Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasión y Poder Capítulo 140 Pasión y Poder Capítulo 140

Pasión y Poder Capítulo 140

7240 palabras

Pasión y Poder Capítulo 140

Daniela caminaba por los pasillos relucientes del rascacielos en Polanco, el corazón latiéndole con la adrenalina de la junta directiva que acababa de ganar. Qué chido ser la jefa, pensó, mientras sus tacones Louboutin resonaban como un tambor de victoria. El aroma a café recién molido y perfume caro flotaba en el aire, mezclado con el leve olor a cuero de los asientos ejecutivos. Había aplastado a esos pendejos de la competencia con una sola mirada y un contrato impecable. Pero ahora, en el ascensor privado hacia su penthouse, la tensión no era de negocios. Era pasión y poder, el Capítulo 140 de su saga secreta con Alejandro.

Él la esperaba en la puerta, con esa sonrisa de lobo que la hacía derretirse por dentro. Alto, moreno, con ojos negros que prometían tormentas. Vestía una camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro en su pecho, y pantalones que marcaban su figura atlética. Neta, este wey me tiene loca, se dijo Daniela, sintiendo un cosquilleo entre las piernas al oler su colonia amaderada, esa que siempre le recordaba noches de tequila y sudor.

Mamacita, murmuró él, atrayéndola con un brazo fuerte alrededor de su cintura. Sus labios rozaron su oreja, enviando escalofríos por su espina. Daniela inhaló profundo, el calor de su aliento como fuego en su piel sensible.

—No tan rápido, carnal —replicó ella, empujándolo juguetona contra la pared de mármol fresco—. Hoy mando yo. Gané la batalla allá abajo, y aquí arriba también.

La puerta se cerró con un clic suave, sellando su mundo privado. El penthouse era un oasis de lujo: ventanales del piso al techo con vista a las luces de la Ciudad de México, sofás de terciopelo rojo y una cama king size esperándolos. Daniela lo besó con hambre, sus lenguas danzando en un duelo húmedo y caliente. Saboreó el leve dulzor de su boca, mezclado con el whisky que había bebido mientras la esperaba. Sus manos expertas desabotonaron su blusa de seda, revelando encaje negro que abrazaba sus pechos llenos.

Esto es pasión y poder, Capítulo 140, pensó ella, recordando cómo habían empezado esto hace años, en una fiesta de la alta sociedad, donde el roce accidental se convirtió en fuego incontrolable. Cada encuentro era un capítulo nuevo, y este prometía ser épico.

La llevó al sofá, pero Daniela lo detuvo. —Quítate todo, pendejo —ordenó, su voz ronca de deseo. Él obedeció, lento, provocador, dejando caer la camisa al suelo. Su piel bronceada brillaba bajo la luz tenue, músculos tensos como cuerdas de guitarra. Cuando se bajó los pantalones, su verga erecta saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con anticipación. Daniela se lamió los labios, oliendo ya el almizcle masculino que la volvía loca.

Se arrodilló frente a él, pero no para someterse. Sus uñas rojas arañaron sus muslos, subiendo hasta acariciar sus bolas pesadas. —Qué rica verga tienes, wey —susurró, antes de lamer la punta, saboreando la gota salada de precum. Alejandro gimió, un sonido gutural que vibró en el aire cargado. Ella lo tomó en su boca, chupando con maestría, la lengua girando alrededor del glande mientras sus manos masajeaban la base. El sonido húmedo de succión llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos.

Pero Daniela no era de las que se queda atrás. Se levantó, quitándose la falda con un movimiento fluido, quedando en tanga y ligas. Sus curvas perfectas, moldeadas por horas en el gym, lo hipnotizaron. —Ahora tú —dijo, sentándose en el sofá y abriendo las piernas. Alejandro se hincó, besando su interior de muslos, inhalando el aroma dulce y almizclado de su excitación. Sus dedos apartaron la tela, revelando su panocha depilada, labios hinchados y húmedos.

Siento su aliento caliente tan cerca... Dios, qué rico
, pensó ella, mientras la lengua de él lamía su clítoris con precisión. Un gemido escapó de su garganta, agudo y desesperado. Él succionaba, metía la lengua adentro, saboreándola como si fuera el mejor tequila añejo. Sus dedos entraron, curvándose para tocar ese punto que la hacía arquear la espalda. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, suspiros entrecortados, el latido de su pulso en los oídos.

La tensión crecía como una tormenta. Daniela lo jaló del pelo, poniéndolo de pie. —Cógeme ya, no mames —exigió, volteándose para apoyarse en el sofá, culo en pompa. Él se posicionó detrás, la punta de su verga rozando su entrada resbaladiza. Empujó lento al principio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Tan llena, tan jodidamente perfecta, pensó ella, sintiendo cada vena, cada pulso contra sus paredes internas.

Alejandro agarró sus caderas, embistiendo más fuerte. El slap-slap de piel contra piel resonaba, acompañado de sus gruñidos animales. Daniela empujaba hacia atrás, cabalgando su polla con maestría, el sudor perlando sus cuerpos. El olor a sexo impregnaba el aire: salado, dulce, primal. Sus pechos rebotaban con cada thrust, pezones duros rozando el terciopelo.

—Más duro, cabrón —jadeó ella, y él obedeció, una mano subiendo a jalar su cabello negro largo, la otra pellizcando su clítoris. El placer era eléctrico, ondas desde su centro irradiando por todo su cuerpo. Esto es poder, neta. Yo decido cuándo vengo. Pero la lucha interna la carcomía: ¿dominadora o sumisa? En este Capítulo 140 de pasión y poder, quería ambos.

Lo empujó al suelo, montándolo a ella. Sus rodillas en la alfombra mullida, se hundió en él hasta el fondo, gimiendo al sentirlo golpear su cervix. Cabalgaba como amazona, caderas girando, pechos saltando. Alejandro lamía sus pezones, mordisqueando suave, el dolor placentero mezclándose con el éxtasis. Sus manos amasaban su culo firme, dedos rozando su ano en promesa futura.

El clímax se acercaba, inexorable. Daniela aceleró, el sonido de su panocha chorreando sobre su verga era hipnótico. —Me vengo, wey... ¡ahí viene! —gritó, su cuerpo convulsionando, paredes internas apretándolo como vicio. El orgasmo la atravesó como rayo, visión borrosa, oídos zumbando, gusto metálico en la boca. Alejandro la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras llenaba su interior con chorros calientes, pulsos interminables.

Colapsaron juntos, sudorosos, jadeantes. El aire olía a ellos, a sexo crudo y satisfecho. Daniela se acurrucó en su pecho, escuchando el galope de su corazón calmarse. Sus dedos trazaban patrones perezosos en su piel salada.

Qué chingón fue este capítulo —murmuró él, besando su frente.

—Sí, Pasión y Poder Capítulo 140. Pero espera al 141 —respondió ella con picardía, sabiendo que su imperio, tanto en negocios como en la cama, apenas empezaba.

En la quietud, con las luces de la ciudad parpadeando afuera, Daniela sintió una paz profunda. No era solo sexo; era conexión, empoderamiento mutuo. Mañana volvería a ser la reina implacable, pero esta noche, en sus brazos, era libre. El afterglow los envolvía como una manta cálida, prometiendo más batallas, más placeres, más poder compartido.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.