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Pasiones Reales de los Actores de la Novela Abismo de Pasión

7153 palabras

Pasiones Reales de los Actores de la Novela Abismo de Pasión

El sol del mediodía caía a plomo sobre la hacienda en las afueras de Tequila, Jalisco, donde se filmaba Abismo de Pasión. Elisa Morales, con su vestido blanco ceñido que realzaba sus curvas generosas, repetía su línea por enésima vez. Frente a ella, Marco Ruiz, el galán de ojos oscuros y mandíbula marcada, la miraba con una intensidad que iba más allá del guion. Como actores de la novela Abismo de Pasión, sabían fingir amor, odio y traición, pero hoy el aire entre ellos vibraba con algo crudo, algo que olía a sudor fresco y deseo contenido.

—¡Acción! —gritó el director desde su silla.

Marco se acercó, su mano grande rodeando la cintura de Elisa. Ella sintió el calor de su palma a través de la tela fina, como si quemara directamente sobre su piel morena. Sus labios se rozaron en el beso del guion: apasionado, posesivo. Pero él no se detuvo ahí. Su lengua se coló juguetona, saboreando el dulzor de su gloss de fresa, y ella respondió sin pensarlo, arqueando la espalda contra su pecho firme. El corazón de Elisa latía desbocado, ¿por qué carajos se siente tan neta esto?, pensó mientras inhalaba su aroma a loción de sándalo mezclado con el polvo de la locación.

—¡Corte! Perfecto, ¡eso es oro puro! —el director aplaudió, ajeno a la electricidad que crepitaba.

Marco se apartó despacio, sus ojos clavados en los de ella, pupilas dilatadas como pozos negros. Elisa tragó saliva, notando el bulto evidente en sus jeans ajustados. Wey, este pendejo me trae loca, se dijo, ajustándose el escote donde sus pezones se marcaban traicioneros.

La pausa para lunch llegó como salvación. Los extras charlaban animados sobre tacos de carnitas, pero Elisa solo quería refrescarse. Caminó hacia su tráiler, el viento caliente revolviendo su melena negra. Escuchó pasos detrás.

—Oye, Eli... ¿todo bien? Ese beso... —Marco la alcanzó, su voz ronca como gravel mezclado con tequila.

Ella se giró, el sol delineando su silueta voluptuosa. —Sí, wey, todo chido. Pero no me vengas con que no sentiste lo mismo. Como actores de la novela Abismo de Pasión, fingimos todo el día, pero esto... esto es real, ¿verdad?

Él sonrió de lado, ese gesto que volvía locas a las fans. —Neta que sí. Desde el primer día de grabaciones, te veo y se me para solo de pensarte.

Elisa rio bajito, un sonido gutural que erizó la piel de Marco. Lo jaló del brazo hacia su tráiler, el corazón galopando. Dentro, el aire acondicionado zumbaba suave, oliendo a su perfume floral y a café recién hecho. Cerró la puerta con seguro, y en segundos, sus bocas chocaron. Besos hambrientos, lenguas enredadas, dientes mordisqueando labios hinchados. Las manos de él subieron por sus muslos, arrugando el vestido hasta la cadera, rozando la renda de sus tangas húmedas.

¡Qué rico se siente su toque, como si me conociera de toda la vida! No puedo parar, no quiero parar.

Marco la levantó sin esfuerzo, sentándola en la mesita de maquillaje. Sus dedos expertos bajaron el vestido, liberando sus senos llenos, pezones duros como piedras de obsidiana. Los lamió con devoción, chupando uno mientras pellizcaba el otro. Elisa jadeó, el sonido ecoando en el tráiler confinado. —¡Ay, cabrón, no pares! —gimió, clavando uñas en su nuca.

Él se arrodilló, besando su vientre suave, bajando hasta el monte de Venus cubierto de vello recortado. El olor a su excitación lo invadió: almizcle dulce, salado, adictivo. Separó sus piernas, inhalando profundo antes de lamer su clítoris hinchado. Elisa se arqueó, el placer como rayos eléctricos desde su centro hasta las yemas de los pies. Su lengua es fuego, me va a hacer venir ya. Él succionaba con ritmo, introduciendo dos dedos gruesos que curvaba justo en su punto G, frotando mientras lamía. Ella se corrió gritando su nombre, jugos calientes empapando su barbilla.

Marco se levantó, quitándose la camisa para revelar un torso esculpido por horas en el gym. Elisa lo miró embobada, bajando sus jeans. Su verga saltó libre: gruesa, venosa, goteando precum. —Ven, mámame —gruñó él, y ella obedeció, arrodillándose. La tomó en su boca caliente, saboreando el salado de su piel, lamiendo desde la base hasta la punta sensible. Él gemía ronco, enredando dedos en su pelo. —¡Qué chingona chupas, Eli! Me vas a hacer explotar.

Pero no la dejó terminar. La puso de pie, girándola contra el espejo. Desde atrás, frotó su polla contra su concha empapada, resbalando en sus labios mayores. —Dime que la quieres —susurró en su oído, mordiendo el lóbulo.

—¡Sí, métemela toda, wey! —suplicó ella, empujando las nalgas contra él.

Entró de un solo embiste, llenándola por completo. El estiramiento ardiente la hizo gritar de placer. Marco la cogía fuerte, piel contra piel chocando con palmadas húmedas. Sus tetas rebotaban frente al espejo, viéndose follar como en una película privada. Él aceleraba, una mano en su cadera, la otra frotando su clítoris. El sudor les corría por la espalda, mezclándose con el aroma a sexo puro. Es como el abismo del título, me hunde y no quiero salir, pensó Elisa mientras otro orgasmo la sacudía, contrayendo su coño alrededor de él.

Marco gruñó, saliendo justo a tiempo para correrse en su culo redondo, chorros calientes pintando su piel. Se derrumbaron en la cama del tráiler, jadeantes, cuerpos enredados. El ventilador zumbaba sobre ellos, secando el sudor perlado.

—Neta, Eli, esto fue... épico —murmuró él, besando su hombro.

Ella sonrió, trazando círculos en su pecho velludo. —Como actores de la novela Abismo de Pasión, vivimos en un mundo de ficción, pero contigo quiero lo real. ¿Repetimos después de la escena de la tarde?

Él rio, atrayéndola más cerca. El sol bajaba tiñendo el tráiler de naranja, mientras sus pulsos se calmaban. Fuera, el set bullía de actividad, pero adentro, habían encontrado su propio abismo: uno de placer infinito, sin guion ni cortes.

Elisa cerró los ojos, sintiendo su calor envolviéndola. Esto no es solo un polvo, es el inicio de algo que me va a cambiar todo. Marco la besó suave, sus lenguas rozando perezosas, saboreando el afterglow. El aroma a sexo persistía, pegajoso y satisfactorio, prometiendo más noches de pasión desenfrenada.

Cuando el llamado a grabar sonó, se vistieron riendo bajito, arreglándose el pelo desordenado. Salieron del tráiler como si nada, pero sus miradas cómplices lo decían todo. En el set, el director los elogió por su química explosiva, sin imaginar que los actores de la novela Abismo de Pasión ya habían cruzado la línea de la ficción al éxtasis real.

Elisa caminó hacia su marca, sintiendo el leve dolor placentero entre las piernas, el semen seco en su piel como un secreto ardiente. Marco le guiñó un ojo desde el otro lado. Qué chido es esto, pensó ella, lista para fingir de nuevo... mientras planeaba su próximo encuentro privado.

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