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Amor Sexo y Pasion Desenfrenada

5442 palabras

Amor Sexo y Pasion Desenfrenada

La noche en Polanco estaba viva, con el bullicio de la gente saliendo de las oficinas y buscando un rato de desmadre. Yo, Ana, acababa de terminar una semana de puro estrés en la chamba, diseñando campañas para una agencia de publicidad. Neta, necesitaba un trago. Entré al bar La Fuente, con sus luces tenues y el olor a tequila reposado flotando en el aire. Me senté en la barra, pedí un margarita con sal, y sentí el fresco del vidrio contra mi palma sudorosa.

Ahí lo vi. Marco, con su sonrisa de pendejo encantador, ojos cafés que brillaban como el chocolate de Oaxaca. Vestía una camisa guayabera ajustada que marcaba sus hombros anchos, y olía a colonia cara mezclada con algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia. Se acercó, "¿Me permites invitarte ese trago, guapa?" dijo con voz ronca, ese acento chilango que me eriza la piel.

Platicamos de todo y nada. De la ciudad que nos ahoga con su tráfico infernal, de cómo el amor a veces es un chiste cruel. Yo le conté de mi ex, ese pendejo que me dejó por una tipa más joven. Él rio bajito, su aliento cálido rozando mi oreja. ¿Qué carajos estoy haciendo? pensé, pero mi cuerpo ya respondía, el corazón latiendo como tambor en una fiesta de pueblo.

Este wey me prende como nadie. ¿Será que por fin encontré ese fuego que tanto anhelo?

La tensión crecía con cada sorbo. Sus dedos rozaron mi mano al pasarme el limón, y sentí un chispazo eléctrico subir por mi brazo. Bailamos salsa en la pista improvisada, sus caderas pegadas a las mías, el sudor perlando su cuello. Olía a hombre, a deseo crudo. Órale, pensé, esto va en serio.

"¿Vienes conmigo a mi depa? Vivo cerquita, en Las Lomas", murmuró al oído, su barba incipiente raspando mi piel. Asentí, el calor entre mis piernas ya era insoportable. Salimos al valet parking, el aire fresco de la noche mexicana nos golpeó, cargado del aroma a jacarandas en flor.

En su coche, un BMW negro reluciente, su mano subió por mi muslo. La falda se arrugó, y sus dedos fuertes apretaron mi carne suave. Puta madre, gemí en silencio. Aparcamos en su penthouse, el elevador subía lento, nuestras bocas chocando en un beso hambriento. Sabía a tequila y menta, su lengua explorando la mía con urgencia.

Adentro, la vista de la ciudad parpadeaba como estrellas caídas. Me quitó el vestido con manos temblorosas, besando cada centímetro de piel expuesta. "Eres preciosa, Ana. Quiero devorarte". Caí en su cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Él se desnudó, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, palpitando de anticipación. La miré, lamiéndome los labios, el olor almizclado de su excitación llenando la habitación.

Empecé por besos suaves en su pecho, saboreando la sal de su sudor. Bajé, mi lengua trazando círculos en su ombligo, luego más abajo. Lo tomé en mi boca, caliente y dura, chupando con ganas, oyendo sus gemidos roncos: "¡Sí, así, mamacita! ¡Chíngame la boca!". El sabor salado me volvía loca, mis jugos empapando mis bragas de encaje.

Esto es amor sexo y pasión en su forma más pura. No hay vuelta atrás.

Me volteó, su boca devorando mis tetas, mordisqueando los pezones duros como piedras. Bajó más, separando mis piernas con rudeza juguetona. Su lengua en mi clítoris fue fuego líquido, lamiendo lento al principio, luego rápido, succionando mis labios hinchados. Grité, arqueando la espalda, el sonido de mis jadeos rebotando en las paredes. Neta, nunca me habían comido así, con esa hambre de lobo.

La intensidad subía. Me puse encima, cabalgándolo despacio al inicio, sintiendo cómo me llenaba por completo, estirándome deliciosamente. Sus manos en mis nalgas, guiándome, el slap slap de piel contra piel. Aceleré, mis caderas girando en círculos, el roce perfecto contra mi punto G. Él gruñía, "¡Más fuerte, carnal! ¡Dame todo!". Sudor goteaba de su frente a mi pecho, mezclándose con el mío.

Cambié de posición, él atrás, penetrándome profundo mientras me jalaba el pelo suave. Cada embestida era un trueno, mi coño apretándolo como vice, oleadas de placer subiendo desde el estómago. Olía a sexo puro, a amor sexo y pasión desenfrenada. ¡Voy a explotar!, pensé, las piernas temblando.

El clímax llegó como avalancha. Grité su nombre, contrayéndome alrededor de él, jugos calientes chorreando. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes, su cuerpo convulsionando contra el mío. Colapsamos, respiraciones entrecortadas, piel pegajosa y brillante.

Después, en la penumbra, fumamos un cigarro en la terraza, la ciudad durmiendo abajo. Su brazo alrededor de mi cintura, besos perezosos en mi sien. "Esto fue increíble, Ana. Quiero más noches así". Sonreí, el corazón lleno. No era solo sexo; había chispa, conexión. Ese amor sexo y pasión que tanto busco.

Me quedé hasta el amanecer, su cabeza en mi regazo, el sol tiñendo el cielo de rosa. Me fui con las piernas flojas, pero el alma ligera. ¿Será el inicio de algo grande? No sé, pero por primera vez en meses, me sentía viva, empoderada, mujer en todo su esplendor.

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