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Tú estás recostada en tu cama king size en tu depa chido de la Roma Norte, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café de la mañana todavía flotando en el aire. Es viernes por la noche, wey, y no tienes planes más que pajarear en la net. Agarras tu laptop, la abres y tecleas pasion obsesiva pelicula online. Sales un chorro de resultados, pero das con una que pinta bien perrón: una historia de amor obsesivo, con escenas que prometen prender el fuego. Le das play, te quitas la blusa ligera y te quedas en bra y shortcito, sintiendo el fresco del cuarto rozando tu piel morena.

La peli arranca con una morra como tú, intensa, persiguiendo a un vato que la trae de cabeza. Sus miradas se cruzan en pantalla, y sientes un cosquilleo en el estómago.

Órale, esta pasion obsesiva pelicula online me va a poner caliente
, piensas mientras te muerdes el labio. El sonido de sus respiraciones agitadas sale de los bocinas, y tú bajas el volumen para que no se oiga en el pasillo. Tus pezones se endurecen contra la tela del bra, y pasas la mano por tu panza suave, bajando despacito hasta el borde del short. La escena se pone heavy: ella lo besa con hambre, lenguas enredadas, y el vato le manosea las nalgas con fuerza. Tú imitas el movimiento, tocándote por encima de la tela, notando cómo tu humedad empieza a empapar el algodón.

Pero la cosa no queda ahí. Mientras ves, un chat privado salta en la barra lateral del sitio pirata donde la estás viendo. "¿Te gusta esta pasion obsesiva? Yo soy fan número uno", escribe un cuate llamado Marco. Su foto de perfil muestra a un morro guapo, ojos cafés profundos, barba recortada y sonrisa pícara. Neta, qué chido, respondes tú, el corazón latiéndote más rápido que en la peli. Chatean un rato: él vive en Condesa, a unas cuadras, y la película lo obsesiona tanto como a ti.

Este wey me cae bien, ¿y si lo invito?
La tensión sube cuando él manda un screenshot de su pantalla, pausada en el momento donde ella se arrodilla. Tú sientes el pulso en tu clítoris, latiendo como tambor.

Media hora después, el timbre suena. Tú te pones una bata de seda roja que apenas cubre tus muslos, el perfume de vainilla que te echaste antes mezclándose con tu aroma natural de excitación. Abres y ahí está Marco, alto, camisa ajustada marcando pectorales, jeans que prometen algo grande abajo. Qué rico huele, a colonia cara y hombre sudado. "Órale, carnala, no pensé que aceptarías tan rápido", dice con voz grave, ese acento chilango que te derrite. Lo dejas pasar, cierran la puerta y ya sientes su calor corporal invadiendo el espacio.

Se sientan en la cama, la laptop aún con la peli pausada. "Sigamos viéndola juntos", propones, y él asiente, ojos clavados en ti más que en la pantalla. Pones play, y ahora sus manos rozan tus piernas accidentalmente –o no–. La escena es de sexo oral: ella chupa su verga con devoción, gemidos ahogados llenando el cuarto. Tú volteas a verlo, y él ya te está comiendo con la mirada. "¿Quieres que hagamos lo mismo?" susurra, su aliento cálido en tu oreja. Tú asientes, el deseo obsesivo de la peli ahora tuyo. Lo besas primero, labios suaves chocando, lengua explorando su boca con sabor a menta y cerveza light.

Las cosas escalan chingón. Le quitas la camisa, pasando uñas por su pecho velludo, oliendo su sudor fresco. Él te desata la bata, exponiendo tus tetas firmes, pezones duros como piedras. Su boca en ellas, chupando, mordisqueando suave, enviando chispas directo a tu entrepierna. Gimes bajito,

Pinche Marco, me vas a volver loca como en esa pasion obsesiva pelicula online
. Él se ríe, voz ronca: "Eres más rica que la morra de la peli, wey". Te tumba en la cama, besos bajando por tu vientre, lamiendo el ombligo hasta llegar al short. Te lo quita de un jalón, y su nariz roza tu panocha depilada, inhalando profundo. "Hueles a miel, nena", murmura antes de meter la lengua.

Su lengua es mágica, circling tu clítoris con presión perfecta, chupando el botón hinchado mientras mete dos dedos gruesos adentro, curvándolos contra ese punto que te hace arquear la espalda. El sonido es obsceno: lamidas húmedas, tus jugos chorreando, tus gemidos subiendo de volumen. El cuarto huele a sexo puro, sudor y excitación, el aire pesado. Tú agarras su cabello negro, empujándolo más profundo. "¡Sí, cabrón, así! ¡No pares!", gritas, las caderas moviéndose solas. Él acelera, dedos follando tu coño empapado, lengua vibrando. El orgasmo te pega como rayo, cuerpo temblando, visión borrosa, un grito largo escapando mientras chorreas en su boca. Él lame todo, bebiendo tu esencia con hambre obsesiva.

Pero no acaba. Tú lo volteas, ansiosa por devolverle. Le bajas los jeans, y su verga salta libre: gruesa, venosa, cabeza morada brillando de precum. Qué chingona, justo como la del vato de la peli. La agarras, piel aterciopelada caliente en tu palma, y la mamas despacio al principio, saboreando el salado muscular. Él gime, "¡Qué buena mamada, morra!", manos en tu cabeza guiando sin forzar. La chupas profundo, garganta relajada, bolas en tu mano apretando suave. El sabor te enloquece, mezcla de piel y deseo. Lo miras desde abajo, ojos conectados en pura pasion obsesiva.

Ya no aguantan más. "Cógeme ya, Marco", suplicas, tumbándote de espaldas, piernas abiertas invitando. Él se pone condón –siempre seguro, wey–, y empuja lento, estirándote delicioso. Su grosor llenándote, pulsando adentro, rozando cada pared sensible. Empieza a bombear, lento primero, sintiendo cada centímetro, luego más rápido, pelvis chocando con la tuya en palmadas húmedas. Sudor gotea de su frente al tuyo, salado en tus labios. Tú clavas uñas en su espalda, dejando marcas rojas. "¡Más duro, pendejo! ¡Hazme tuya!", exiges, y él obedece, follando con furia obsesiva, como si la peli fuera real.

Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como reina, tetas rebotando, control total. Sientes su verga golpeando profundo, clítoris frotándose en su pubis. Él manosea tus nalgas, dedo rozando el ano juguetón. El clímax se acerca otra vez, tuyo y suyo. "¡Me vengo, nena!", gruñe él, y tú explotas con él, coño apretándolo como puño, chorros calientes mezclándose. Gritas, cuerpo convulsionando, olas de placer infinito.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas, respiraciones jadeantes calmándose. Su piel pegada a la tuya, olor a sexo impregnado en todo. Él te besa la frente, "Esa pasion obsesiva pelicula online nos unió, ¿eh?". Tú ríes suave,

Neta, wey, fue lo mejor. Quién sabe qué sigue
. Duermen así, satisfechos, el laptop olvidado con créditos rodando en silencio. La noche deja un sabor dulce, promesa de más obsesiones compartidas.

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