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Diario de una Pasion Es una Historia Real

6547 palabras

Diario de una Pasion Es una Historia Real

Esto es mi diario de una pasion es una historia real, neta que sí, carnales. Lo escribo aquí en mi libreta vieja, con el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta de pueblo, porque lo que me pasó con él no se lo creo ni yo misma. Se llama Alex, un morro alto, moreno, con ojos que te clavan como tequila puro. Nos conocimos en una carnita asada en la casa de mi compa en Coyoacán, hace como tres semanas. Yo andaba de jeans ajustados y blusita escotada, sintiendo el calor del sol en la piel, oliendo a carbón y cebollita chamuscada. Él llegó con su sonrisa pícara, oliendo a loción barata pero rica, de esas que te hacen agua la boca.

Desde el primer vistazo, supe que iba a pasar algo chido. Me miró de arriba abajo, y yo le devolví la mirada con esa chispa que dice "ven pa'cá, pendejo". Hablamos de todo y nada: del tráfico en Insurgentes, de cómo el chilaquiles de la tiendita es lo mejor del mundo, de sueños locos. Su voz grave me erizaba la piel, como brisa nocturna en Polanco. Al final de la noche, me dio su número con un "Llámame, güey, no seas mala". Y yo, con el pulso acelerado, le mandé un mensajito esa misma noche: "Qué onda, ¿cuándo repetimos?".

Pasaron unos días de mensajes calientes, de esos que te mojan las bragas sin tocarte. "Quiero oler tu perfume mezclado con tu sudor", me escribió. Yo le contesté: "Ven y pruébalo, cabrón". Finalmente, quedamos en su depa en la Roma, un lugar chulo con plantas y luz tenue. Llegué con el corazón en la garganta, el olor a mi crema de vainilla flotando en el aire del Uber. Tocó la puerta y ahí estaba, en playera negra que marcaba sus músculos, jeans que dejaban poco a la imaginación.

¿Y si no soy lo que espera? ¿Y si esto es solo un rato y ya? Pero su mirada me dice que no, que esto va en serio, que mi cuerpo lo llama como imán.

Me jaló adentro con un beso que sabía a menta y deseo. Sus labios carnosos contra los míos, su lengua explorando mi boca como si fuera territorio nuevo. Sentí sus manos grandes en mi cintura, apretando suave, subiendo por mi espalda. Olía a hombre, a jabón fresco y algo salvaje. Nos fuimos al sillón, riendo entre besos, quitándonos la ropa como si quemara. Mi blusa voló, su playera también. Sus pechos duros contra los míos, piel morena contra mi piel canela. Gemí bajito cuando me mordió el cuello, un mordisco juguetón que mandó chispas directo a mi entrepierna.

Ahí empezó la tensión, carnal. No era solo cogida rápida, no. Era como si nos conociéramos de toda la vida. Me recargó en el sillón, besando mi clavícula, bajando lento a mis tetas. Sus labios chupando mis pezones, duros como piedras, lamiendo con esa lengua que prometía más. Yo arqueaba la espalda, oliendo su pelo, sintiendo el roce de su barba incipiente en mi piel sensible. "Qué rico, Alex, no pares", le susurré, mi voz ronca. Él gruñó, bajando más, besando mi ombligo, mis caderas. Sus dedos jugaban con el elástico de mis calzones, rozando mi monte de Venus, donde ya estaba empapada.

Me quitó todo, quedé desnuda ante él, vulnerable pero poderosa. Me miró con hambre, "Eres una chingonería, mami". Yo le desabroché los jeans, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor, las venas marcadas, el sabor salado cuando la lamí de abajo arriba. Él jadeó, agarrándome el pelo suave. Chupé como diosa, metiéndomela hasta la garganta, oyendo sus gemidos roncos que llenaban la habitación. El sonido húmedo de mi boca en él, el olor a sexo empezando a flotar, mezclado con su aroma masculino.

Esto es lo que necesitaba, esta pasión que me quema por dentro. No es solo placer, es conexión, es sentirme viva en cada roce.

La cosa escaló cuando me cargó al cuarto, su fuerza me hacía sentir ligera. Me tiró en la cama suave, sábanas frescas contra mi piel caliente. Se puso encima, su peso delicioso, su verga rozando mi clítoris hinchado. Nos frotamos como animales, sudando, besándonos feroz. "Te quiero adentro, ya", le rogué. Él sonrió pícaro, "Pide bonito, reina". Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Grité de placer, mis uñas en su espalda, sintiendo cada vena, cada pulso. Empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y metiendo profundo. El slap-slap de piel contra piel, mis jugos chorreando, su sudor goteando en mis tetas.

La intensidad subió como volcán. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como jinete en palenque. Sus manos en mis nalgas, guiándome, apretando. Rebotaba fuerte, mis tetas saltando, su verga golpeando mi punto G. "¡Sí, cabrón, así!", gritaba yo, perdida en el ritmo. Él se incorporó, chupándome las tetas mientras yo lo montaba. Olía a sexo puro, a vainilla mía mezclada con su almizcle. Sentía mi orgasmo construyéndose, como ola en Acapulco, el calor en mi vientre, mis muslos temblando.

Pero no solté todavía. Lo volteé, lo puse a cuatro, y le metí los dedos en el culo mientras lo chupaba de nuevo, juguetona. Él rugió, "Eres una loca rica". Volvimos a misionero, piernas en sus hombros, penetrándome profundo. Cada embestida mandaba ondas de placer, mi clítoris rozando su pubis. Sudábamos como en sauna, besos salados, gemidos mezclados. "Me vengo, Alex", avisé. Él aceleró, duro y rápido, y exploté. Mi coño contrayéndose alrededor de él, chorros de placer, grito ahogado. Él se vino segundos después, llenándome caliente, su semen goteando, su cuerpo temblando sobre el mío.

Nos quedamos así, jadeando, piel pegada, corazones latiendo al unísono. El cuarto olía a nosotros, a pasión consumada. Me besó la frente, "Eso fue neta, mi amor". Yo sonreí, acariciando su cara. Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo, pero suave, tierno. Saboreamos la paz, el afterglow que dura horas.

Esto no fue solo sexo, fue mi diario de una pasion es una historia real que cambiará todo. Quiero más noches así, más de él, más de esta fuego que no se apaga.

Ahora, sentada aquí con mi café de olla, escribo esto recordando cada detalle. Su risa, su olor, el sabor de su piel. Mañana lo veo de nuevo, y sé que repetiremos, porque esta pasión es real, carnal, mexicana hasta los huesos. ¿Quién dijo que el amor no empieza con un buen polvo?

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