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Gif de Pasión Prohibida

5866 palabras

Gif de Pasión Prohibida

Estaba sola en mi depa de Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el calor de la noche colándose por las rendijas. Scrolleaba el Insta sin ganas, hasta que ¡pum! me topé con ese gif de pasión prohibida. Era una animación corta, hipnótica: una chava y un vato enredados en un beso que ardía, las manos explorando bajo la ropa, los cuerpos pegándose como si no hubiera mañana. El título parpadeaba: gif de pasión prohibida. Neta, me prendió el foco. Sentí un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo por el estómago. ¿Por qué prohibida? Eso lo hacía mil veces más chido.

Mi mente voló directo a Diego, el vecino del depa de al lado. Wey alto, moreno, con esos ojos cafés que te desnudan sin piedad. Era el carnal de mi mejor amiga Lupe, por eso siempre lo había visto como territorio vedado. Pero órale, ¿y si? Me imaginé sus manos en mi cintura, su aliento en mi cuello. Me recargué en el sofá, la mano bajando sola por mi panza, rozando el encaje de mis calzones.

¿Qué pedo, Sofía? No seas pendeja, es el cuate de Lupe
, me dije, pero el gif seguía loop en mi cabeza, avivando el fuego.

Al día siguiente, en el gym del edificio, lo vi. Sudado, levantando pesas, los músculos de los brazos hinchándose con cada rep. Olía a hombre, a sudor fresco mezclado con su colonia terrosa, esa que me volvía loca cada vez que pasaba por el pasillo. Me puse en la elíptica a su lado, fingiendo casualidad.

—Qué onda, Sofi. ¿Ya te cansaste de verte tan rica sin esfuerzo? me soltó con esa sonrisa pícara, los ojos clavados en mis leggings ajustados.

Me reí, sintiendo el pulso acelerarse. —Neta, Diego, tú sí que sabes halagar. ¿Y tú qué, ya te rompiste un brazo con esas pesas?

Charlamos mientras sudábamos, el ruido de las máquinas de fondo, el espejo reflejando nuestros cuerpos. Cada mirada era un roce invisible, cada risa un pulso en mi entrepierna. Recordé el gif, esa pasión que no se contenía, y me pregunté si él sentiría lo mismo. Cuando terminamos, me ofreció agua de su botella. Nuestros dedos se tocaron, eléctricos. Chingado, el calor era real.

Esa noche, Lupe me invitó a una peda en su casa, que casualmente era el depa de Diego también, porque vivían juntos como hermanos. Llegué con un vestido negro ceñido, el corazón latiéndome como tambor. La música ranchera moderna retumbaba, chelas frías en mano. Diego estaba ahí, con camisa desabotonada mostrando el pecho velludo, riendo con los cuates.

Contrólate, pendeja. Es prohibido
, pensé, pero mis ojos lo buscaban. Bailamos un rato, cuerpos rozándose en la pista improvisada. Su mano en mi cadera, guiándome. —Sofi, me traes loco desde hace rato. Neta, no aguanto verte así, me susurró al oído, su aliento caliente con sabor a tequila.

El mundo se achicó. —Yo igual, wey. Pero Lupe...

—A la chingada Lupe por un rato. Esto es entre tú y yo. Me jaló al pasillo, a su cuarto. La puerta se cerró con clic suave, el bass de la música vibrando a través de las paredes.

Nos miramos, el aire cargado de electricidad. Sus manos en mi cara, thumbs rozando mis labios. Lo besé primero, hambrienta, probando el tequila en su lengua, salado y dulce. ¡Simón! Sus brazos me envolvieron, fuerte pero tierno, levantándome contra la pared. Sentí su verga dura presionando mi monte, prometiendo lo que venía.

Me bajó el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios bajaron, chupando un pezón, la lengua girando, enviando chispas directo a mi clítoris. Gemí bajito, —Ay, Diego, chíngame ya. Olía a su sudor, a mi arousal mojando los calzones. Manos everywhere: las mías en su pelo, tirando; las suyas desabrochando mi brasier, bajando mis panties.

Caímos en la cama, colchón hundiéndose bajo nosotros. Le quité la camisa, lamiendo su pecho, saboreando la sal de su piel. Bajé al cinturón, lo abrí con dientes, liberando su pito grueso, venoso, palpitando. Lo tomé en la boca, succionando lento, oyendo sus gruñidos roncos. —Cabróna, qué rico, jadeó, caderas moviéndose.

Me volteó, boca en mi coño, lengua lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris como experto. Sentí el orgasmo building, mis muslos temblando alrededor de su cabeza. —No pares, wey, me vengo. Explosé, jugos en su cara, cuerpo arqueándose.

Ahora él encima, condón puesto rápido –siempre responsable, el cabrón–. Entró despacio, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. —Estás tan mojada, Sofi. Para ti. Empezó a bombear, lento primero, piel contra piel chapoteando, tetas rebotando. Aceleró, mis uñas en su espalda, dejando marcas. El cuarto olía a sexo, a nosotros, sudor perlando nuestros cuerpos.

Cambié de posición, cowgirl, montándolo como reina. Sus manos en mis caderas, guiándome. Miré sus ojos, perdidos en placer. —Eres mía esta noche, prohibida o no. Reboté más fuerte, clítoris rozando su pubis, segundo orgasmo rompiéndome, gritando su nombre.

Se vino después, gruñendo, cuerpo tenso, llenando el condón. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa. Su brazo alrededor de mí, besos suaves en la frente.

Minutos después, riendo bajito, sacó su cel. —Oye, ¿y si hacemos nuestro propio gif de pasión prohibida? Grabamos uno corto: beso lento, manos explorando, loop eterno de nuestro secreto. Lo vi jugar, y el calor volvió, pero esta vez con ternura.

¿Prohibida? Ya valió. Esto es nuestro
.

Nos quedamos así hasta el amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, prometiendo más. Lupe nunca se enteró, o al menos no aún. Pero neta, valió cada segundo de esa pasión que no se pudo contener.

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