Pasión Cap 54 El Susurro Ardiente
La noche en la Ciudad de México se sentía como un abrazo caliente y pegajoso. Yo, Ana, acababa de llegar a ese departamento en Polanco que Marco había rentado solo para nosotros. El aire olía a jazmín del jardín de abajo y a la comida callejera que subía desde la avenida. Llevábamos semanas sin vernos, con el pinche trabajo jodiéndonos la vida, pero esta vez nada nos iba a interrumpir. Pasión Cap 54, pensé mientras subía en el elevador, recordando cómo él me había mandado un mensajito esa mañana: "Hoy escribimos el siguiente capítulo de nuestra historia, mi reina". Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.
Marco me abrió la puerta con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Vestía una camisa blanca ajustada que marcaba sus pectorales y unos jeans que le quedaban como pintados. "¡Ven acá, mamacita!", me dijo, jalándome hacia él con fuerza juguetona. Su boca se estrelló contra la mía, saboreando a tequila reposado y a menta fresca. Sus manos grandes me recorrieron la espalda, bajando hasta mi culo, apretándolo con esa posesión que me encanta. Olía a su colonia favorita, esa que me recuerda las noches en la playa de Puerto Vallarta, sal y sudor mezclado.
Nos separamos un segundo para mirarnos. Sus ojos cafés brillaban con hambre. "¿Lista para Pasión Cap 54, mi amor?", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel suave. Yo reí bajito, sintiendo el calor subir por mi vientre. "Más que lista, wey. Pero primero, ¿qué traes de cenar? Tengo un hambre que ni te imaginas". Él me guió a la terraza, donde había puesto una mesa con tacos de arrachera jugosos, guacamole cremoso y una botella de mezcal artesanal de Oaxaca. Nos sentamos, pero la tensión era palpable. Cada bocado era una excusa para rozar dedos, para lamer salsa de los labios del otro. El viento nocturno jugaba con mi vestido rojo, subiéndolo un poquito, y él no quitaba la vista de mis muslos.
¿Por qué este hombre me pone así de loca?, pensé mientras masticaba un taco. Su voz grave contándome chismes del trabajo, su risa ronca... Todo en él grita sexo. Quiero que me desnude ya, que me haga suya en cada rincón de este depa.
La cena se alargó, pero el deseo crecía como tormenta en el desierto. Terminamos el mezcal, y Marco me tomó de la mano. "Ven, te voy a mostrar algo", dijo, llevándome al sillón de la sala. Las luces tenues pintaban sombras en su cara, y el sonido de la ciudad allá abajo era como un rugido lejano. Se sentó y me jaló a su regazo, mis piernas a horcajadas sobre las suyas. Sentí su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela delgada de mi tanga. "Mmm, ya estás lista para mí", gruñó, deslizando una mano bajo mi vestido. Sus dedos encontraron mi humedad, rozando el clítoris con círculos lentos que me hicieron arquear la espalda.
Yo gemí bajito, moviéndome contra su mano. "Marco... no pares, pinche cabrón delicioso". Le desabotoné la camisa, besando su pecho moreno, lamiendo el sudor salado que empezaba a perlar su piel. Él me quitó el vestido de un jalón, dejando mis tetas al aire. Sus labios se cerraron en un pezón, chupándolo fuerte mientras sus dedos se hundían en mí, dos de ellos entrando y saliendo con ritmo experto. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Olía a sexo ya, a esa esencia almizclada que sale cuando el cuerpo pide a gritos ser follado.
Pero no quería que terminara tan rápido. Lo empujé suave hacia atrás y bajé de su regazo, arrodillándome entre sus piernas. "Ahora me toca a mí, mi rey". Le desabroché los jeans, liberando su verga gruesa y venosa, palpitante de ganas. La tomé en mi mano, sintiendo el calor y la dureza, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Marco soltó un "¡Órale, Ana!" entre dientes, enredando sus dedos en mi pelo. La chupé despacio al principio, metiéndomela hasta la garganta, sintiendo cómo se hinchaba más en mi boca. El sabor era puro vicio, su piel suave sobre el acero debajo.
Esto es Pasión Cap 54, nuestra pasión en su punto más alto. Cada mamada, cada caricia, es un capítulo que escribimos juntos. Neta, no hay nada mejor que complacerlo así, verlo retorcerse por mí.
Él no aguantó mucho. Me levantó como si no pesara nada y me llevó al cuarto, tirándome en la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Se quitó la ropa rápido, su cuerpo atlético brillando bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Se colocó entre mis piernas, besándome el vientre, las caderas, hasta llegar a mi centro. Su lengua se hundió en mi panocha, lamiendo con furia, chupando mi clítoris como si fuera un dulce. Grité su nombre, clavando las uñas en su espalda, el placer subiendo en oleadas que me hacían temblar. "¡Sí, así, no pares! ¡Me vengo, Marco!" Y exploté en su boca, mi jugo inundándolo todo, el cuerpo convulsionando en éxtasis.
Aún jadeante, lo jalé hacia arriba. "Fóllame ya, por favor". Él se puso un condón –siempre responsable, mi hombre– y se hundió en mí de un solo empujón. ¡Dios! Esa plenitud, su verga llenándome hasta el fondo, rozando ese punto que me vuelve loca. Empezó a moverse lento, profundo, nuestros cuerpos chocando con un slap slap rítmico. Sudábamos, el olor a sexo y piel caliente impregnaba el aire. Aceleró, follándome duro, mis tetas rebotando con cada estocada. Yo le arañaba la espalda, mordiendo su hombro para no gritar tan fuerte. "¡Más fuerte, pendejo! ¡Dame todo!"
Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas, guiándome mientras yo subía y bajaba, sintiendo su verga pulsar dentro. Nuestros ojos se clavaron, el sudor goteando de su frente a mi pecho. El sonido de la cama crujiendo, nuestros gemidos mezclados con palabras sucias: "¡Qué rica estás, Ana! ¡Tu panocha me aprieta como guante!" Yo respondía: "¡Córrete dentro, amor! ¡Lléname!" El clímax nos golpeó juntos. Él se tensó, gruñendo como animal, llenando el condón con chorros calientes que sentía palpitar. Yo me vine otra vez, el mundo explotando en colores, el placer tan intenso que vi estrellas.
Nos quedamos así, unidos, respirando agitados. Él me besó suave, salado de sudor y lágrimas de placer. "Eso fue Pasión Cap 54, mi vida. La mejor hasta ahora". Rodamos a un lado, él aún dentro de mí, acariciándonos perezosos. El cuarto olía a nosotros, a satisfacción profunda. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero aquí, en este nido, solo existíamos él y yo.
Después, nos duchamos juntos, el agua caliente lavando el sudor pero no el recuerdo. En la cama, envueltos en las sábanas, hablamos de tonterías, de planes para el futuro. Su cabeza en mi pecho, mi mano en su pelo revuelto.
Esto es lo que quiero siempre: pasión que quema pero no destruye, amor que crece con cada capítulo.Me dormí con su respiración calmada contra mi piel, sabiendo que Pasión Cap 54 era solo el principio de muchos más.