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Que Es La Pasion En Un Emprendedor

5398 palabras

Que Es La Pasion En Un Emprendedor

En el bullicio de Polanco, donde los rascacielos besan el cielo de la Ciudad de México, yo, Alejandro, un emprendedor de veintiocho años, luchaba por sacar adelante mi app de delivery de comida gourmet. El estrés me carcomía las noches, pero esa pasión que me quemaba por dentro era lo único que me mantenía en pie. Ese viernes, después de una junta eterna en un coworking chido, entré a un café hipster en Masaryk. El aroma a café de chiapas recién molido me golpeó como un abrazo cálido, y ahí la vi: Valeria, con su falda ajustada que marcaba curvas perfectas y una blusa que dejaba entrever el encaje de su brasier negro.

Se sentó frente a mí sin pedir permiso, con una sonrisa pícara que hizo que mi verga diera un salto involuntario. ¿Qué es la pasión en un emprendedor? me soltó de golpe, mientras removía su latte con canela. Su voz era ronca, como si hubiera fumado un buen puro, y sus ojos cafés me clavaron en el sitio. Yo, que venía de horas pensando en métricas y KPIs, me quedé mudo un segundo. ¿Qué carajos? pensé, pero su perfume, una mezcla de jazmín y vainilla, ya me tenía mareado.

La pasión es ese fuego que no te deja dormir, wey, le respondí, tratando de sonar seguro. Ella se rio, un sonido gutural que vibró en mi pecho. Valeria era dueña de una boutique de lencería en la Roma, otra emprendedora neta, con piel morena que brillaba bajo las luces tenues y labios carnosos pintados de rojo fuego. Hablamos de fracasos, de inversionistas pendejos y de cómo esa hambre nos hacía invencibles. Sus manos rozaban la mesa, cerca de las mías, y cada roce era como una chispa eléctrica. Sentí el calor subiendo por mis muslos, mi pulso acelerado latiendo en las sienes.

Salimos del café caminando por las calles empedradas, el viento nocturno trayendo olores de taquerías y flores de nochebuena. Ven a mi depa, está cerca, me dijo, su aliento cálido en mi oreja. No lo pensé dos veces. Su departamento era un loft minimalista con vistas al skyline, música de Natalia Lafourcade sonando bajito y velas de coco encendidas que llenaban el aire de dulzor. Me sirvió un mezcal ahumado, el líquido quemándome la garganta como promesas de lo que vendría.

¿Qué es la pasión en un emprendedor? Es esto, joder, este deseo que no se apaga ni con el fracaso, pensé mientras ella se acercaba, sus tetas rozando mi pecho. La besé con hambre, saboreando el mezcal en su lengua, suave y ardiente a la vez. Sus labios eran terciopelo húmedo, y gemí contra su boca cuando sus uñas se clavaron en mi nuca.

La llevé a la cama, desabrochando su blusa con dedos temblorosos. Su piel olía a sudor fresco mezclado con ese jazmín, y lamí su cuello, sintiendo su pulso galopante bajo mi lengua. Desnúdate, emprendedor cabrón, murmuró, tirando de mi playera. Me quité todo, mi verga ya dura como piedra, apuntando al techo. Ella se arrodilló, sus ojos fijos en los míos mientras lamía la punta, salada y preñada de deseo. El sonido de su boca chupando, húmedo y obsceno, me volvió loco. Su calor, su saliva resbalando... neta, esto es pasión pura.

La tumbé boca arriba, besando su panza suave, bajando hasta su concha depilada que brillaba de jugos. Olía a almizcle dulce, a mujer en celo. Metí la lengua, saboreando su clítoris hinchado, y ella arqueó la espalda, gimiendo ¡Ay, wey, no pares! Sus muslos me apretaron la cabeza, piel contra piel, sudor perlando su cuerpo. Lamí más fuerte, chupando sus labios mayores, hasta que tembló y se corrió en mi boca, un chorro caliente que tragué con gusto.

Pero no paré. La volteé, poniéndola a cuatro patas, su culo redondo invitándome. Le di una nalgada juguetona, ¿Lista para emprender juntos? bromeé. Ella rio, meneando las caderas. Empujé mi verga despacio, sintiendo cómo su concha me tragaba centímetro a centímetro, apretada y resbalosa. ¡Qué delicia, tan caliente, tan viva! El slap de mis huevos contra su piel resonaba, mezclado con sus jadeos y mis gruñidos. Agarré sus caderas, embistiéndola más duro, el sudor goteando de mi frente a su espalda.

Valeria se giró, montándome como amazona. Sus tetas rebotaban al ritmo, pezones duros como piedras. Las pellizqué, y ella cabalgó más rápido, su concha ordeñándome la verga. ¡Dame todo, emprendedor pendejo! gritó, clavándome las uñas en el pecho. Sentí el orgasmo construyéndose, un volcán en mis bolas. Ella se corrió primero, su coño contrayéndose como un puño, y yo exploté dentro, chorros calientes llenándola mientras rugía su nombre.

Caímos exhaustos, piel pegajosa de sudor, respiraciones entrecortadas. El aire olía a sexo crudo, a semen y jugos mezclados. La abracé, su cabeza en mi hombro, el corazón latiéndole contra mi costado. Esto es la pasión en un emprendedor: no solo negocios, sino entregarse sin frenos, quemarse vivo, reflexioné en silencio. Valeria levantó la vista, besándome suave. ¿Ya sabes qué es? preguntó con picardía. Sonreí, sí, carnala, lo sé de primera mano.

Nos quedamos así hasta el amanecer, planeando nuestro próximo "proyecto". La pasión no se mide en ganancias, sino en estos momentos donde el cuerpo grita más fuerte que la mente. Y yo, Alejandro, acababa de encontrar la fórmula perfecta.

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