Pasion Capitulo 20 El Fuego que Quema
Yo, Ana, me encontraba en mi departamento en la Condesa, con el corazón latiéndome como tambor de mariachi en plena fiesta. Era pasion capitulo 20 de nuestra historia, la que Carlos y yo escribíamos a fuego lento desde hace meses. La luz del atardecer se colaba por las cortinas de lino, tiñendo todo de un naranja cálido que olía a jazmín del jardín abajo. Me había puesto ese vestido negro ajustado, sin nada debajo, sintiendo la tela rozar mis pezones endurecidos cada vez que me movía. Neta, wey, pensé,
esta noche voy a volverlo loco, lo voy a hacer mío hasta que ruegue por más.
El sonido de la llave en la cerradura me erizó la piel. Ahí estaba él, Carlos, mi moreno alto y fornido, con esa sonrisa pícara que prometía travesuras. Llevaba una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, oliendo a colonia fresca mezclada con el humo leve de su cigarro habitual. "Órale, mamacita, ¿qué traes puesto que me miras así?", dijo con esa voz ronca que me moja de inmediato.
Me acerqué despacio, sintiendo el pulso acelerado en mis sienes. Nuestras miradas se engancharon, cargadas de esa electricidad que siempre nos unía. Le rocé el brazo con las yemas de los dedos, notando cómo sus músculos se tensaban bajo la piel morena. "Ven, chulo, que hoy es pasion capitulo 20, y quiero que sea inolvidable", le susurré al oído, mi aliento caliente contra su lóbulo.
Acto primero de nuestra noche: el beso. Sus labios carnosos se estrellaron contra los míos, saboreando a tequila reposado y menta. Su lengua invadió mi boca con hambre, explorando cada rincón mientras sus manos grandes bajaban por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. Gemí bajito, el sonido ahogado en su garganta. Olía a hombre puro, a sudor fresco y deseo crudo. Me levantó en brazos como si no pesara nada, y me llevó al sofá de terciopelo rojo, donde caímos enredados.
"Eres una diosa, Ana", murmuró mientras me besaba el cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. Sentí su verga dura presionando contra mi muslo a través del pantalón, gruesa y palpitante. Mis manos volaron a su cinturón, desabrochándolo con dedos temblorosos de anticipación. ¡Carajo, qué ganas de tenerlo dentro! La tensión crecía como olla a presión, cada roce enviando chispas por mi espina dorsal.
En el medio del acto, la escalada. Le quité la camisa, lamiendo sus pectorales salados, bajando por el abdomen marcado hasta llegar a su entrepierna. Su verga saltó libre, venosa y erecta, con ese olor almizclado que me volvía loca. "Chúpamela, reina", pidió con voz entrecortada. Me arrodillé entre sus piernas, el suelo fresco contra mis rodillas desnudas. La tomé en mi boca, saboreando la piel suave y el líquido preseminal salado. Él gruñó, enredando sus dedos en mi cabello negro largo, guiándome con ritmo lento al principio, luego más urgente. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos húmedos.
Pero no era solo físico; en mi mente bullían recuerdos.
Esta es nuestra pasion capitulo 20, pero cada vez siento que es la primera, que su toque me despierta algo salvaje adentro.Me levantó, rasgando mi vestido con un tirón juguetón. "¡Pendejo!", reí, pero mis pezones expuestos rogaban atención. Los chupó con avidez, succionando fuerte hasta que dolió rico, mientras sus dedos hurgaban mi panocha empapada. Estaba chorreando, el olor a excitación femenina flotando en el aire caliente. Introdujo dos dedos, curvándolos justo en mi punto G, follándome lento mientras me besaba el vientre. "Estás tan mojada por mí, ¿verdad?", ronroneó. Asentí, arqueando la espalda, el sofá crujiendo bajo nosotros.
La intensidad subía como fiebre. Me puso a cuatro patas, su aliento caliente en mi nuca. "Te voy a comer entera, Ana". Su lengua se hundió en mi concha desde atrás, lamiendo mis labios hinchados, chupando mi clítoris con maestría. Gemí alto, órale sí, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. El sabor de mí en su boca cuando me besó después fue el detonante; lo empujé al sofá y me subí encima, frotando mi humedad contra su verga dura como piedra.
El clímax se acercaba, pero no sin lucha interna. Pensé en lo que éramos: amantes intensos, sin promesas eternas, solo puro fuego. "¿Me quieres adentro ya?", preguntó, ojos negros brillando. "Sí, métemela toda, cabrón", supliqué, voz ronca. Se hundió en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardiente fue exquisito, su grosor rozando cada pared sensible. Empezamos lento, mis tetas rebotando con cada vaivén, sus manos amasando mis caderas. El sonido de piel contra piel, chapoteante y obsceno, se mezclaba con nuestros gemidos. Sudábamos, el olor a sexo impregnando todo.
Aceleramos, yo cabalgándolo como amazona, clavando las uñas en su pecho. Él me volteó, poniéndome debajo, embistiéndome profundo mientras me mordía el hombro. "¡Ven conmigo, Ana!", rugió. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola desde el estómago hasta mi clítoris hinchado. "¡Me vengo, chulo!", grité, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Él explotó segundos después, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando sobre el mío.
En el final, el afterglow. Nos quedamos pegados, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. Su peso sobre mí era reconfortante, su verga aún semi-dura dentro, goteando. Besos suaves ahora, labios hinchados rozándose. "Eso fue pasion capitulo 20, la mejor hasta ahora", susurró, acariciando mi mejilla sudada. Reí bajito, oliendo nuestro amor en las sábanas revueltas.
Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor pero no el recuerdo. En la cocina, preparamos tacos de carnitas con cervezas frías, riendo de tonterías.
Esto no es solo sexo, es conexión, wey. Nuestra pasion capitulo 20 nos deja queriendo el 21 ya.Me abrazó por detrás mientras picaba cebolla, su mano bajando juguetona a mi culo desnudo. "Mañana repetimos", prometió. Sonreí, sabiendo que sí, que este fuego no se apaga fácil.
Acostados en la cama king size, con la ciudad zumbando afuera, reflexioné. Carlos dormía a mi lado, pecho subiendo y bajando rítmicamente. Yo, Ana, había encontrado en él no solo placer, sino un eco de mi propia alma salvaje. El jazmín aún flotaba en el aire, mezclado con nuestro aroma persistente. Cerré los ojos, satisfecha, lista para el próximo capítulo de esta pasion eterna.