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Despertando la Pasion Entre Parejas

6736 palabras

Despertando la Pasion Entre Parejas

El sol del atardecer en Puerto Vallarta te acaricia la piel como un amante impaciente, tiñendo de naranja las olas que rompen suaves contra la playa. Tú y tu carnal, Javier, acaban de llegar a esta casita rentada justo en la orilla, escapando del pinche ajetreo de la Ciudad de México. Hace meses que no se tocan como se debe, entre el trabajo y las broncas cotidianas, pero hoy sientes esa chispa, esa pasion entre parejas que late debajo de la rutina. Él baja las maletas del coche, su camisa pegada al torso por el sudor, marcando cada músculo que tanto te gusta recorrer con las yemas de los dedos.

Qué chulo se ve el wey, piensas mientras lo observas desde la terraza. Javier te mira de reojo, con esa sonrisa pícara que siempre te hace mojar. "¿Qué miras tanto, ricura? ", te dice con voz ronca, acercándose. Su olor a hombre mezclado con sal marina te invade las fosas nasales, y sientes un cosquilleo en el estómago. Lo jalas por la camisa y le das un beso rápido en la boca, saboreando el salado de sus labios. "Nada, pendejo, nomás admirando la vista", respondes juguetona, mordiéndote el labio inferior.

La noche cae como un manto tibio. Preparan una cena sencilla en la cocina abierta: tacos de pescado fresco con limón y cilantro, el aroma picante del chile envolviendo el aire. Se sientan en la mesa de madera rústica, las velas parpadeando y proyectando sombras danzantes en sus rostros. Javier te sirve un vaso de tequila reposado, el líquido ámbar brillando bajo la luz. "Por nosotros, mi amor", brinda él, chocando su vaso contra el tuyo. El alcohol quema tu garganta, subiendo como fuego lento por tu pecho. Hablan de todo y nada: del tráfico en Insurgentes, de esa vez que se perdieron en la playa de Mazatlán, riendo hasta que las miradas se vuelven intensas.

Sus pies se rozan bajo la mesa, un toque casual que enciende todo. Sientes el calor de su piel contra tu tobillo desnudo, y un escalofrío recorre tu espina dorsal.

"Quiero que me toque ya, neta, esta tension me está matando",
piensas, apretando las piernas. Javier lo nota, porque siempre te lee como un libro abierto. Se levanta y pone música en el Bluetooth: un bolero suave de Luis Miguel, esa voz que derrite. "Baila conmigo", te pide, extendiendo la mano. No puedes negarte.

Sus brazos te envuelven la cintura, fuertes y posesivos, pegando tu cuerpo al suyo. Sientes su pecho duro contra tus tetas, el latido de su corazón acelerado sincronizándose con el tuyo. Bailan descalzos en la terraza, la arena tibia aún bajo los pies, el rumor de las olas como fondo perfecto. Su aliento caliente en tu cuello te eriza la piel, y cuando su mano baja un poco más, rozando la curva de tu nalga, gimes bajito. "Javi...", susurras, tu voz temblorosa de deseo. Él responde mordisqueando tu oreja: "Te he extrañado tanto, mi reina. Quiero comerte entera". El beso que sigue es hambriento, lenguas enredándose con sabor a tequila y anhelo, tus manos enredadas en su pelo revuelto.

La tension crece como una tormenta. Lo empujas hacia adentro, hacia la recámara con vista al mar. La cama king size los espera, sábanas blancas crujientes oliendo a lavanda fresca. Javier te quita la blusa con urgencia pero sin rudeza, sus ojos devorando cada centímetro de tu piel expuesta. "Estás preciosa, pinche diosa", murmura, besando tu clavícula. Tus pezones se endurecen al aire salobre que entra por la ventana abierta, y cuando su boca los alcanza, chupando suave al principio y luego con más fuerza, arqueas la espalda gimiendo. Qué rico se siente su lengua, caliente y húmeda, haciendo círculos perfectos.

Tus manos bajan a su pantalón, desabrochándolo con dedos temblorosos. Su verga salta libre, dura como piedra, palpitando contra tu palma. La acaricias despacio, sintiendo las venas hinchadas, el calor que irradia. "Sí, así, mi amor", gruñe él, su voz grave enviando vibras directo a tu panocha. Te recuestas, abriendo las piernas invitadora, y él se arrodilla entre ellas. Su aliento roza tu clítoris antes de que su lengua lo lama, saboreando tu humedad. El placer es eléctrico, oleadas que te hacen jadear. "¡Más, pendejo, no pares!", le ruegas, jalando su cabeza. Él obedece, metiendo dos dedos dentro de ti, curvándolos justo en ese punto que te vuelve loca. El sonido húmedo de tus jugos mezclados con sus succiones llena la habitación, junto a tus gemidos y el lejano romper de las olas.

Pero no quieres acabar así. Lo jalas arriba, guiando su verga a tu entrada. "Cógeme ya, Javier", le ordenas empoderada, tus uñas clavándose en su espalda. Él entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Sientes cada pulgada llenándote, el roce perfecto contra tus paredes internas. Gime fuerte cuando está todo adentro, sus caderas empezando a moverse en un ritmo lento, profundo. El sudor perla sus frentes, goteando salado sobre tu piel. Aceleran juntos, piel contra piel chocando con palmadas húmedas, tus tetas rebotando con cada embestida.

"Esta es la pasion entre parejas de verdad, cruda y real, la que nos une más que nada",
piensas en medio del éxtasis.

Cambian de posición: tú encima, cabalgándolo como amazona. Tus caderas giran, frotando tu clítoris contra su pubis, el placer acumulándose como una ola gigante. Él te agarra el culazo, amasándolo, y chupa tus tetas mientras subes y bajas. "¡Qué rico te sientes, tan apretadita!", jadea. Tú respondes acelerando, el orgasmo acercándose como un tren. Lo sientes venir primero en él: su verga se hincha más, sus gemidos se vuelven rugidos. "¡Me vengo, mi amor!", anuncia, y el calor de su leche inundándote te empuja al borde. Explotas en un clímax brutal, contrayéndote alrededor de él, gritando su nombre mientras estrellas estallan detrás de tus párpados. Las olas del mar parecen sincronizarse con vuestros espasmos, el viento trayendo olor a yodo y sexo.

Colapsan juntos, exhaustos y satisfechos, su peso cómodo sobre ti. El afterglow es puro: besos suaves, caricias perezosas en la piel aún sensible. Javier te aparta el pelo sudoroso de la cara, mirándote con ojos llenos de ternura. "Te amo, wey. Esto es lo que necesitaba", susurra. Tú sonríes, saboreando el beso lento que sella el momento. Afuera, la luna ilumina la playa desierta, testigo de cómo han reavivado esa pasion entre parejas que los mantiene vivos. Duermen abrazados, con el corazón latiendo al unísono, sabiendo que mañana habrá más.

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