Cancion del Diario de una Pasion
Querido diario, hoy te bautizo como Cancion del Diario de una Pasion. Porque cada letra que escribo aquí es como una rola que sale del fondo de mi alma, cargada de ese fuego que me quema por dentro cuando pienso en él. Me llamo Ana, tengo veintiocho pirulos y vivo en un depa chulo en la Condesa, con vista al Parque México. No soy de esas que se la pasan de santa, neta. Pero desde que conocí a Luis, todo cambió. Él es ese tipo alto, moreno, con ojos que te clavan como si te estuvieran desnudando el alma. Trabaja en una galería de arte en la Roma, y la primera vez que lo vi, fue en una expo de pintores locales. Llevaba una camisa blanca ajustada que marcaba sus hombros anchos, y un olor a colonia fresca con un toque de tabaco que me hizo mojarme al instante.
Estábamos en la inauguración, con copas de mezcal en la mano, la música de un trío sonoro de fondo, esa guitarra que rasguea como caricias en la piel. Me acerqué a ver un cuadro abstracto lleno de rojos y naranjas, como llamas devorando todo. ¿Te gusta el fuego?
me dijo con voz grave, ronca, como si el humo del mezcal le hubiera raspado la garganta. Volteé y ahí estaba, sonriéndome con esa boca carnosa que prometía pecados. Neta, me prende
, le contesté, sintiendo cómo mis pezones se endurecían bajo el vestido negro ceñido. Hablamos toda la noche, de arte, de la vida en la Ciudad de México, de cómo el ajetreo del metro y los tacos al pastor nos mantienen vivos. Al final de la expo, me dio su número. Llámalo cuando quieras encenderte más
, dijo guiñándome el ojo. Desde esa noche, no dejo de pensar en su piel morena, en cómo olería su sudor mezclado con el mío.
Ay, diario, si supieras cómo me late el corazón ahorita solo de escribirlo. Quiero lamerle el cuello, morderle el lóbulo de la oreja mientras él me aprieta las nalgas con esas manos grandes y callosas de artista.
Han pasado dos semanas desde esa expo, y el deseo es un volcán a punto de reventar. Hoy lo invité a cenar en mi depa. Preparé enchiladas verdes con pollo deshebrado, ese olor picante del chile que impregna el aire, mezclado con el cilantro fresco y el limón. Puse una playlist de Natalia Lafourcade, suave, sensual, con violines que parecen suspiros. Suena el timbre, y ahí está él, con jeans ajustados que delinean su verga gruesa bajo la tela, y una playera gris que deja ver el vello negro en su pecho. ¡Órale, Ana, qué olorazo!
dice abrazándome fuerte. Su cuerpo duro contra el mío, el calor de su torso filtrándose por mi blusa de tirantes. Lo beso en la mejilla, pero mi boca se desliza un poco hacia sus labios, saboreando la sal de su piel.
Cenamos en la terraza, con las luces de la ciudad titilando abajo como estrellas caídas. El mezcal fluye, dulce y ahumado en la lengua, calentándonos la sangre. Hablamos de todo y nada: de cómo el tráfico en Insurgentes nos vuelve locos, de sueños locos como viajar a la playa en Oaxaca. Sus ojos no se despegan de mis tetas, que se asoman jugosas por el escote. Siento su mirada como una caricia ardiente, haciendo que mi concha palpite de anticipación. Eres una chula, Ana. Me tienes loco desde esa noche
, murmura inclinándose sobre la mesa. Nuestras manos se rozan, sus dedos ásperos contra mi piel suave, enviando chispas por mi espina dorsal.
La tensión crece como una tormenta de verano. Terminamos de comer, y lo llevo al sillón de la sala. Pongo Cancion del Diario de una Pasion, mi rola favorita que compuse en mi cabeza pensando en él, tarareándola bajito mientras bailamos pegaditos. Su verga ya está dura contra mi vientre, un bulto caliente y firme que me hace gemir bajito. Neta, Luis, te necesito ya
, le susurro al oído, mordisqueando su oreja. Él gruñe, un sonido animal que vibra en mi pecho, y me besa con hambre. Sus labios gruesos devorando los míos, lengua invadiendo mi boca con sabor a mezcal y deseo puro. Sus manos bajan por mi espalda, apretando mis nalgas, levantándome contra él. Siento su pulso acelerado latiendo contra mi piel, el olor de su excitación subiendo, almizclado y macho.
