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Abismo de Pasion Capitulos Completos Youtube

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El sol de La Bonita caía como una caricia ardiente sobre la playa, tiñendo el arena de dorado y el mar de un azul profundo que invitaba a perderse. Mariana, con su piel morena brillando bajo el sudor ligero de la tarde, se recostó en la hamaca de la terraza de la villa. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los hombres y una vida en la ciudad que la había hecho fuerte, independiente. Pero aquí, en este paraíso michoacano, buscaba algo más: el fuego que había dejado atrás hace años.

Abrió su laptop, el ventilador zumbando suave como un susurro. Abismo de pasion capitulos completos youtube, tecleó en la barra de búsqueda. Neta, esa telenovela vieja la había marcado en la adolescencia, con sus pasiones desbordadas y amores imposibles. Los episodios cargaron rápido, y mientras el primer capítulo empezaba, el aroma salino del mar se coló por las ventanas abiertas, mezclándose con el perfume de jazmín del jardín. Su corazón latió más fuerte al recordar a Alejandro, el wey que la había iniciado en el placer, allá por los veinte.

¿Y si regresa? ¿Y si este viaje es para encontrarlo?

El video pausó cuando oyó pasos en la arena. Levantó la vista y ahí estaba él: Alejandro, más guapo que nunca, con el torso desnudo marcado por músculos labrados en el surf, el cabello negro revuelto por la brisa y una sonrisa pícara que le aceleró el pulso. Llevaba una cerveza en la mano, el vidrio empañado goteando frío sobre su piel caliente.

Órale, Mariana, ¿todavía viendo esas novelas locas? dijo él, con esa voz grave que le erizaba la piel. Se acercó, su olor a mar y loción masculina invadiéndola como una ola.

Ella rio, cerrando la laptop a medias. No seas pendejo, Ale. Es abismo de pasion capitulos completos youtube, puro vicio nostálgico. Siéntate, wey.

Acto uno de su propia historia acababa de empezar. Se sentaron juntos en la hamaca, las piernas rozándose accidentalmente al principio, luego con intención. El sol bajaba, pintando el cielo de naranjas y rosas, mientras charlaban de todo y nada: la ciudad que la había cambiado, las olas que lo mantenían libre. Cada roce enviaba chispas; su muslo contra el de ella, cálido y firme, hacía que Mariana sintiera un cosquilleo traicionero entre las piernas.

Te extrañé, neta, murmuró él, girando el rostro. Sus ojos cafés la devoraban, y ella sintió el calor subirle por el cuello.

La tensión crecía como la marea. Mariana lo miró, recordando noches pasadas donde sus cuerpos se habían enredado sin prisa.

Entraron a la villa cuando el crepúsculo los envolvió. El aire dentro olía a madera pulida y velas de coco que ella había encendido. Alejandro la tomó de la cintura, suave pero firme, y la besó. Sus labios eran salados, urgentes, saboreando a cerveza y deseo puro. Mariana respondió con hambre, las manos en su cabello, tirando leve para profundizar el beso. Su lengua sabe a aventura, pensó, mientras un gemido se le escapaba.

Las manos de él bajaron por su espalda, desatando el nudo de su pareo. La tela cayó como una cascada, dejando su cuerpo expuesto: pechos llenos con pezones oscuros endureciéndose al aire fresco, caderas anchas invitando al toque. Eres más chingona que nunca, mi reina, ronroneó él contra su cuello, mordisqueando la piel sensible. El aliento caliente le provocó escalofríos deliciosos.

Ella lo empujó hacia el sofá amplio, riendo. Quítate la chamba, pendejo. Quiero verte todo. Alejandro obedeció, quitándose el short con una lentitud tortuosa. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, ya dura como piedra, apuntando hacia ella. Mariana la miró, lamiéndose los labios, el pulso latiéndole en la garganta. Se arrodilló, el piso fresco contra sus rodillas, y la tomó en la mano. Estaba caliente, palpitante, con un olor almizclado que la mareaba de lujuria.

¡Qué rica verga, tan mía!

Lo lamió desde la base, lengua plana saboreando la piel salada, hasta la punta donde una gota perlina brillaba. Él gruñó, las manos en su cabeza guiándola suave. Así, mi amor, chúpamela rico. Ella succionó, labios estirados alrededor de su grosor, la boca llena de él, gimiendo con cada embestida controlada. El sonido húmedo de su mamada llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos roncos. Sus bolas pesadas rozaban su barbilla, y ella las masajeó, sintiendo cómo se tensaban.

Pero no quería que terminara aún. Se levantó, lo montó a horcajadas, frotando su panocha húmeda contra su verga. Estaba empapada, los labios hinchados rozando la dureza, lubricándose mutuamente. Cógeme ya, Ale. No aguanto, suplicó ella, voz entrecortada. Él la penetró de un empujón lento, abriéndola centímetro a centímetro. ¡Ay, cabrón, qué grande! El estiramiento ardía placer, llenándola por completo, su clítoris presionado contra su pubis.

Empezaron a moverse, ella cabalgando con ritmo salvaje, pechos rebotando, sudor perlando sus cuerpos. El slap-slap de piel contra piel resonaba como olas rompiendo, el aroma de sexo saturando el aire: almizcle, sudor, esencia floral de su excitación. Alejandro la agarraba las nalgas, amasándolas fuerte, dedos hundiéndose en la carne suave. Estás tan mojada, tan apretada... ¡me vas a volver loco!

Cambiaron posiciones en la alfombra mullida. Él encima, embistiendo profundo, cada thrust golpeando su punto G con precisión. Mariana clavó uñas en su espalda, dejando surcos rojos, piernas enredadas en su cintura. Sentía cada vena de su verga frotando sus paredes internas, el placer acumulándose como tormenta. Más duro, wey, hazme gritar. Él aceleró, gruñendo como animal, el sudor goteando de su frente a sus pechos.

La tensión escalaba, espirales de calor en su vientre. Ella se tocó el clítoris, círculos rápidos, mientras él la follaba sin piedad. Ya vengo, ¡órale! El orgasmo la golpeó como tsunami: músculos contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando, un grito gutural escapando su garganta. Olas de éxtasis la sacudieron, visión borrosa, cuerpo temblando.

Alejandro la siguió segundos después, hinchándose dentro, chorros calientes inundándola. ¡Me vengo, carajo! Rugió, colapsando sobre ella, pulsos compartidos latiendo al unísono.

En el afterglow, yacían enredados, piel pegajosa enfriándose al aire nocturno. El mar susurraba afuera, testigo de su unión. Mariana trazó círculos en su pecho, oyendo su corazón calmarse.

Esto fue mejor que cualquier capítulo de abismo de pasion capitulos completos youtube, susurró ella, besándolo suave.

Él rio bajito. Nuestro abismo es real, mi vida. Y apenas empieza.

Se durmieron así, envueltos en sábanas revueltas, el sabor de sus cuerpos aún en la lengua, el eco de placer resonando en sus almas. Mañana habría más, porque este deseo no tenía fin.

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