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Fotos Brad Pitt Leyendas de Pasión Desatan Mi Fuego

7438 palabras

Fotos Brad Pitt Leyendas de Pasión Desatan Mi Fuego

Estaba sola en mi depa de la Condesa esa noche de lluvia torrencial que azotaba las ventanas como si el cielo se hubiera enojado con el mundo. Yo, Ana, una morra de veintiocho pirulos que trabaja en una galería de arte, me acurruqué en el sofá con una cobija suave que olía a lavanda fresca. El trueno retumbaba afuera, haciendo vibrar el piso de madera, y el aroma del café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el olor terroso de la tierra mojada que se colaba por las rendijas.

Agarré mi laptop vieja, la que aún funciona chido para ver pelis clásicas, y empecé a buscar fotos Brad Pitt Leyendas de Pasión. Neta, desde chava he tenido un fetiche con ese wey. Esas imágenes del Brad joven, con el pelo largo y salvaje, el torso marcado bajo la camisa abierta, cabalgando por las montañas de Montana en Leyendas de Pasión. Mi pulso se aceleró solo de verlas. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando hasta mis muslos, donde el calor empezó a acumularse.

¿Por qué carajos me pongo así con unas simples fotos?
me dije, pero ya estaba perdida.

Recordé a Javier, mi ex que se parecía un chorro al Brad de esas épocas. Alto, ojos azules intensos, mandíbula cuadrada y ese aire de vaquero moderno que me volvía loca. Habíamos terminado hace meses por pendejadas, pero neta, lo extrañaba en la cama. Saqué mi cel y le mandé un mensajito: "Wey, ¿vienes? Llueve a cántaros y tengo ganas de platicar". Mentira, lo que tenía eran ganas de él, de su piel contra la mía.

Media hora después, la puerta sonó. Ahí estaba Javier, empapado, con la camiseta pegada al pecho mostrando cada músculo. Olía a lluvia y a su colonia amaderada que siempre me hacía agua la boca. "Ana, ¿qué onda? ¿Todo bien?" dijo con esa voz grave que me erizaba la piel. Lo jalé adentro, cerré la puerta y lo besé sin chistar, mis labios hambrientos contra los suyos, saboreando el agua de lluvia salada en su boca.

Acto 1 fin, el deseo ya ardía.

Nos movimos al sofá, sus manos grandes recorriendo mi espalda bajo la blusa holgada. "Muéstrame qué te traes entre manos, morra" murmuró, mientras yo le enseñaba la pantalla con las fotos Brad Pitt Leyendas de Pasión. "Mira esto, wey. Siempre me han puesto caliente estas imágenes. Tú te pareces tanto..." Él rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho. "Entonces hagamos nuestra propia leyenda de pasión" respondió, quitándome la blusa con lentitud, sus dedos ásperos rozando mis pezones que ya estaban duros como piedras.

Me recargué en el respaldo, sintiendo el cuero frío contra mi piel desnuda de la cintura para arriba. Javier se arrodilló frente a mí, besando mi ombligo, bajando despacio. El sonido de la lluvia era como un tambor lejano, marcando el ritmo de mi respiración agitada. Olía a su excitación, ese musk masculino mezclado con mi aroma dulce de mujer lista.

¡Neta, este pendejo sabe cómo volverme loca!
pensé, mientras sus labios rozaban el borde de mis panties de encaje.

Le pedí que se quitara la ropa. Se paró, y juro que era Brad Pitt en carne y hueso saliendo de esas fotos. Su pecho ancho, velludo justo lo necesario, pantalones ajustados marcando el bulto que me hacía salivar. Lo jalé hacia mí, mis uñas clavándose en su espalda mientras lo besaba con furia. Nuestras lenguas bailaban, saboreando el deseo acumulado. Sus manos amasaban mis nalgas, apretando con fuerza que dolía rico, enviando chispas de placer directo a mi centro.

La tensión crecía como la tormenta afuera. Yo lo empujé al piso, montándome encima, frotándome contra su dureza a través de la tela. "Sácatelo, Javier, neta lo necesito" gemí, mi voz ronca y suplicante. Él obedeció, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor vivo, el pulso acelerado bajo mi palma. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, mientras él gruñía "¡Ay, cabrona, qué chido!"

Pero no quería acabar ahí. Lo monté despacio, guiándolo dentro de mí. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome por completo. El roce era eléctrico, mi humedad facilitando el camino. Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cómo me rozaba justo en el punto que me hacía ver estrellas. Sus manos en mis caderas, guiándome, el sudor perlando su frente, goteando hasta su pecho. Olía a sexo puro, a piel caliente y pasión desbocada.

El medio acto escalaba, la intensidad subía como fiebre.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome con fuerza controlada. Cada thrust era un trueno en mi cuerpo, el slap de piel contra piel compitiendo con la lluvia. "Más fuerte, pendejo, dame todo" le exigí, mis piernas envolviéndolo, talones clavados en su culo firme. Él obedecía, mordisqueando mi cuello, dejando marcas que mañana dolerían delicioso. Mis tetas rebotaban con cada movimiento, sus manos pellizcándolas, tirando de los pezones hasta que grité de placer mezclado con un poquito de dolor.

Internamente luchaba:

Esto es demasiado bueno, pero ¿y si después duele el corazón otra vez?
Pero el cuerpo no mentía. Mi clítoris hinchado rozaba su pubis, acumulando olas de placer. Sudábamos juntos, el aire espeso con nuestro olor, el sofá crujiendo bajo nosotros. Me volteó de lado, entrando por detrás, su mano bajando a frotarme el botón mientras me penetraba profundo. Sentía su aliento caliente en mi oreja: "Estás tan mojada, Ana, tan rica". Gemí su nombre, arqueándome, el orgasmo construyéndose como una ola gigante.

Lo volteamos todo: misionero, vaquera inversa, de perrito contra la ventana donde la lluvia nos salpicaba. Cada cambio era una pequeña resolución, un pico de placer antes del siguiente. Javier era incansable, su stamina de vaquero sacando lo mejor de mí. "Córrete conmigo, morra" jadeó, acelerando. Yo exploté primero, mi coño contrayéndose alrededor de él en espasmos violentos, un grito ahogado escapando de mi garganta. Él me siguió segundos después, llenándome con chorros calientes que sentí palpitar dentro.

El clímax llegó, liberando todo.

Colapsamos en el piso, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de sudor y fluidos. La lluvia amainaba, dejando un goteo suave en el tejado. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón que aún latía como tambor. Olía a nosotros, a sexo satisfecho, a paz después de la tormenta. "Neta, esas fotos Brad Pitt Leyendas de Pasión siempre me han inspirado" susurré, acariciando su pelo húmedo. Él levantó la vista, ojos brillando: "Pues hagamos más leyendas juntos, ¿no?"

Nos levantamos despacio, piernas temblorosas, y fuimos a la ducha. El agua caliente caía sobre nosotros, lavando el sudor pero no el recuerdo. Nos enjabonamos mutuamente, risas mezcladas con besos suaves, sus dedos explorando de nuevo pero sin prisa. Salimos envueltos en toallas, pedimos unos tacos de la esquina –carne asada bien jugosa– y comimos en la cama, hablando de todo y nada.

Después, acurrucados, vi las fotos una vez más en mi mente: Brad Pitt cabalgando libre. Pero ahora Javier era mi leyenda personal.

Esto no es solo sexo, es conexión, wey
pensé, mientras el sueño nos vencía. Mañana sería otro día, pero esta noche, la pasión había ganado.

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