Wey, este hombre me va a volver loca. Su boca sabe a todo lo que he soñado, y su cuerpo... ay, su cuerpo es puro músculo tenso, listo para follarme hasta el alma.
Me lleva en brazos al cuarto, como si yo fuera liviana como una pluma. La cama king size nos espera, sábanas de algodón egipcio frescas y suaves. Me tumba despacio, sus ojos devorándome mientras se quita la playera. Su pecho ancho, pectorales duros con vello negro que invita a lamerlo. Baja los jeans, y su verga salta libre, gruesa, venosa, con la cabeza rosada brillando de precum. Mírala, Ana, toda para ti
, dice con voz ronca. Me arrodillo frente a él, inhalando su olor almizclado, terroso, adictivo. La tomo en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamo desde la base hasta la punta, saboreando la sal de su esencia. Él gime, ¡Puta madre, qué chingona chupas!
, enredando sus dedos en mi cabello largo.
Me come la boca mientras me desnuda, sus dedos hábiles desabrochando mi brasier, liberando mis tetas grandes y firmes. Las amasa, pellizca los pezones duros como piedras, enviando descargas directas a mi clítoris hinchado. Baja por mi panza, besando cada centímetro, hasta mis bragas empapadas. Las arranca con los dientes, y su aliento caliente roza mi concha depilada, labios hinchados y jugosos. Estás chorreando, mamacita
, murmura antes de hundir la lengua. Sabe a miel dulce mi flujo, lamiendo mi clítoris en círculos lentos, chupando mis labios mayores. Grito, arqueo la espalda, el placer como olas rompiendo en mi vientre. Mis uñas se clavan en sus hombros, oliendo su sudor fresco, sintiendo los músculos tensarse bajo mi tacto.
No aguanto más. Cógeme, Luis, métemela ya
, le ruego. Se pone un condón, su verga reluciente, y me penetra despacio, centímetro a centímetro. Llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. El dolor placer inicial da paso a éxtasis puro. Empieza a bombear, lento al principio, cada embestida rozando mi punto G, sonidos húmedos de piel contra piel, sus bolas golpeando mi culo. Acelera, fuerte, profundo, el colchón crujiendo, nuestros gemidos mezclándose con la música de fondo. Siento su corazón galopando contra mi pecho, sudor chorreando de su frente al mío, salado en mis labios. Cambio de posición, me monto encima, cabalgándolo como reina. Mis tetas rebotando, sus manos guiando mis caderas, pulgares presionando mi clítoris. El orgasmo me arrasa como tsunami, contracciones apretando su verga, gritando su nombre mientras tiemblo entera.
Él voltea, me pone a cuatro patas, y me da duro por atrás, nalgueándome suave, el escozor sumándose al placer. ¡Sí, pendejo, así!
, chillo, empujando contra él. Su gruñido final, cuerpo tenso, y se corre dentro, llenándome de calor pulsante. Colapsamos juntos, jadeantes, pieles pegajosas de sudor, olores de sexo impregnando el aire. Me acurruco en su pecho, escuchando su corazón calmarse, besando el vello húmedo. Eres increíble, Ana
, murmura acariciándome el cabello.
Diario mío, esta es mi canción, el diario de una pasión que apenas empieza. Su piel contra la mía, el sabor de su corrida en mi mente, el eco de sus gemidos... neta, quiero más noches así, eternas.
Se queda a dormir, su brazo pesado sobre mi cintura, respiración profunda como olas en la playa. Mañana será otro día en esta jungla de concreto, pero ahora sé que tengo esto: pasión pura, consensual, ardiente. Y tú, mi Cancion del Diario de una Pasion, guardas el secreto de cómo él me hace mujer completa.