Libro del Diario de una Pasion Ardiente
Todo empezó en el tianguis de Coyoacán una tarde de esas que el sol pica como chile en nogada. Yo Ana Treviño veintiocho años morra de clase media que trabaja en una agencia de diseño en la Roma estaba hurgando entre pilas de libros viejos polvorientos cuando lo vi. El libro de el diario de una pasion rezaba el lomo gastado con letras doradas medio borradas. No era un libro cualquiera neta parecía un diario en blanco pero con promesas de fuego en cada página en blanco. Lo compré por cien varos sin pensarlo dos veces. Esa noche en mi depa chiquito pero chulo con vista al Parque México me senté con un mezcal en la mano y abrí el cuaderno.
Hoy 15 de mayo. Este libro de el diario de una pasion va a ser testigo de lo que siento. Hace tiempo que no me late nada carnal neta estoy seca como cactus en el desierto. Quiero pasión quiero piel sudor besos que quemen. ¿Dónde está ese cabrón que me haga volar?
Al día siguiente en el café de la esquina cerca de mi oficina vi a Diego. Alto moreno ojos cafés que te clavan como tequila reposado. Estaba leyendo un libro de Octavio Paz pero con esa sonrisa pícara que dice ven pa'cá morra. Le eché plática casual sobre libros y de filipino nos pusimos a charlar de todo. Era arquitecto de Guadalajara radicado en la capi por trabajo. Neta conectamos al instante. Su voz grave con acento norteño me erizaba la piel y olía a sándalo mezclado con café recién molido. Me invitó a cenar esa misma noche y yo dije que sí sin chistar.
La cena fue en un restaurante en Polanco con velitas y música de mariachi suave. Hablamos de la vida de pendejadas que nos han pasado de sueños locos. Su mano rozó la mía al pasar el pan y sentí un chispazo eléctrico que me subió por el brazo directo al pecho. ¿Qué pedo con este wey? pensé mientras mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Al salir caminamos por las calles empedradas el aire fresco de la noche trayendo olor a jazmín de algún jardín cercano. Me tomó de la cintura suave pero firme y me besó. Sus labios carnosos calientes con sabor a vino tinto y canela. Mi lengua bailó con la suya lento juguetona explorando cada rincón de su boca. Gemí bajito sin querer y él me apretó más contra su cuerpo duro musculoso. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre y una ola de calor me mojó entre las piernas.
Volvimos a mi depa en su coche un Tsuru viejo pero limpio con radio sintonizado en cumbia rebajada que nos ponía más calientes. Apenas cerré la puerta me empujó contra la pared besándome con hambre devoradora. Sus manos grandes recorrían mi espalda bajando a mis nalgas apretándolas con fuerza jugosas. ¡Qué rico wey qué chingón! Olía a su sudor masculino mezclado con mi perfume de vainilla. Me quitó la blusa despacio besando mi cuello chupando mi lóbulo de oreja mientras yo le desabrochaba la camisa revelando un pecho velludo tatuado con un águila azteca. Sus pezones duros bajo mis dedos yo los lamí mordisqueé saboreando sal y piel tostada por el sol.
16 de mayo. Diego me tiene loca neta. Su boca en mi cuello me hace temblar. Quiero más quiero que me folle hasta el cansancio. Este diario guarda mis secretos mi pasión desatada.
En la cama todo escaló. Me recostó suave sus ojos clavados en los míos pidiendo permiso. Asentí mordiéndome el labio y él sonrió lobuno. Bajó mi brasier liberando mis tetas grandes redondas con pezones cafés erectos. Los succionó uno a uno lamiendo chupando tirando suave con los dientes hasta que arqueé la espalda gimiendo su nombre. Diego ay Diego. Mis manos enredadas en su pelo negro revuelto tirando suave guiándolo. Bajó más besando mi vientre plano lamiente el ombligo con lengua juguetona. Desabrochó mis jeans deslizándolos con mi tanga de encaje negro. Mi panocha depilada húmeda reluciente lo recibió. Él inhaló profundo qué rico hueles a mujer en celo murmuró con voz ronca.
Su lengua experta separó mis labios mayores lamiendo mi clítoris hinchado en círculos lentos torturantes. Gemí fuerte mis caderas moviéndose solas contra su boca. Saboreaba mis jugos dulces salados chupando succionando metiendo la lengua adentro follándome con ella. Introdujo dos dedos gruesos curvándolos tocando ese punto G que me hace ver estrellas. ¡No pares cabrón no pares! grité mientras el orgasmo me sacudía ondas de placer puro líquido fuego recorriendo mis venas. Él lamió todo bebiendo mi corrida como néctar.
Ahora yo quería devorarlo. Lo volteé empujándolo a la cama. Le quité el pantalón y bóxer revelando su verga gruesa venosa de unos veinte centímetros tiesa palpitante con gota de pré-semen en la punta. La tomé en mi mano suave piel aterciopelada sobre acero caliente. La lamí desde la base hasta la cabeza saboreando su sabor almizclado masculino. La chupé metiéndomela hasta la garganta gimiendo vibraciones que lo hicieron gruñir. ¡Qué mamada tan chingona morra! jadeó sus manos en mi cabeza guiando sin forzar. Lo masturbé con la boca saliva resbalando succionando fuerte hasta que estuvo al borde pero lo paré. Quería sentirlo dentro.
La pasión arde como volcán. Su verga en mi boca me enloquece. Este libro de el diario de una pasion captura el fuego que nos consume.
Me monté sobre él frotando mi panocha mojada contra su verga untándola de mis jugos. Bajé despacio centímetro a centímetro estirándome deliciosamente llena completamente. Gemimos al unísono. Empecé a cabalgar lento subiendo bajando sintiendo cada vena cada pulso. Sus manos en mis tetas amasándolas pellizcando pezones. Aceleré rebotando fuerte piel contra piel cachetadas húmedas sonidos obscenos. Sudor perlando nuestros cuerpos olor a sexo puro animal. Él se incorporó mamando mis tetas mientras yo lo cabalgaba salvaje. Cambiamos él encima embistiéndome profundo fuerte mis piernas enredadas en su cintura uñas clavadas en su espalda.
Más fuerte Diego fóllame duro supliqué y él obedeció pistoneando como máquina jadeando mi nombre. El clímax nos alcanzó juntos yo contrayéndome ordeñando su verga él explotando dentro chorros calientes inundándome. Grité su nombre él rugió el mío colapsando sobre mí besándome posesivo tierno. Nuestros cuerpos pegajosos de sudor semen jugos temblando en afterglow.
Después nos bañamos juntos agua caliente cayendo sobre nosotros jabón resbaloso manos explorando de nuevo pero suave cariñoso. Secos en la cama él me abrazó oliendo mi pelo. Eres increíble Ana neta nunca había sentido algo así susurró. Yo sonreí besando su pecho. Saqué el libro de el diario de una pasion de la mesita y escribí mientras él dormía.
17 de mayo. La pasión se hizo carne con Diego. Su semen aún dentro de mí me hace sonreír. Este diario es nuestro testigo de noches eternas. Quiero más quiero todo con él. La vida por fin arde.
Desde esa noche Diego y yo somos inseparables. Paseamos por Chapultepec follamos en su depa en el mío en un hotel en Cuernavaca. Cada vez más intensos más conectados. El libro sigue llenándose de nuestras locuras de esa pasión que no se apaga. Neta encontré mi fuego mi hombre mi todo. Y todo empezó con ese hallazgo en el tianguis ese libro de el diario de una pasion que cambió mi mundo para siempre.