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Pasión Cap 36 Noche de Fuego Prohibido

5875 palabras

Pasión Cap 36 Noche de Fuego Prohibido

Entré al bar en Polanco con el corazón latiéndome como tambor de mariachi. La noche de Guadalajara estaba viva, con ese calor pegajoso que se te pega a la piel como un amante ansioso. Olía a tequila reposado y a jazmín de los anturios en las mesas. Yo, Ana, treinta y tantos, con mi falda negra ajustada que me hacía sentir como una diosa mexica, busqué con la mirada a él. Javier, mi carnal secreto, el vato que me ponía la piel de gallina con solo una sonrisa pícara.

Lo vi en la barra, con su camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar ese pecho moreno y musculoso que tanto me gustaba lamer. Órale, pensé, esta noche va a ser épica. Nos conocimos hace meses en una fiesta de amigos en común, y desde entonces, cada encuentro era como un capítulo nuevo de nuestra propia telenovela erótica. Hoy, en mi cabeza, esto era Pasión Cap 36, el clímax donde todo explotaba en llamas.

Me acerqué, rozando su brazo con mis tetas apenas contenidas en el escote. "¿Qué onda, guapo? ¿Listo pa' quemar la noche?" le dije con voz ronca, oliendo su colonia fresca mezclada con sudor masculino. Él se giró, sus ojos cafés devorándome entera. "Neta, morra, cada vez que te veo me pones como pendejo." Su mano subió por mi muslo bajo la falda, un toque eléctrico que me hizo jadear bajito. El bar zumbaba con risas, clinks de vasos y esa cumbia sensual de fondo que nos invitaba a movernos pegaditos.

Pedimos tequilas con limón y sal, y mientras lamía la sal de su cuello, saboreé esa piel salada, cálida, con un toque de su esencia varonil. "Ven, vámonos de aquí", murmuró él, pagando la cuenta con prisa. Salimos al valet, su mano en mi cintura guiándome al coche, un Mustang negro que rugía como nuestro deseo contenido. Adentro, en el estacionamiento oscuro, me jaló a su regazo. Nuestros labios chocaron en un beso hambriento, lenguas danzando como en un baile de salsa prohibido. Sabía a tequila y a promesas de placer, su barba raspándome deliciosamente la barbilla.

Esto es Pasión Cap 36, pensé mientras sus dedos se colaban bajo mi tanga, rozando mi humedad creciente. El capítulo donde Ana se entrega por completo, sin miedos ni remordimientos.

En su depa en la Zona Rosa, el aire acondicionado nos dio la bienvenida con un soplo fresco contra nuestra piel ardiente. La ciudad brillaba por la ventana, luces neón parpadeando como testigos mudos. Javier me cargó hasta la recámara, tirándome en la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda y a sexo previo. "Quítate todo, reina", ordenó con voz grave, y yo obedecí lento, provocándolo. Mi blusa voló, revelando mis chichis firmes con pezones duros como piedras de obsidiana. La falda siguió, quedando en tanga roja que él arrancó con los dientes, gruñendo de aprobación.

Se desnudó rápido, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, palpitando por mí. Chin, qué pedazo de hombre. Me arrodillé, tomándola en mi boca, saboreando el precum salado que brotaba como néctar. Él gemía, "¡Ay, wey, qué chida chupas!", enredando sus dedos en mi pelo negro largo. El sonido de su respiración agitada, succiones húmedas y mis propios jadeos llenaban la habitación. Olía a nuestra excitación, ese almizcle dulce que enloquece.

Pero no quería acabar así. Lo empujé a la cama, montándome a horcajadas. "Ahora yo mando, carnal", le dije, frotando mi panocha mojada contra su pija dura. Sentí cada vena rozándome el clítoris hinchado, ondas de placer subiendo por mi espina. Bajé despacio, empalándome centímetro a centímetro, gimiendo cuando me llenó por completo. "¡Sí, así, muévete!" rugió él, agarrando mis nalgas con fuerza, amasándolas mientras yo cabalgaba como en un rodeo salvaje.

El sudor nos unía, piel contra piel resbaladiza, slap-slap de cuerpos chocando al ritmo de nuestros corazones desbocados. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones, enviando chispas directas a mi centro. Yo me inclinaba, besándolo feroz, mordiendo su labio inferior. "Te amo así, pinche Javier, neta que me vuelves loca." Él respondía embistiendo desde abajo, profundo, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. El olor de sexo impregnaba todo, mezclado con su sudor y mi jugo chorreando por sus bolas.

La tensión crecía, mis paredes contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. "No pares, estoy cerca..." susurré, acelerando. Él se incorporó, chupando mi cuello, dejando marcas rojas como trofeos. Nuestros gemidos se volvieron gritos ahogados, "¡Córrete conmigo, morra! ¡Dame todo!" El orgasmo me golpeó como un rayo, olas y olas de éxtasis puro, mi concha pulsando, leche caliente salpicando mientras él se vaciaba dentro de mí con un rugido animal. Sentí cada chorro caliente llenándome, prolongando mi placer hasta que colapsé sobre su pecho jadeante.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones calmándose poco a poco. El ventilador del techo giraba perezoso, enfriando nuestras pieles brillantes. Javier me acariciaba la espalda, trazando círculos suaves. "Eso fue Pasión Cap 36, el mejor hasta ahora", murmuró riendo bajito. Yo levanté la cabeza, besando su mandíbula. "Y habrá más, mi rey. Esto apenas empieza."

En la quietud post-coital, con el skyline de la ciudad como fondo, sentí una paz profunda. No era solo sexo; era conexión, fuego compartido que nos unía más cada vez. Me acurruqué contra él, inhalando su aroma ahora mezclado con el nuestro, sabiendo que mañana despertaríamos con ganas de Cap 37. La vida en México es así: apasionada, intensa, llena de sabores y texturas que te hacen vivo. Y con Javier, cada noche era una obra maestra.

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