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Donde Ver La Pasion De Cristo De Mel Gibson Y Despertar La Nuestra

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Donde Ver La Pasion De Cristo De Mel Gibson Y Despertar La Nuestra

Era una noche de viernes en el depa de la colonia Roma, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a taquitos de la esquina colándose por la ventana entreabierta. Yo, Alex, estaba tirado en el sillón con mi morra, Lupe, recargada en mi pecho. Habíamos cenado unas chelas y unos tacos al pastor que pedimos por app, y ahora andábamos en mood de peli. Neta, quería ver algo heavy, algo que te revuelva el alma.

"Oye, Lupe, ¿qué tal si vemos La Pasión de Cristo de Mel Gibson? Esa sí que pega duro", le dije, rascándome la barba de tres días mientras sacaba el celular. Ella levantó la cara, con esos ojos cafés que me derriten, y sonrió pícara.

"¿La de Jesús? Wey, ¿estás en mood religioso o qué? Pero va, busquémosla".

Me puse a googlear rapidito donde ver la pasion de cristo de mel gibson. Salieron un chorro de opciones: Netflix no, Prime sí con renta, pero al rato dimos con una plataforma gratis que la tenía en HD. "¡Órale, aquí está, mi reina!", grité, conectando el chromecast al tele. Lupe se acurrucó más, su mano ya juguetona en mi muslo, oliendo a su perfume de vainilla mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa.

Apagué las luces, solo quedó el resplandor azul del tele iluminando la recámara. La peli arrancó con esa música épica, trompetas y tambores que te erizan la piel. Jim Caviezel como Jesús, todo marcado y sufriente, caminando por Jerusalén. Lupe suspiró, su aliento cálido en mi cuello. "Qué chido se ve, pero ya sé que es bien gráfica, ¿no?"

"¿Y si esta noche nos ponemos igual de intensos?", pensé, sintiendo cómo mi verga empezaba a despertar con el roce de su nalga contra mí.

La historia avanzaba, el huerto de Getsemaní, el sudor de sangre. Yo sentía el peso de la escena en el pecho, pero también otra cosa: el calor de Lupe subiendo, su pecho subiendo y bajando rápido. Su mano se coló bajo mi playera, dedos suaves trazando mi abdomen. Pinche película, pensé, reviviendo esa pasión cruda, esa entrega total.

De repente, el latigazo. El sonido crack de la fusta contra la carne, el grito ahogado. Lupe se tensó, su uña clavándose en mi piel. "Ay, wey, qué fuerte", murmuró, pero no quitó la mano. Al contrario, la bajó más, rozando el bulto en mis shorts. Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome como tambor de guerra. Olía a su excitación, ese aroma almizclado que me vuelve loco, mezclado con el popote de chela que quedó en la mesita.

La seguí viendo, pero ya no enfocaba. Jesús cargando la cruz, la sangre chorreando, la multitud gritando. Lupe giró la cara, sus labios rozando mi oreja. "Alex, esto me prende raro... como si la pasión doliera rico". Su voz ronca, mexicana hasta los huesos, con ese acento chilango que me calienta.

Apagué el tele con un clic. La habitación quedó en penumbras, solo la luna filtrándose por las cortinas. La besé, hambre pura, lengua explorando su boca dulce de besos pasados. Ella gimió bajito, "Sí, cabrón", empujándome al colchón. Sus tetas firmes presionando mi pecho, pezones duros como piedras bajo la blusa floja.

Acto dos de nuestra propia pasión. Le quité la blusa despacio, saboreando cada centímetro de piel morena, oliendo su sudor fresco. Chupé un pezón, rosado y tieso, mientras mi mano bajaba a su shorty. Estaba empapada, el calor húmedo traspasando la tela. "Estás chorreando, mi amor", le susurré, metiendo dedos que resbalaban en su jugo caliente.

Lupe jadeaba, arqueando la espalda. "¡Métemela ya, pendejo!", exigió, pero juguetona, tirándome del pelo. Le bajé el shorty, exponiendo su concha rasurada, hinchada y brillante. La olí, pinche olor a deseo puro, y lamí despacio, lengua plana desde el clítoris hasta el ano. Ella temblaba, muslos apretándome la cara, gusto salado y dulce en mi boca.

"Esto es mejor que cualquier crucifixión", se me cruzó por la mente, mientras ella gemía mi nombre.

Me puse de rodillas, verga dura como palo, venosa y palpitante. Lupe la tomó, masturbándola lento, uñas rozando el glande sensible. "Qué rica está, toda para mí", dijo, lamiendo la punta, tragando saliva y precum. El sonido chupón, húmedo, me volvía loco. La penetré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretándome, calientes y viscosas.

Empezamos a cogernos ritmado, ella encima primero, cabalgándome como jinete en rodeo. Sus caderas girando, tetas rebotando, sudor perlando su frente. El colchón crujía, piel contra piel plaf plaf, olor a sexo llenando el aire. "¡Más fuerte, wey! ¡Dame todo!", gritaba, uñas en mi pecho dejando marcas rojas.

Cambié posiciones, de perrito, agarrando sus nalgas redondas, embistiéndola profundo. El choque de mi pubis contra su culo, sus gemidos roncos: "¡Sí, así, chingame!". Sentía su concha contrayéndose, ordeñándome, el orgasmo acercándose como tormenta. Mi huevos tensos, listo para explotar.

La volteé, misionero, mirándola a los ojos. Esos ojos que dicen te amo en silencio. Besos salvajes, lenguas enredadas, mientras la taladraba. "Me vengo, Lupe... ¡juntos!", rugí. Ella asintió, piernas envolviéndome. El clímax nos golpeó: ella chillando, concha pulsando, yo vaciándome dentro, chorros calientes llenándola hasta rebosar.

Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. El olor a corrida y su esencia impregnando las sábanas. La abracé, besando su frente húmeda. "Mejor que la peli, ¿verdad?"

Ella rio bajito, recargando la cabeza en mi hombro. "Neta, Alex. Donde ver la pasion de cristo de mel gibson nos prendió el fire. Pero la nuestra es eterna".

Nos quedamos así, el tráfico lejano como banda sonora, cuerpos entrelazados en afterglow. Mañana seguiríamos la peli, pero esta noche, la pasión fue nuestra, cruda, consensual, chida hasta el alma.

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