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Canal Pasiones en Sky Despierta Deseos

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Era una noche de esas que te hacen querer acurrucarte en el sofá con tu carnal, el aire fresco de la ciudad colándose por la ventana entreabierta de mi depa en Polanco. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, con el cuerpo pidiendo a gritos un masaje y algo que me sacara del pedo del tráfico. Raúl, mi morro, ya estaba ahí, con una chela en la mano y el control remoto del Sky bailando entre sus dedos. Órale, qué chido verte, me dijo con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Le di un beso rápido, saboreando el toque salado de sus labios, y me dejé caer a su lado, mis tetas rozando su brazo mientras me acomodaba.

Él prendió el tele, zapeando canales como si buscara oro. De repente, se detuvo en uno que no conocía. Canal Pasiones en Sky, decía el logo con letras rojas ardientes sobre un fondo negro como la noche. ¿Qué vergas es esto? pregunté riendo, pero ya el corazón me latía más rápido. En la pantalla, una morra despampanante con curvas que no acababan, se retorcía en una cama de sábanas de satén, sus gemidos suaves llenando la sala como un susurro prohibido. El wey que la tocaba era puro músculo, sus manos grandes explorando cada centímetro de su piel morena, brillante de sudor. Olía a jazmín en el aire del tele, o al menos eso me imaginé, porque mi nariz captó el aroma de Raúl, ese mezclado de colonia barata y hombre que me pone loca.

¿Por qué carajos me excita tanto ver esto? Neta, es como si me estuvieran hablando directo al alma, despertando ese fuego que traigo guardado.
Me recargué en su hombro, sintiendo el calor de su cuerpo filtrarse por mi blusa delgada. Él no dijo nada, solo subió el volumen, y los jadeos se hicieron más intensos, como olas rompiendo en la playa de Acapulco. La morra en pantalla arqueaba la espalda, sus pezones duros como piedras preciosas, mientras el tipo le lamía el cuello con una lentitud que me hizo apretar los muslos.

Raúl me miró de reojo, sus ojos oscuros brillando con picardía. ¿Te late? murmuró, su aliento cálido en mi oreja. Asentí, mordiéndome el labio, el pulso acelerado en mi garganta. Su mano se posó en mi muslo, subiendo despacito por mi falda, rozando la piel suave que ya empezaba a erizarse. El Canal Pasiones en Sky seguía su magia, ahora mostrando besos profundos, lenguas entrelazadas, el sonido húmedo de bocas devorándose. Yo sentía un cosquilleo en el estómago, bajando hasta mi entrepierna, donde la humedad empezaba a traicionarme.

Acto primero cerrado, pensé, mientras el deseo se enredaba en mi pecho como hiedra salvaje. No era solo el tele; era él, su olor a tierra mojada después de la lluvia, su voz ronca que me decía eres mi reina. Me giré hacia él, mis dedos temblando al desabotonar su camisa, revelando el pecho velludo que tanto me gustaba lamer. Él gruñó bajito, un sonido animal que vibró en mi clítoris, y me jaló hacia su regazo. Nuestras bocas se encontraron en un beso feroz, dientes chocando, lenguas bailando como en esas fiestas de pueblo donde todos se sueltan.

El medio tiempo empezó con la ropa volando. Mi blusa cayó al piso con un plop suave, mis tetas libres al aire, pezones erectos pidiendo atención. Raúl las tomó en sus manos callosas, masajeándolas con esa rudeza que me encanta, pellizcando justo lo suficiente para que un rayo de placer me recorriera la espina. Qué ricas estás, pendeja, susurró contra mi piel, y yo reí, arqueándome para que chupara más fuerte. El sabor de su saliva en mis pechos era salado, adictivo, mientras el Canal Pasiones en Sky gemía de fondo, sincronizado con mis propios ahogos.

Esto es lo que necesitaba, neta. Dejarme llevar, sentir su verga dura presionando contra mi culo, prometiendo más.
Bajé la mano, desabrochando su jeans con urgencia, liberando esa polla gruesa que conozco tan bien. La palpé, caliente como hierro forjado, latiendo en mi palma. Él jadeó, empujando las caderas, y yo la acaricié despacio, sintiendo cada vena, el prepucio suave deslizándose. El olor a sexo empezaba a impregnar la sala, mezclado con el perfume de mi crema corporal de vainilla. Lo masturbé con ritmo, viéndolo cerrar los ojos, su boca entreabierta soltando ay, cabrona, no pares.

Pero yo quería más. Me puse de pie, quitándome la falda y las calacas de un tirón, quedando en pelotas frente a él. Mi coño depilado brillaba de jugos, hinchado de necesidad. Lo empujé al sofá y me subí a horcajadas, frotándome contra su verga, lubricándola con mi humedad. El roce era eléctrico, piel contra piel resbalosa, el sonido chapoteante como lluvia en el asfalto. Él agarró mis nalgas, amasándolas fuerte, sus uñas clavándose lo justo para doler rico. Métetela ya, le rogué, y él obedeció, guiándola a mi entrada con un movimiento fluido.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada pulgada llenándome, el glande rozando mis paredes internas, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras empezaba a cabalgarlo. Arriba y abajo, mis tetas botando, sudor perlando mi frente. Él empujaba desde abajo, profundo, sus bolas chocando contra mi culo con plaf plaf rítmicos. El Canal Pasiones en Sky había pasado a una escena de tres, pero ya no lo veíamos; éramos nosotros los protagonistas, perdidos en el frenesí.

La intensidad subía como la marea en Veracruz. Cambiamos de posición: él me puso a cuatro patas en el sofá, mi cara contra las almohadas que olían a nosotros. Entró de nuevo, más rudo, sus caderas golpeando mis nalgas con fuerza, el zap zap llenando el aire. Agarró mi pelo, jalándolo suave para arquearme, y metió un dedo en mi culo, lubricado con mis propios jugos. ¿Te gusta, mi amor? gruñó, y yo grité sí, pendejo, más. El doble placer me volvía loca, mi clítoris palpitando, rogando. Él lo frotó con la otra mano, círculos rápidos, y sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mi vientre.

No puedo más, va a explotar todo. Su verga hinchada dentro, su dedo juguetón, su aliento en mi nuca... soy pura lava.
Aceleró, follándome como animal, sus gemidos roncos mezclándose con los míos. El clímax me golpeó primero, un estallido de luz blanca detrás de mis ojos cerrados, mi coño contrayéndose alrededor de él en espasmos, chorros de placer escapando. Él se vino segundos después, rugiendo mi nombre, su leche caliente inundándome, goteando por mis muslos. Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor, corazones tronando como tambores de mariachi.

El final fue puro paraíso. Nos quedamos abrazados, el Canal Pasiones en Sky olvidado en mute, solo el sonido de nuestra respiración calmándose. Él me besó la frente, suave, te amo, reina, y yo sonreí, sintiendo su semen secándose en mi piel, un recordatorio cálido. Afuera, la lluvia arreció, lavando la ciudad, pero adentro todo era paz y satisfacción. Me acurruqué en su pecho, oliendo su esencia, sabiendo que noches como esta son las que hacen la vida chida. El deseo no se apagó del todo; quedó un hormigueo, promesa de más rondas. ¿Otra chela? propuso él, y reímos, listos para lo que viniera.

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