vainilla que volvía locos a los hombres. Llevaba un vestido negro ceñido que acentuaba sus curvas generosas, el escote profundo revelando la piel morena y suave de su pecho. Era la reina de su imperio inmobiliario, una mujer de poder absoluto, pero esa noche sentía un vacío que solo un hombre podría llenar.

¿Cuántos capítulos de pasión y poder he vivido ya? pensó, mientras giraba el vaso en su mano. Su mente repasaba las conquistas: deals cerrados en salas de juntas, rivales humillados, amantes que venían y se iban. Pero ninguno como Diego, su mano derecha, el wey ambicioso que había subido de asistente a socio en menos de un año. Alto, moreno, con ojos cafés intensos y un cuerpo esculpido por horas en el gym de Las Lomas. Él la desafiaba, la hacía sentir viva, no solo poderosa.

La puerta se abrió con un clic suave, y ahí estaba él, vestido con un traje a la medida que le marcaba los hombros anchos. Traía una botella de Dom Pérignon en la mano, sonrisa pícara en los labios.

"Jefa, ¿lista para cerrar el trato más chido de tu vida?"
dijo con esa voz grave que le erizaba la piel.

Isabella se volvió, su corazón latiendo más rápido. Neta, este pendejo sabe cómo encenderme. Caminó hacia él con pasos felinos, el tacón de sus Louboutins resonando en el mármol pulido. Se detuvieron a centímetros, el calor de sus cuerpos chocando como una corriente eléctrica. Ella alzó la barbilla, mirándolo fijo.

"Muéstrame qué traes, Diego. Hazme sentir tu poder."

Él no esperó más. Sus manos grandes tomaron su cintura, atrayéndola contra su pecho firme. El olor de su colonia, madera y cítricos, la invadió, haciendo que su boca se secara. Sus labios se encontraron en un beso feroz, lenguas danzando con urgencia, saboreando el tequila en la boca del otro. Isabella gimió bajito, sintiendo cómo su verga se endurecía contra su vientre, gruesa y prometedora.

La tensión había empezado esa mañana en la oficina. Durante la junta, mientras discutían el nuevo desarrollo en Santa Fe, sus miradas se cruzaban cargadas de promesas. Él había rozado su pierna bajo la mesa, un toque accidental que no lo era, enviando chispas por su espina. Este cabrón me tiene en jaque, pensó ella entonces, fingiendo concentración en los números. Ahora, en la privacidad de su nido de lujo, el juego escalaba.

Diego la levantó sin esfuerzo, sus brazos como acero, y la llevó al sofá de piel italiana. La sentó en su regazo, el vestido subiéndose por sus muslos torneados. Sus manos exploraban, deslizándose por la seda hasta encontrar el encaje de su tanga.

"Estás empapada, jefa. ¿Tanto me extrañabas?"
murmuró contra su cuello, mordisqueando la piel sensible, dejando un rastro de calor húmedo.

Isabella jadeó, arqueando la espalda. El roce de sus dedos sobre su clítoris la hizo temblar, ondas de placer recorriéndola. Sí, así, no pares. Respondió empujando sus caderas contra él, sintiendo la fricción deliciosa. Le desabrochó la camisa con dedos ansiosos, revelando el pecho velludo y definido, oliendo a sudor masculino limpio. Sus uñas arañaron suave, marcando territorio.

Se pusieron de pie, un torbellino de ropa cayendo al suelo. El vestido de ella se deslizó como agua, quedando en brasier y tanga negra. Él se quitó el pantalón, su verga saltando libre, venosa y palpitante, la punta brillando de precúm. Isabella la tomó en mano, acariciándola lento, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave.

"Qué chingona está esta verga, Diego. Toda para mí."
Él gruñó, ojos oscureciéndose de deseo.

La llevó a la cama king size, sábanas de hilo egipcio crujiendo bajo su peso. Se tendieron lado a lado, explorando con besos lentos ahora, saboreando la anticipación. Sus pechos se aplastaban contra el torso de él, pezones endurecidos rozando el vello. Diego bajó la boca a uno, chupando con succión experta, lengua girando, mientras su mano masajeaba el otro. Isabella moaned alto, órale, qué rico, piernas abriéndose instintivamente.

Él descendió, besos mojados por el abdomen plano, deteniéndose en el ombligo para lamerlo, haciendo que ella riera entre gemidos. Llegó al monte de Venus, inhalando su aroma almizclado, femenino y embriagador.

"Hueles a pecado, mi reina."
Separó sus labios con los dedos, exponiendo el clítoris hinchado, y lo lamió plano, lento, saboreando su jugo dulce y salado. Isabella gritó, manos enredándose en su cabello negro, caderas buckeando contra su cara. La lengua entraba y salía de su coño, follándola oralmente, mientras dos dedos curvados frotaban su punto G.

Esto es poder puro, entregarme y dominarlo al mismo tiempo. El orgasmo la golpeó como un tsunami, cuerpo convulsionando, jugos inundando la boca de él. Diego lamió todo, prolongando el placer hasta que ella lo jaló arriba, desesperada por más.

Se puso a cuatro patas, ofreciéndose, nalgas redondas en alto. Él se posicionó atrás, verga rozando su entrada húmeda.

"Dime que la quieres, Isabella. Pídemela."
Ella miró por encima del hombro, ojos llameantes.
"Chíngame duro, wey. Hazme tuya."
Empujó adentro de un tirón, llenándola por completo, estirándola deliciosamente. El sonido de piel contra piel empezó, chapoteos húmedos mezclados con gruñidos y gemidos.

Cada embestida era un capítulo de pasión y poder: él la tomaba fuerte, manos en sus caderas, pulgares presionando la carne suave; ella empujaba hacia atrás, controlando el ritmo a ratos, clavándole las uñas en los muslos. Sudor perlaba sus cuerpos, goteando, el olor a sexo llenando la habitación, intenso y primal. Él la jaló por el cabello, arqueándola, besando su espalda mientras la follaba profundo, rozando su próstata... espera, su punto sensible interno.

Cambiaron posiciones, ella encima ahora, cabalgándolo como amazona. Sus tetas rebotaban con cada salto, él las amasaba, pellizcando pezones. Isabella giraba las caderas, moliendo su clítoris contra el pubis de él, persiguiendo el segundo clímax. Soy la dueña de esto, de él, de todo. Diego la ayudó, embistiendo desde abajo, verga hinchándose más.

El pico llegó juntos. Ella se tensó, coño contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo.

"¡Me vengo, carajo!"
gritó, olas de éxtasis sacudiéndola. Él rugió,
"¡Toma mi leche, jefa!"
chorros calientes inundándola, prolongando su placer. Colapsaron, jadeantes, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos.

En el afterglow, Diego la abrazó por detrás, besando su hombro. El skyline de la CDMX brillaba afuera, testigo silencioso. Isabella suspiró, satisfecha, sintiendo su verga suavizándose dentro de ella aún. Este capítulo de pasión y poder termina perfecto, pero sé que habrá más. Murmuró:

"Eres el único que me iguala, Diego. Mi socio en todo."

Él sonrió contra su piel.

"Y tú mi reina eterna. Mañana conquistamos el mundo... y la noche otra vez."
Se durmieron así, envueltos en sábanas revueltas, el aroma de su unión persistiendo, promesa de futuros capítulos ardientes.

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