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Pasión y Poder Elenco Completo

6645 palabras

Pasión y Poder Elenco Completo

La fiesta estaba en su apogeo en el rooftop del hotel en Polanco, con las luces de la Ciudad de México parpadeando como estrellas celosos abajo. Yo, Daniela, la protagonista de Pasión y Poder, me movía entre la gente con un vestido rojo ceñido que abrazaba mis curvas como un amante posesivo. El elenco completo estaba ahí: los galanes, las villanas, los producers con sus sonrisas de tiburón. Ricardo, el hijo del productor principal y mi coestrella, el tipo que interpretaba al magnate implacable, no me quitaba los ojos de encima. Sus brazos fuertes, su mandíbula cuadrada, ese olor a colonia cara mezclada con sudor fresco que me llegaba cada vez que pasaba cerca. Neta, güey, este wey me trae loca, pensé mientras tomaba un sorbo de mi margarita helada, el limón picante en mi lengua despertando algo profundo en mi vientre.

La música reggaetón retumbaba, cuerpos rozándose en la pista improvisada. El elenco completo de Pasión y Poder celebraba el éxito del estreno, risas y brindis por todos lados. Pero entre el bullicio, Ricardo se acercó, su mano rozando mi cintura como si ya fuera suya. "Daniela, estás on fire esta noche", murmuró cerca de mi oreja, su aliento cálido con toques de tequila haciéndome erizar la piel. Sentí el poder en su voz, ese dominio que interpretaba en la novela pero que ahora parecía real. "¿Y tú, Ricardo? ¿Listo para más pasión y poder?", le respondí coqueta, mi voz ronca por el deseo que ya me humedecía entre las piernas. Nuestras miradas chocaron, chispas invisibles saltando como en las escenas que grabábamos.

La tensión creció mientras bailábamos. Sus caderas contra las mías, duro ya contra mi muslo. Olía a noche de verano, a piel caliente y promesas sucias. El elenco completo nos veía de reojo, pero nadie intervenía; era nuestro juego privado en medio del caos.

Quiero que me tome aquí mismo, que me haga suya con toda la fuerza de su personaje
, pensé, mis pezones endureciéndose bajo el vestido. Sus manos bajaron a mis nalgas, apretando suave pero firme. "Vamos a algún lado", gruñó, y yo asentí, el pulso latiéndome en las sienes como tambores de guerra.

Subimos a su suite presidencial, el pasillo alfombrado amortiguando nuestros pasos apresurados. Apenas cerramos la puerta, sus labios cayeron sobre los míos, un beso hambriento, lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y licor. Gemí contra él, mis uñas clavándose en su camisa de lino, rasgándola un poco. "Eres una diosa, Daniela", jadeó mientras me cargaba al sillón de cuero, el aroma del material nuevo mezclándose con nuestro sudor. Lo empujé contra la pared, invirtiendo el poder por un momento. En Pasión y Poder soy la fuerte, y aquí no va a ser diferente. Le quité la camisa, lamiendo su pecho ancho, saboreando la sal de su piel, el vello oscuro rizado bajo mi lengua.

Ricardo no se quedó atrás. Sus dedos hábiles bajaron el zipper de mi vestido, exponiendo mis tetas llenas, pezones oscuros pidiendo atención. Los chupó con hambre, mordisqueando suave, enviando descargas eléctricas directo a mi chocha que ya chorreaba. "Estás mojada para mí, ¿verdad, reina?", susurró, su voz grave como un ronroneo. Metí la mano en sus pantalones, agarrando su verga gruesa, palpitante, venosa bajo mi palma. "Sí, pendejo, y tú estás duro como piedra", le contesté riendo bajito, masturbándolo lento, sintiendo el precum resbaloso en mi dedo.

Caímos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nosotros. El cuarto olía a jazmín del difusor y a nuestro sexo inminente. Me quitó los calzones de encaje negro, rompiéndolos con un tirón juguetón. "¡Órale, qué salvaje!", exclamé, abriendo las piernas para él. Su boca descendió, lengua lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis labios mayores con maestría. Gemí fuerte, arqueando la espalda, el sonido de mis jugos siendo sorbidos llenando el aire. Esto es mejor que cualquier rating de Pasión y Poder. Mis manos enredadas en su pelo, empujándolo más profundo, mientras ondas de placer me recorrían como fuego líquido.

Pero quería más poder. Lo volteé, montándome a horcajadas sobre su cara. "Ahora yo mando", dije, frotando mi chocha contra su boca, sus narices enterradas en mí, ahogándolo en mi esencia dulce y salada. Él gruñía de placer, manos en mis caderas guiándome. Luego, bajé, posicionando su verga en mi entrada húmeda. La cabeza gorda abriéndose paso, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Ay, cabrón, qué grande!", grité al sentarme de golpe, llenándome hasta el fondo. El slap de piel contra piel empezó lento, mis tetas rebotando, sudor perlando nuestros cuerpos.

Aceleramos. Él embistiéndome desde abajo, yo cabalgándolo como amazona, uñas arañando su pecho. Cambiamos: perrito, su verga golpeando mi G-spot, bolas chapoteando contra mi clítoris. Olía a sexo puro, a semen y fluidos mezclados, gemidos ahogados en besos. "Te voy a llenar, Daniela, toda tuya el poder", jadeó, sus dedos en mi ano juguetón, lubricado por mis jugos. Yo exploté primero, orgasmos en cadena, chocha contrayéndose alrededor de él, chorros calientes salpicando las sábanas. "¡Sí, chingame más!", supliqué, perdida en el éxtasis.

Él se corrió segundos después, rugiendo mi nombre, chorros calientes inundándome, goteando por mis muslos. Colapsamos, cuerpos entrelazados, pulsos latiendo al unísono. El aire pesado con nuestro aroma, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. Me acurruqué en su pecho, su mano acariciando mi espalda.

Esto es pasión y poder de verdad, no solo actuación. El elenco completo podría envidiar esto
.

Minutos después, en la afterglow, fumamos un cigarro en la terraza, desnudos bajo las estrellas. "Daniela, en la novela somos rivales, pero aquí... somos imparables", dijo él, besando mi hombro. Sonreí, sintiéndome empoderada, dueña de mi placer. El elenco completo de Pasión y Poder seguía de fiesta abajo, pero nosotros habíamos creado nuestra propia historia, una de deseo mutuo y dominio compartido. Mañana grabaríamos escenas calientes, pero nada superaría esta noche real. Mi piel aún hormigueaba, el sabor de él en mi boca, el eco de gemidos en mis oídos. Y quiero más, siempre más.

Al amanecer, con el sol tiñendo el skyline de oro, nos vestimos lento, robándonos besos. Bajamos juntos, el elenco completo notando nuestro brillo, sonrisas cómplices. Pasión y poder, no solo en la pantalla, sino en la carne, en el alma. Y yo, Daniela, reina indiscutible.

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