Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasión por Motor TV Desatada Pasión por Motor TV Desatada

Pasión por Motor TV Desatada

7367 palabras

Pasión por Motor TV Desatada

Yo soy Ana, una chilanga bien prendida que no se pierde ni un capítulo de Pasión por Motor TV. Cada domingo, me echo en el sillón con mi chela fría, el volumen al máximo, y dejo que el rugido de esos motores V8 me erice la piel. Neta, no es solo por los carros, wey. Es por Marco, el conductor del programa, ese morro alto y musculoso con overol ajustado que deja ver cada bulto de sus bíceps mientras desarma un motor. Su voz grave narrando las carreras, el sudor brillando en su frente bajo las luces del estudio, el olor imaginario a aceite y goma quemada que me llega hasta la nariz. Me pongo caliente solo de verlo, imaginando esas manos expertas tocándome como si yo fuera un fierro precioso.

Una noche, después de un episodio donde Marco probaba un Mustang rojo en la pista, sentí un cosquilleo entre las piernas que no me dejó dormir.

¿Y si lo conozco en persona? ¿Y si me lleva a dar una vuelta en su máquina?
Pensé, mordiéndome el labio mientras mi mano bajaba sola por mi panza. Al día siguiente, vi en las redes que había un evento de autos en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Pasión por Motor TV iba a estar ahí con exhibiciones en vivo. No lo pensé dos veces: me puse mi falda corta de mezclilla, una blusa escotada que dejaba ver el encaje de mi brasier negro, y unas botas que me hacían las piernas eternas. Olía a perfume vainillado mezclado con mi loción corporal, lista para acelerar.

El autódromo era un desmadre chido: el estruendo de los motores retumbaba en mi pecho como un corazón desbocado, el humo de llantas chirriando llenaba el aire con ese aroma acre y adictivo, y la gente gritaba emocionada. Me abrí paso entre la raza hasta el stand de Pasión por Motor TV. Ahí estaba él, Marco, firmando autógrafos con esa sonrisa pícara que me había hecho mojarme tantas veces. Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo como si ya me estuviera desnudando. Me acerqué, el corazón latiéndome a mil.

Órale, qué onda, güerita. ¿Fan del programa? —me dijo con esa voz ronca que sonaba aún mejor en vivo.

—Neta, wey, soy adicta a Pasión por Motor TV. Me traes loca con esos fierros que manejas —le contesté, inclinándome un poco para que viera más escote, sintiendo el calor de su mirada en mis tetas.

Charlamos un rato, él contándome anécdotas de carreras, yo riéndome y tocándole el brazo casualmente. Su piel estaba tibia, áspera por el trabajo en taller, y olía a colonia masculina con fondo de gasolina. La tensión crecía: cada roce accidental mandaba chispas por mi espina.

Este pendejo me va a follar aquí mismo si no me controlo
, pensé, apretando los muslos. Me invitó a una vuelta exclusiva en su carro de exhibición después del evento. ¡Qué chingón!

El sol se ponía cuando subimos a su muscle car negro, un Charger tuneado que rugió como una bestia al encenderse. El vibrador del motor entre mis piernas me hizo gemir bajito. Marco pisó el acelerador en la pista vacía, el viento azotándonos el pelo, mi falda subiéndose hasta mostrar mis panties de encaje. Frenó en una zona apartada del taller del autódromo, donde las luces de neón parpadeaban sobre herramientas y fierros relucientes.

¿Sabes qué es lo que más me prende de Pasión por Motor TV? Tus manos en el volante, imaginándolas en mí —le susurré, mi aliento caliente en su oreja.

Se bajó del carro y me jaló hacia él, sus labios chocando contra los míos con hambre. Sabían a menta y cerveza, su lengua invadiendo mi boca como un pistón. Lo empujé contra el capó aún caliente, sintiendo el metal tibio a través de su overol. Le desabroché el cierre despacio, revelando su pecho velludo y marcado, oliendo a sudor fresco y hombre. Mis uñas rasguñaron su piel, arrancándole un gruñido que vibró en mi clítoris.

Eres una pinche diosa, Ana. Ven, déjame acelerarte como a mis carros —murmuró, volteándome y levantándome sobre el capó. El motor aún zumbaba debajo, enviando ondas de calor directo a mi chochito empapado. Me quitó la falda de un tirón, sus dedos gruesos frotando mis labios hinchados por encima de la tela húmeda. Gemí alto, el sonido perdido en el eco del taller.

¡Neta, este wey sabe lo que hace! Cada caricia es como ajustar un carburador perfecto.

Me arrancó las panties y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua áspera lamió mi jugo salado, chupando mi clítoris con succiones que me arquearon la espalda. Olía a mi arousal mezclado con el aceite del taller, un perfume sucio y delicioso. Metí los dedos en su pelo revuelto, jalándolo más profundo mientras mis caderas se movían solas. ¡Qué rico, cabrón! No pares! Él lamía y mordisqueaba, dos dedos gruesos entrando y saliendo de mi panocha con un sonido chapoteante que me volvía loca. El orgasmo me pegó como un turbo: grité su nombre, mi cuerpo convulsionando, jugos chorreando por sus manos.

Pero no paró. Me volteó boca abajo sobre el capó, el metal quemándome las tetas deliciosamente. Bajó su overol del todo, y sentí su verga dura, gruesa como un eje de transmisión, rozando mi entrada. —Dime si quieres que te la meta, mami —jadeó en mi oído.

¡Sí, pendejo! Métemela toda, acelera! —supliqué, empujando contra él.

Entró de un embestida lenta, estirándome hasta el fondo. ¡Ay, wey, qué llenita me sientes! Sus caderas chocaban contra mi culo con palmadas rítmicas, el carro meciéndose bajo nosotros. Cada thrust mandaba ondas de placer por mi cuerpo, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudábamos juntos, piel resbalosa, su aliento caliente en mi nuca oliendo a deseo puro. Agarré el borde del capó, mis uñas raspando la pintura, mientras él me follaba más duro, gruñendo palabras sucias: Tu panocha aprieta como un embrague nuevo, Ana. ¡Te voy a correr dentro!

La tensión subía como un motor sobre-revolucionado. Cambiamos: lo monté en el asiento del piloto, su verga hundiéndose más profundo. Reboté sobre él, mis tetas saltando en su cara, él chupándolas con hambre, mordiendo pezones duros como baleros. El cuero del asiento crujía, pegajoso por nuestro sudor. Olía a sexo crudo, a cuero viejo y semen próximo.

Esto es mejor que cualquier episodio de Pasión por Motor TV, carnal. Mi pasión por esos motores ahora es por este morro y su máquina.

Me vine otra vez, apretándolo tanto que él rugió y explotó dentro de mí, chorros calientes llenándome hasta rebosar. Nos quedamos jadeando, cuerpos entrelazados, el motor apagándose con un suspiro final. Me besó suave, sus manos acariciando mi espalda empapada.

¿Vienes al próximo grabado de Pasión por Motor TV? Podemos hacer una secuela —dijo con guiño.

Me reí, sintiendo su semen escurrir por mis muslos, un recordatorio tibio y pegajoso. Bajamos del carro, el aire fresco de la noche calmando nuestra piel ardiente. Caminamos tomados de la mano hacia la salida, el autódromo vacío ahora, solo el eco lejano de motores soñados. Esa noche, mi pasión por Motor TV se volvió real, carnal, y supe que esto apenas arrancaba. Qué chido ser la copiloto de Marco.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.