Pasión Por Lo Que Haces Frases En La Piel
El zumbido constante de la máquina de tatuar era como un latido en mi estudio en la Roma, aquí en la Ciudad de México. Olía a tinta fresca mezclada con desinfectante y un toque de café negro que acababa de preparar. Me encanta este pedo, neta. Pasión por lo que haces, eso es lo que me mantiene viva. Cada trazo en la piel de un cliente es como grabar una frase de vida, algo que los motiva a comerse el mundo con todo.
Yo soy Ana, treinta y tantos, con el pelo negro largo recogido en una coleta desordenada y unos brazos cubiertos de mis propios diseños: frases curvas, flores mexicanas y calaveritas chidas. Ese día entró él, Marco, un wey alto, moreno, con ojos cafés que te clavaban como aguja. Vestía playera negra ajustada que marcaba sus pectorales y jeans desgastados. "Hola, morra, vengo por un tatuaje", dijo con voz grave, sonriendo de lado. Su colonia invadió el aire, algo amaderado y picante que me hizo tragar saliva.
¿Qué chingados? Este carnal está bien bueno. Contrólate, Ana, es un cliente.
"¿Qué vas a ponerte?", le pregunté mientras lo sentaba en la silla reclinable, estirando su piel con guantes puestos. Me contó que quería "pasion por lo que haces frases" en su pecho, pero adaptado: "Pasión por lo que haces". Simple, directo, en letra cursiva elegante. Le expliqué el proceso, cómo dolería un poquito al principio pero que valdría la pena. Él asintió, quitándose la playera sin pena. Su torso era puro músculo trabajado, piel suave con un vello ligero que bajaba hasta su ombligo. Sentí un calor subiendo por mi cuello.
Empecé el diseño, la aguja pinchando rítmicamente. El estudio estaba en penumbras, solo la luz LED sobre nosotros, su respiración acompasada con el zumbido. "Neta, qué chido tu trabajo", murmuró, mirándome fijo. "Se ve que le metes toda la pasión". Sus palabras me erizaron la piel bajo la blusa. Yo respondí: "Órale, wey, pasión por lo que haces es mi lema. Sin eso, ni modo". Reímos bajito, pero su mirada se quedó en mis labios.
El tiempo volaba. Cada pasada de la máquina era un roce indirecto, mi mano rozando su piel caliente. Sudaba un poco, el olor salado mezclándose con su colonia. Le limpiaba la tinta con paños húmedos, mis dedos cerca de sus pezones oscuros que se endurecían con el aire fresco. Puta madre, ¿se me está paraendo o qué? No, es el frío del desinfectante. Él carraspeó: "Oye, Ana, ¿tú qué frase te tatuarías?". Pensé un segundo, la aguja pausada. "Algo como 'Vive con fuego adentro', porque neta, hay que arder por lo que quieres". Nuestros ojos se cruzaron, y ahí sentí la chispa.
Terminé el tatuaje una hora después. La frase quedaba perfecta, negra y bold en su pecho: Pasión por lo que haces. Le puse la curita, pero antes le pasé gel cicatrizante con dedos temblorosos. "Listo, carnal. Cuídalo bien". Se levantó, todavía sin playera, y me jaló suave por la cintura. "Gracias, morrita. Pero la verdadera pasión apenas empieza". Su boca rozó la mía, un beso tentativo que yo respondí con hambre. Olía a menta y deseo puro.
Ahí empezó el desmadre. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, desabrochando mi brasier bajo la blusa. Yo lo empujé contra la pared del estudio, sintiendo su verga dura presionando mis jeans. "Qué rico hueles", gemí contra su cuello, lamiendo el sudor fresco. Él me levantó en brazos como si nada, sentándome en la mesa de trabajo. Papeles y plumas volaron, pero qué importa. Me quitó la blusa, chupando mis tetas con urgencia, la lengua girando en círculos que me hicieron arquear la espalda. ¡Ay, wey, esto es lo que necesitaba!
Sus dedos bajaron a mi pantalón, desabrochándolo con maestría. "Estás mojada, Ana, neta empapada", susurró con voz ronca, metiendo dos dedos dentro de mis calzones. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. El aire olía a nuestra excitación, ese aroma almizclado que enloquece. Yo le bajé el zipper, sacando su verga gruesa, venosa, palpitante en mi mano. La apreté, masturbándolo lento mientras él me comía el coño con la boca, lamiendo mi clítoris como si fuera un dulce de tamarindo.
"Marco, métemela ya, pendejo", le rogué, jalándolo por el pelo. Se rio, ese sonido grave que vibró en mi piel. Me penetró de un golpe suave, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chingón! Sus caderas chocando contra las mías, piel contra piel resbalosa de sudor. El estudio se llenó de jadeos, "¡Más duro!", "¡Sí, así, morra!". Cada embestida era como un tatuaje en mi alma, profundo y permanente. Sentía su pecho contra el mío, la frase fresca rozando mis tetas, recordándonos la pasión que nos unía.
Cambié de posición, montándolo en la silla. Yo arriba, cabalgando como reina, mis nalgas rebotando en sus muslos fuertes. Él me amasaba las pompas, azotando suave: "Qué nalgas tan ricas, Ana". Sudábamos a chorros, el olor intenso, el slap-slap de carne húmeda. Mi clítoris rozaba su pubis, mandándome olas de placer.
No pares, no pares, esto es pasión pura, por lo que haces con ganas.Aceleré, sintiendo el orgasmo venir como un volcán, mis paredes apretándolo fuerte.
Él gruñó: "Me vengo, Ana, ¡ahí te echo!". Caliente, dentro, llenándome mientras yo explotaba en temblores, gritando su nombre. Nos quedamos pegados, respirando agitados, su verga aún latiendo adentro. Besos lentos ahora, lenguas danzando perezosas. Bajé de la silla, piernas flojas, y nos limpiamos con toallitas del estudio, riendo del desorden.
Después, sentados en el piso con refrescos bien fríos, él acariciándome el pelo. "Neta, morra, tatuaje y todo, lo mejor del día". Yo sonreí, trazando la frase en su pecho con el dedo. "Pasión por lo que haces, ¿ves? Funciona en todo". Me contó de su gym, cómo entrena con ese fuego, y yo de mis noches diseñando frases que inspiran. No fue solo sexo, fue conexión, como si sus músculos y mi tinta se fundieran.
Se fue al rato, prometiendo volver por otro diseño, y quizás más. Yo cerré el estudio con el cuerpo zumbando aún, oliendo a él. Me miré en el espejo, sonrojada, satisfecha. Pasión por lo que haces, frases que marcan más que tinta. Afuera, la ciudad rugía con cláxones y risas, pero adentro, yo ardía con mi propia llama, lista para el siguiente trazo, el siguiente beso ardiente.