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Pasion Capitulo 81 Fuego en la Sangre

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Pasion Capitulo 81 Fuego en la Sangre

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que se mete hasta los huesos, pero no era el clima lo que me tenía sudando. Me llamaba Luisa, y llevaba semanas soñando con este momento. Mi departamento en la colonia Roma olía a jazmín del balcón y a la vela de vainilla que acababa de encender. El sonido lejano de los cláxones en Insurgentes se mezclaba con mi corazón latiendo como tambor de mariachi. ¿Y si no viene? pensé, mordiéndome el labio mientras me ajustaba el vestido negro ceñido que dejaba poco a la imaginación.

Todo empezó hace un mes en esa fiesta en la Casa de los Azulejos. Ahí lo vi, a Rodrigo, con su sonrisa de pendejo confiado y esos ojos cafés que prometían pecados. "Órale, güeyita, ¿bailamos?" me dijo, y desde entonces, los mensajes en WhatsApp no paraban. "Te quiero comer a besos", "Ven pa'cá, mamacita". Neta, cada palabra me ponía la piel chinita. Hoy era la noche. Le mandé la ubicación: "Ven ya, carnal. No aguanto más".

El timbre sonó como un trueno. Abrí la puerta y ahí estaba él, con camisa blanca desabotonada lo justo pa' mostrar el pecho moreno y bronceado de tanto gym en Polanco. Olía a colonia fresca, a hombre que sabe lo que quiere. "Luisa, mi reina", murmuró, y me jaló pa' él. Sus labios rozaron los míos, suaves al principio, probando, como si saboreara un tequila añejo. Sentí su aliento cálido, con un toque de menta, y mi cuerpo se rindió. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas con esa fuerza que me hacía gemir bajito.

Esto es pasion capitulo 81 de mi vida, pensé, el capítulo donde todo explota.

Lo empujé adentro, cerrando la puerta con el pie. Nos besamos como locos, tongues enredándose, saliva mezclada con deseo puro. "Te extrañé, pendejito", le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Él rio, esa risa grave que vibraba en su pecho contra mis tetas. "Yo más, chula. Mira cómo me tienes". Bajó mi mano a su entrepierna, y ¡órale! Estaba duro como piedra, palpitando bajo el pantalón. El calor de su verga me quemaba la palma, y yo ya sentía mi calzón mojado, ese cosquilleo traicionero entre las piernas.

Lo llevé al sillón de cuero negro, que crujió bajo nuestro peso. Me senté a horcajadas sobre él, frotándome contra su bultaco mientras le quitaba la camisa. Su piel era suave, salada al gusto, con vellos que raspaban delicioso mis dedos. "Quítate eso, Luisa. Quiero verte toda", gruñó. Deslicé el vestido por mis hombros, dejando que cayera. Mis chichis saltaron libres, pezones duros como balas por el aire fresco. Él los miró con hambre, lamiéndose los labios. "Qué mamadas tan ricas". Se lanzó, chupando uno, mordisqueando suave mientras masajeaba el otro. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a mi clítoris. Gemí fuerte, arqueando la espalda, oliendo mi propio aroma de excitación mezclado con su sudor.

Pero no quería apurarlo. Esta era la tensión que tanto anhelaba. Le desabroché el cinturón, lento, oyendo el metal tintinear. Saqué su verga gruesa, venosa, con la cabeza brillosa de pre-semen. "Mírala, toda pa'ti", dijo él, jadeando. La acaricié de arriba abajo, sintiendo cada vena pulsar. Él metió la mano en mi calzón, dedos expertas rozando mi rajita empapada. "Estás chorreando, mi amor. Neta, me vuelves loco". Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos pa' tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido era obsceno, chapoteo húmedo en la habitación silenciosa, solo roto por nuestros jadeos.

Quiero más, pero que dure, que queme despacio, pensé mientras lo besaba de nuevo. Nos levantamos, tambaleándonos al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Lo tiré y me quité el calzón, abriéndole las piernas. "Ahora yo mando, güey". Me bajé, lamiendo su abdomen, bajando hasta su pubis. El olor era puro macho, almizclado, adictivo. Tomé su verga en la boca, chupando la cabeza, saboreando el salado dulce. Él gruñó, enredando dedos en mi pelo. "¡Sí, así, cabrona deliciosa!". Lo mamé profundo, garganta relajada, sintiendo cómo latía contra mi lengua. Sus caderas se movían, follándome la boca suave, pero yo controlaba el ritmo.

La intensidad subía como volcán. Me subí encima, rozando mi coño contra su punta. "Métemela ya, Rodrigo. No aguanto". Él sonrió pícaro. "Pídemelo bonito, reina". "Porfa, papi, fóllame duro". Agarró mis caderas y empujó. Entró de un jalón, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, Dios! El estirón era perfecto, rozando cada pared sensible. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sudor perlando nuestras pieles. El slap-slap de carne contra carne llenaba el aire, mezclado con mis gritos: "¡Más! ¡Sí, ahí!". Él pellizcaba mis pezones, mirándome con ojos en llamas. Fuego en la sangre, neta, eso éramos.

Cambié de posición, él encima ahora, misionero profundo. Sus embestidas eran potentes, sacando y metiendo con fuerza controlada. Sentía su peso delicioso, sus bolas golpeando mi culo. "Estás tan apretadita, Luisa. Me vas a hacer venir". "Aguanta, carnal. Quiero correrme contigo". Aceleró, besándome el cuello, mordiendo suave. Mi clítoris rozaba su pubis con cada thrust, building that wave. El olor a sexo era espeso, sudor, fluidos, pasión cruda. Mis uñas arañaban su espalda, dejando marcas rojas.

El clímax llegó como tsunami. "¡Me vengo, pendejo!", grité, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer saliendo. Él rugió, llenándome con chorros calientes, palpitando dentro. Colapsamos, jadeando, pieles pegajosas. Su semen goteaba de mí, cálido, cuando se salió. Nos quedamos así, abrazados, el ventilador zumbando suave sobre nosotros.

Después, en la penumbra, fumamos un cigarro en la cama –sí, de esos vicios post-sexo–. "Esto fue épico, mi amor", dijo él, acariciando mi pelo. Yo sonreí, besando su pecho. Pasion capitulo 81 completado, pero sé que habrá más capítulos. El amanecer pintaba rosado las cortinas, y por primera vez en meses, me sentía plena, empoderada, dueña de mi deseo. Rodrigo se durmió, yo lo miré pensando en lo chido que era todo. Mañana, quién sabe, pero esta noche fue nuestra, pura fuego en la sangre.

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