Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Maquillaje para Noche de Pasión Maquillaje para Noche de Pasión

Maquillaje para Noche de Pasión

6479 palabras

Maquillaje para Noche de Pasión

Te paras frente al espejo del baño, con la luz suave del atardecer colándose por la ventana de tu depa en la Condesa. Tus dedos tiemblan un poquito mientras sacas el tubito de maquillaje para noche de pasión, ese que compraste en la tiendita de cosméticos de la colonia Roma, prometiendo labiales rojos como fuego y sombras que hacen que los ojos brillen con promesas de travesuras. Neta, hoy es la noche. Alejandro te mandó mensaje hace rato: "Llego en media hora, mi reina. Prepárate pa' lo que te va a caer". Sonreís, sintiendo ese cosquilleo en el estómago que sube hasta el pecho.

Aplicas la base primero, suave sobre tu piel morena, oliendo a vainilla y algo más, como jazmín que te envuelve. El espejo te devuelve una versión tuya más viva, más caliente. delineas tus ojos con el delineador negro, grueso en las puntas, pa' que parezcas una diosa azteca lista pa' el sacrificio, pero del bueno. El labial rojo intenso, mate, se desliza como una caricia pecaminosa sobre tus labios carnosos. Te chupas el dedo pa' probarlo: sabe a cereza madura, dulce y prohibida. Te miras de lado, ajustas el vestido negro ceñido que marca tus curvas, el escote dejando ver justo lo suficiente pa' que él pierda la cabeza.

¿Y si esta noche todo cambia? ¿Y si por fin nos soltamos como animales? Piensas, mientras el pulso te late en las sienes.

El timbre suena, y tu corazón da un brinco. Abres la puerta y ahí está Alejandro, con su camisa blanca arremangada, jeans ajustados que marcan todo lo que te gusta, y esa sonrisa pícara que te deshace. "¡Órale, mami! ¿Qué onda con ese maquillaje para noche de pasión? Te ves pa' comerte en un solo bocado", dice, entrando y cerrando la puerta con el pie. Su olor te golpea: colonia fresca con un toque de sudor del día, masculino, adictivo. Te jala por la cintura, sus manos grandes y callosas rozando tu piel expuesta. Sientes el calor de su cuerpo pegado al tuyo, su aliento en tu cuello.

"Espera, carnal, déjame terminar de arreglarme", murmuras, pero tu voz sale ronca, traicionándote. Él ríe bajito, ese sonido grave que vibra en tu pecho. "Nah, ya estás perfecta. Ven pa'cá". Te besa el cuello, suave al principio, labios calientes dejando un rastro húmedo que te eriza la piel. Sus manos suben por tu espalda, desabrochando el zipper del vestido con maestría. El aire fresco del depa roza tu espalda desnuda, contrastando con el fuego que él enciende.

Acto uno termina ahí, en el pasillo, con tu vestido cayendo al suelo como una promesa rota. Te quedas en lencería roja, a juego con el labial, y él te come con los ojos. "Neta, güey, ese maquillaje te hace ver como diosa del deseo", susurra, mientras te carga hasta el sillón de la sala. El cuero del sillón cruje bajo tu peso, fresco contra tus muslos calientes.

En el sillón, las cosas se ponen intensas. Sus besos bajan por tu clavícula, mordisqueando suave, enviando chispas por tu espina. Saboreas su piel salada cuando lo jalas por el pelo, guiándolo a tu pecho. Sus labios envuelven tu pezón, succionando con hambre, y un gemido se te escapa, ronco y profundo, rebotando en las paredes. "¡Ay, cabrón, sí!", jadeas, arqueando la espalda. Tus uñas se clavan en sus hombros, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa que ahora rasgas impaciente.

Él se quita la ropa rápido, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Te miras en el espejo de la pared frente al sillón: tu maquillaje intacto, labios rojos hinchados, ojos ahumados brillando con lujuria. Maquillaje para noche de pasión, piensas, neta que funciona, porque te sientes invencible, poderosa, lista pa' devorarlo. Lo empujas pa' atrás, montándote encima, frotando tu concha húmeda contra su longitud. El roce es eléctrico, resbaloso por tus jugos, oliendo a sexo puro, almizclado y dulce.

Esto es lo que necesitaba, soltarse, ser yo sin frenos. Su calor me quema, me llena.

Lo guías dentro de ti, centímetro a centímetro, gimiendo por la plenitud que te estira delicioso. "¡Chíngame, Alejandro, fuerte!", le ordenas, y él obedece, embistiéndote desde abajo con fuerza controlada. Tus caderas bailan al ritmo, piel contra piel chapoteando, sudor perlando vuestros cuerpos. El sonido de vuestras respiraciones agitadas llena el aire, mezclado con sus gruñidos guturales: "¡Estás tan rica, pinche reina!". Sientes cada vena de su verga rozando tus paredes, el glande golpeando ese punto que te hace ver estrellas.

La tensión sube como olla exprés. Cambian posiciones: te pone de rodillas en el sillón, entrando por atrás, sus bolas golpeando tu clítoris con cada estocada. Tus tetas rebotan, el maquillaje empezando a correr un poquito por el sudor, pero te ves más salvaje, más tuya. Sus manos aprietan tus caderas, dejando marcas rojas que mañana dolerán rico. "¡Más, pendejo, no pares!", gritas, y él acelera, el sofá moviéndose con el impacto.

El clímax se acerca. Sientes el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en tu vientre que se deshace en oleadas. "¡Me vengo, cabrón!", aúllas, y tu concha se contrae alrededor de él, ordeñándolo, jugos chorreando por tus muslos. Él ruge, embistiendo una última vez profunda, llenándote con su leche caliente, pulsando dentro de ti. Colapsan juntos, jadeantes, su peso sobre tu espalda un cobija perfecta.

Acto final, el afterglow. Se deslizan al piso, alfombra suave bajo vuestros cuerpos exhaustos. Él te besa la frente, limpiando con el pulgar un manchón de labial. "Ese maquillaje para noche de pasión fue lo máximo, pero tú... tú eres el verdadero fuego", murmura, voz ronca de placer. Te acurrucas en su pecho, escuchando su corazón galopando calmándose, oliendo a sexo y amor mezclado. El depa está en penumbras ahora, luces de la ciudad parpadeando afuera.

Esto no es solo sexo, es conexión, es nosotros soltándonos al fin. Mañana será otro día, pero esta noche... esta noche fue nuestra.

Ríen bajito, recordando cómo empezó todo con un mensaje tonto. Sus dedos trazan patrones en tu piel, enviando cosquillas perezosas. Saboreas el beso lento que comparten, salado y tierno. El maquillaje corrido te hace sentir viva, marcada por la pasión. Se levantan despacio, rumbo a la ducha, prometiendo más noches así. Porque neta, con él, cada día es una noche de pasión.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.