Cancion La Pasion Sarah Brightman y Fernando Lima
La noche en tu depa de la Condesa huele a jazmín del jardín de abajo y a esa vela de vainilla que prendiste hace rato. Tú, con tu camisa desabotonada a medias, te recargas en la barra de la cocina abierta, viendo cómo Sofia se mueve por la sala con ese vestido negro ceñido que le marca las curvas como si fuera hecho a mano para ella. Órale, qué chula está esta noche, piensas, mientras el sonido de la ciudad allá afuera se filtra suave, como un murmullo lejano de cláxones y risas.
Sofia te mira con esos ojos cafés que brillan bajo la luz tenue de las lamparitas led. Tiene el pelo suelto, negro azabache cayéndole por la espalda, y un aroma a perfume de gardenias que te llega directo al pecho. "Ven pa'cá, guapo", te dice con esa voz ronca que siempre te pone la piel chinita. Tú sonríes, sientes el pulso acelerarse un poquito, y te acercas. Sus manos suben por tu pecho, frescas y suaves, rozando los vellos que asoman por la camisa.
Enciendes el sonido Bluetooth del parlante, y la playlist que armaste empieza a rodar. Baladas suaves, ritmos que invitan a lo lento. De repente, la voz etérea de Sarah Brightman llena el aire, entrelazándose con la de Fernando Lima en cancion La Pasion Sarah Brightman y Fernando Lima. Esa melodía operática, apasionada, con notas que suben como un suspiro ahogado, te envuelve a los dos. "Me encanta esta rola", murmura Sofia contra tu cuello, su aliento cálido oliendo a vino tinto que acaban de catar.
Esta canción siempre me prende, como si me susurrara secretos al oído, piensas tú, mientras tus manos bajan por su cintura, sintiendo la tela delgada del vestido que se arruga bajo tus dedos.
El primer acto de la noche apenas comienza. La bailan pegaditos, sus caderas rozando las tuyas en un vaivén que imita el ritmo de la canción. Sientes su calor a través de la ropa, el latido de su corazón contra tu pecho acelerándose al compás de esas voces que parecen gemir de placer. "Estás cañón esta noche", le susurras al oído, mordisqueándole suave el lóbulo. Ella ríe bajito, un sonido que vibra en tu piel, y te besa el cuello, saboreando el salado de tu sudor fresco.
La tensión crece poquito a poquito. Sus uñas arañan leve tu espalda mientras la canción llega a su clímax vocal, esas notas altas que erizan la piel. Tú deslizas una mano por su muslo, subiendo el vestido centímetro a centímetro, sintiendo la suavidad de su piel morena, tibia como arena caliente del mar. "No pares", te pide ella, su voz entrecortada, y tú no paras. La besas con hambre, lenguas danzando, gusto a vino y a ella misma, dulce y salada.
La llevas al sofá de piel suave, que cruje bajo su peso cuando se sienta a horcajadas sobre ti. La canción termina y pasa a otra, pero el eco de La Pasion queda flotando, como un hechizo. Sofia se quita el vestido despacio, revelando lencería roja que contrasta con su piel canela. Pinche diosa, piensas, admirando sus senos firmes, los pezones ya duros rozando el encaje. Tus manos los acarician, sintiendo su peso, su elasticidad, mientras ella gime bajito, arqueando la espalda.
Acto dos, la escalada. La tumba suave sobre los cojines, besando su cuello, bajando por el valle entre sus pechos. El olor de su excitación sube, almizclado y embriagador, mezclándose con el jazmín. Le quitas el brasier con dientes, juguetón, y chupas un pezón, rodándolo con la lengua, saboreando su dureza. "¡Ay, wey, qué rico!", exclama ella, enredando los dedos en tu pelo, tirando suave para guiarte. Tú bajas más, besando su vientre plano, lamiendo el ombligo, hasta llegar al borde de las panties.
Se las quitas despacio, admirando su sexo depilado, reluciente de humedad. El dedo corazón roza su clítoris hinchado, y ella jadea, las caderas levantándose. "Sí, ahí, cabrón", murmura, y tú obedeces, metiendo la lengua, probando su néctar salado-dulce, chupando suave al ritmo de tu pulso acelerado. Sientes sus muslos temblar apretando tu cabeza, oyes sus gemidos que suben como la melodía de la canción que ahora suena de nuevo en loop, porque la pusiste en repeat sin darte cuenta.
No aguanto más, esta morra me va a volver loco con sus sabores y sus sonidos, reflexionas en medio del torbellino, mientras dos dedos entran en ella, curvándose para tocar ese punto que la hace gritar.
Sofia se retuerce, sus uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas rojas que arden rico. "Te quiero adentro, ya", exige, tirando de tu pantalón. Tú te lo quitas rápido, tu verga dura saltando libre, palpitante, venosa. Ella la agarra, masturbándote lento, el tacto de su mano caliente y firme enviando chispas por tu espina. "Qué verga más chingona tienes", dice con picardía mexicana, lamiéndola de abajo arriba, saboreando la gota precorial salada.
La pones de rodillas en el sofá, entrando despacio desde atrás, sintiendo su calor envolvente, apretado y húmedo. "¡Carajo, qué prieta!", gruñes, embistiendo suave al principio, el slap de piel contra piel uniéndose a la música. Ella empuja hacia atrás, pidiendo más, más rápido. Sudor perla vuestras pieles, goteando, oliendo a sexo puro, a deseo animal. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona, senos rebotando, pelo volando. Tú agarras sus nalgas, amasándolas, sintiendo el músculo contraerse.
La intensidad sube, el aire cargado de jadeos, de "más, fóllame duro", de "pinche rico que te sientes". La canción de Sarah Brightman y Fernando Lima llega otra vez a su parte más pasional, y coinciden en el ritmo, vuestros cuerpos sincronizados en una danza erótica. Tus bolas se aprietan, sientes el orgasmo venir como ola, pero aguantas, queriendo que ella llegue primero.
"Me vengo, amor, me vengo", grita Sofia, su coño contrayéndose en espasmos alrededor de ti, ordeñándote. Eso te lanza al borde: explotas dentro, chorros calientes llenándola, gruñendo su nombre mientras el placer te sacude como terremoto. Cuerpos temblando pegados, sudados, el corazón latiendo al unísono.
Acto final, el afterglow. Se derrumban en el sofá, ella acurrucada en tu pecho, piel pegajosa y tibia. La canción fadea out, dejando silencio roto solo por respiraciones calmándose. Besas su frente, oliendo su pelo, sintiendo su mano trazando círculos perezosos en tu abdomen. "Esa cancion La Pasion Sarah Brightman y Fernando Lima siempre nos prende el desmadre", dice riendo bajito.
Qué chido es esto, tenerla así, satisfecha y mía, con el sabor de ella todavía en mi boca, piensas, mientras el jazmín del jardín entra por la ventana abierta, mezclándose con el olor a sexo satisfecho.
Se levantan despacio, envueltos en una sábana, rumbo a la regadera. Agua caliente cae sobre vuestros cuerpos, jabón de coco espumando, manos explorando de nuevo pero suave, caricias póstumas. "Te amo, cabrón", murmura ella bajo el chorro, y tú respondes con un beso profundo, saboreando la promesa de más noches así. La pasión de la canción queda grabada en vuestras memorias, un himno privado que despierta fuegos dormidos. En la Condesa, bajo las estrellas mexicanas, todo es perfecto, consensual, ardiente y eterno.