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Pasión de Gavilanes Online Gratis al Desnudo

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Pasión de Gavilanes Online Gratis al Desnudo

Ana se recostó en el sillón de su departamento en Polanco la noche del viernes el aire cargado con el aroma de las velas de vainilla que acababa de encender. La pantalla de su laptop brillaba en la penumbra invitándola a evadirse. Qué chido sería ver algo que me prenda de verdad pensó mientras tecleaba en el buscador pasion de gavilanes online gratis. La telenovela colombiana que tanto revuelo había causado años atrás aparecía en un sitio pirata de inmediato.

Estas escenas de pasión entre los hermanos Reyes y las Urrutia siempre me han puesto la piel chinita neta que si Marco estuviera aquí...

Presionó play y el tema principal inundó la habitación con su ritmo ranchero sensual los violines y guitarras evocando campos abiertos y amores intensos. Ana se mordió el labio inferior al ver a Juan Darío Reyes seduciendo a una mujer con esa mirada de fuego. El calor entre sus piernas empezó a crecer un cosquilleo húmedo que la hizo cruzar las piernas frotándose sutilmente. Vestía solo una camisola de satén negro que rozaba sus pezones endurecidos y unas tangas minúsculas. El sonido de la lluvia fina contra la ventana de su balcón añadía un toque romántico como si el cielo mismo conspirara para su noche solitaria.

De repente la puerta principal se abrió y Marco entró sacudiéndose el agua del cabello empapado. Órale qué chido que llegaste justo ahora se dijo Ana internamente su pulso acelerándose. Él era alto moreno con esa barba incipiente que le raspaba delicioso la piel y un cuerpo forjado en el gimnasio de la colonia. Traía una camisa blanca pegada al torso por la lluvia delineando sus músculos.

Wey ¿qué vergas? ¿Ya estás viendo Pasión de Gavilanes online gratis? —rió Marco dejando su chamarra en la entrada y acercándose con esa sonrisa pícara que la desarmaba.

—Sí carnal neta que esta novela me prende un chorro. Ven siéntate conmigo —lo invitó Ana extendiendo la mano su voz ronca de anticipación.

Marco se dejó caer a su lado el colchón hundiéndose bajo su peso. Su olor a colonia masculina mezclado con lluvia fresca invadió sus fosas nasales haciendo que Ana jadeara bajito. En la pantalla justo pasaba una escena donde los amantes se besaban con furia bajo la tormenta sus cuerpos chocando con pasión salvaje. Marco rodeó la cintura de Ana con un brazo tirándola contra su pecho húmedo.

—Mira cómo se comen vivos esos dos. ¿Quieres que hagamos lo mismo mija? —susurró en su oído el aliento cálido erizando su cuello.

Ana giró el rostro encontrando sus labios en un beso lento profundo. Sus lenguas danzaron probando el sabor salado de la lluvia en él y el dulzor de su gloss de cereza en ella. Las manos de Marco subieron por sus muslos suaves abriéndose paso bajo la camisola hasta rozar el encaje húmedo de sus tangas.

Acto de introducción al deseo el roce era eléctrico un pulso constante que latía en sincronía con la música de la novela. Ana se arqueó gimiendo contra su boca mientras él masajeaba su monte de Venus con dedos expertos.

La tensión creció en el medio acto cuando pausaron el episodio para no perder el hilo pero el fuego ya ardía. Marco se quitó la camisa revelando su pecho velludo y marcado el agua resbalando por sus abdominales como ríos de tentación. Ana lo lamió desde el ombligo hacia arriba saboreando la sal de su piel mezclado con el sudor incipiente.

¡Qué rico sabe este pendejo siempre me moja hasta los huesos!
pensó ella mientras él la despojaba de la camisola dejando sus senos al aire pesados y turgentes.

—Tus chichis están duros corazón —gruñó Marco chupando un pezón rosado succionando con fuerza que la hizo gritar de placer. El sonido de sus labios húmedos contra la piel contrastaba con los gemidos lejanos de la telenovela que habían dejado de fondo. Ana metió la mano en sus jeans sintiendo la verga tiesa palpitante bajo la tela áspera. La apretó masajeándola hasta que él jadeó ¡chinga!.

Se tumbaron en el sillón piernas entrelazadas frotándose con urgencia. El olor a sexo empezaba a impregnar el aire almizclado y dulce como el de las flores tropicales en la novela. Marco bajó las tangas de Ana exponiendo su panocha depilada reluciente de jugos. Metió dos dedos adentro curvándolos contra su punto G mientras lamía su clítoris hinchado. Ella se convulsionó las uñas clavándose en su nuca el placer subiendo en oleadas como la lluvia afuera.

¡Ay Marco no pares neta que me vengo! —suplicó Ana las caderas moviéndose al ritmo de su lengua experta.

Él levantó la vista ojos negros brillantes de lujuria. —Aún no reina quiero follarte como en esa novela.

La levantó en brazos llevándola al sofá amplio donde cayeron enredados. Ana lo desvistió quitándole jeans y bóxers liberando su pinga gruesa venosa goteando precum. La montó a horcajadas frotándola contra su raja húmeda lubricándola antes de hundirse en ella centímetro a centímetro. El estiramiento la llenó por completo un ardor delicioso que la hizo aullar.

En el clímax final cabalgó con furia los senos rebotando sudor perlando sus cuerpos. Marco la sujetaba las nalgas amasándolas mientras embestía desde abajo ¡clac clac clac! el sonido de carne contra carne ahogando la TV. Olía a sexo puro a vainilla quemada y a ellos dos fundidos. Ana sintió el orgasmo llegar como un rayo caderas temblando contrayéndose alrededor de él ordeñándolo.

¡Me vengo cabrón! —gritó arqueándose el placer explotando en estrellas detrás de sus párpados.

Marco la volteó poniéndola a cuatro embistiéndola profundo sus bolas golpeando su clítoris. Unas embestidas más y rugió vaciándose dentro caliente y espeso llenándola hasta desbordar. Colapsaron jadeantes piel pegajosa risas ahogadas mezclándose con el final del episodio en la laptop olvidada.

En el afterglow se acurrucaron bajo una cobija suave Marco besando su frente húmeda. —La mejor Pasión de Gavilanes online gratis que he visto mija —bromeó él.

Ana sonrió el corazón latiendo en paz el cuerpo saciado.

Esto es mejor que cualquier novela la neta pasión real no necesita pantalla
reflexionó mientras la lluvia amainaba afuera dejando un aroma fresco de tierra mojada. Se durmieron así enlazados listos para más episodios y más noches así de ardientes.

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