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La Pasión de Cristo 2004 Película Completa en Carne Propia

7028 palabras

La Pasión de Cristo 2004 Película Completa en Carne Propia

Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el cuerpo al colchón como si el aire mismo quisiera abrazarte. Yo, Ana, acababa de llegar del trabajo, con el sostén marcado bajo la blusa delgadita por el sudor del metro. Mi carnal, no, mi hombre, Javier, ya estaba tirado en la cama del cuartito que rentábamos en la Narvarte, con la laptop abierta y una chela fría en la mano. "Mira, nena, encontré la pasión de cristo 2004 pelicula completa en un sitio pirata, pa ver de una. ¿Te late?"

Me reí bajito, quitándome los tennis con un suspiro. Javier siempre con sus descubrimientos raros, pero esa película tenía algo que nos intrigaba a los dos. No éramos devotos ni nada, pero la intensidad de esas escenas, el sufrimiento mezclado con esa entrega total... uf, siempre nos ponía a pensar en cosas más carnales. Me acerqué, oliendo su colonia barata mezclada con el aroma de la pizza que habíamos pedido antes. Me senté a su lado, mis muslos rozando los suyos, y asentí. "Ponla, cabrón, a ver si nos da pa algo chido esta noche."

La pantalla se iluminó con las primeras imágenes, el desierto árido, la voz ronca de Jesús narrando su agonía. Javier pasó el brazo por mis hombros, su mano grande bajando despacito hasta mi cintura. Sentí el calor de su palma a través de la tela, y mi piel se erizó como si el viento del desierto de la película nos hubiera alcanzado. Yo me recargué en él, mi cabeza en su pecho, escuchando el latido fuerte de su corazón que retumbaba con los latigazos que empezaban a sonar en los parlantes chafas de la laptop.

¿Por qué esta película siempre me prende tanto? Es el dolor, la pasión desbordada, esa entrega absoluta. Javier lo sabe, por eso la pone cuando quiere encender la mecha.

Acto uno apenas arrancaba y ya mi cuerpo respondía. Mis pezones se endurecieron contra el brasier, y crucé las piernas pa disimular el cosquilleo que subía desde mi entrepierna. Javier notó, el muy pendejo pícaro, y su mano se coló bajo mi blusa, acariciando mi vientre suave, bajando hasta el botón del pantalón. "¿Ya te está dando calor, Ana?" murmuró en mi oído, su aliento caliente oliendo a chela y a deseo. Asentí, mordiéndome el labio mientras en la pantalla Cristo caía bajo los golpes.

Apagué la luz del cuarto con el control, dejando solo el resplandor azulado de la pantalla iluminando nuestras caras. El sonido de los látigos chasqueando se mezclaba con mi respiración agitada. Javier me besó el cuello, lento, saboreando mi sal del sudor con la lengua. Su boca sabe a cerveza y a promesas sucias. Me volteé hacia él, nuestras bocas chocando en un beso hambriento, lenguas enredándose como si quisiéramos devorarnos. Sus manos expertas desabrocharon mi blusa, liberando mis tetas que saltaron libres, pesadas y ansiosas.

La película seguía: ahora era la traición en el huerto, Judas besando a Jesús. Javier imitó eso, besándome traicioneramente suave en la boca mientras sus dedos se metían en mi calzón, rozando mi clítoris hinchado. "Estás empapada, mamacita." Gimió contra mi piel. Yo arqueé la espalda, gimiendo bajito, el sonido ahogado por los gritos de la multitud en la peli. Mi mano bajó a su entrepierna, sintiendo su verga dura como piedra bajo el bóxer, palpitando contra mi palma. La apreté, y él gruñó, un sonido animal que me hizo mojarme más.

Nos quitamos la ropa a manotazos, piel contra piel por fin. Su cuerpo moreno y musculoso de tanto gym casero presionado contra el mío, suave y curvilíneo. Olía a hombre, a sudor fresco y a esa loción de pino que tanto me gustaba. En la pantalla, los soldados azotaban a Cristo, y Javier me volteó boca abajo, besando mi espalda como si quisiera marcarme. Quiero que me azote así de fuerte, pero con placer, no dolor. Le pedí con la mirada, y él entendió. Su mano cayó suave en mi nalga, un cachetón juguetón que resonó en el cuarto, haciendo que mis nalgas temblaran y mi panocha se contrajera de antojo.

Acto dos: la escalada. Javier me abrió las piernas, su boca bajando por mi vientre, lamiendo el ombligo, hasta llegar a mi monte de Venus depilado. "Déjame comerte como se come el pan en la última cena." Bromeó con voz ronca, y hundió la lengua en mi raja húmeda. ¡Ay, Dios! El placer fue eléctrico, su lengua girando en mi clítoris, chupando mis labios hinchados, probando mi miel salada y dulce. Gemí fuerte, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda que raspaba delicioso. La película gritaba con los clavos en la cruz, y yo gritaba con su dedo metiéndose en mí, curvándose pa tocar ese punto que me volvía loca.

Me volteó de nuevo, poniéndome a gatas. Su verga, gruesa y venosa, rozó mi entrada, untándose con mis jugos. Entra ya, cabrón, no me hagas rogar. Empujó despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena pulsando dentro, estirándome, poseyéndome. Empezó a bombear, lento al principio, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El cuarto olía a sexo puro: mi aroma almizclado, su sudor salado, el leve olor a chela derramada.

Nos movíamos al ritmo de la película. Cuando Cristo cargaba la cruz, Javier me cargó a mí, poniéndome contra la pared, follando duro mientras mis tetas rebotaban contra su pecho. "Eres mi Cristo, mi pasión." Jadeé, clavando uñas en su espalda. Él aceleró, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas, nuestros gemidos mezclándose con la banda sonora épica. Sudábamos como en el desierto, pieles resbalosas, bocas secas pidiendo más besos.

Yo lo empujé a la cama, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas guiándome, mi clítoris frotándose contra su pubis peludo. Cabalgaba fuerte, mis tetas bailando, el placer subiendo como una ola imparable. En la pantalla, la crucifixión llegaba al clímax, Jesús gritando "¡Está consumado!" y yo grité lo mismo cuando el orgasmo me partió en dos. Mi panocha se contrajo alrededor de su verga, ordeñándola, jugos chorreando por sus bolas. Javier rugió, llenándome con su leche caliente, chorros y chorros que me hicieron correrme de nuevo, temblando encima de él.

Acto tres: el afterglow. Nos quedamos pegados, jadeando, la película terminando sola en loop. Su semen goteaba de mí, mezclándose con mi sudor en las sábanas revueltas. Javier me acarició el pelo, besándome la frente. "La pasión de cristo 2004 pelicula completa nunca fue tan buena, ¿verdad, nena?" Reí, exhausta, mi cuerpo pesado de placer. Esto es nuestra comunión, nuestra eucaristía carnal.

Nos acurrucamos, el cuarto en penumbras, solo el zumbido del ventilador y nuestros suspiros. Mañana sería otro día de pinche rutina, pero esta noche, revivimos la pasión en carne propia. Y qué chido que la laptop seguía ahí, lista pa otra ronda cuando quisiéramos.

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