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El Libro de las Pasiones del Alma

7287 palabras

El Libro de las Pasiones del Alma

Tú caminas por las calles empedradas del centro de San Miguel de Allende, con el sol calentando tu piel morena y el aroma a pan recién horneado flotando en el aire. Es un sábado perfecto, de esos que te hacen sentir viva, con el corazón latiendo al ritmo de las guitarras lejanas que tocan en la plaza. Entras a esa librería antigua, chiquita pero llena de tesoros polvorientos, donde el olor a papel viejo y tinta te envuelve como un abrazo secreto. Tus ojos se posan en un tomo encuadernado en cuero desgastado, con letras doradas que rezan El Libro de las Pasiones del Alma. Lo tocas, sientes su textura áspera bajo tus dedos, y una corriente te recorre el espinazo. Neta, parece que te llama.

Lo compras sin pensarlo dos veces, porque desde que viste a Marco hace un mes en esa fiesta en la casa de unos amigos, todo en tu vida huele a aventura. Él es ese tipo alto, de ojos cafés intensos y sonrisa pícara que te hace derretir. Vives con él en esa casita colonial con jardín, llena de bugambilias rojas que chorrean pasión por las paredes. Llegas a casa, el sudor perlándote el cuello, y lo encuentras en la sala, recostado en el sofá con una cerveza fría en la mano.

—Órale, mi reina, ¿qué traes ahí? —pregunta él, levantándose con esa gracia felina que te enloquece.

Le muestras el libro, y sus dedos rozan los tuyos al tomarlo. Ya sientes el cosquilleo en el vientre, como si el simple contacto prometiera más. Se sientan juntos en el patio, bajo la sombra de un mezquite, con el viento susurrando entre las hojas y el trino de los pájaros rompiendo el silencio. Abres el libro, y las primeras páginas hablan de un alma atormentada por deseos prohibidos, de toques que queman como fuego y miradas que desnudan el espíritu. Lees en voz alta, tu voz temblando un poquito, y notas cómo Marco se acerca más, su muslo presionando el tuyo, cálido y firme.

El sol se pone, tiñendo el cielo de naranjas y rosas, mientras el libro te va atrapando. Habla de pasiones del alma que se despiertan con un roce, de lenguas que saborean secretos y cuerpos que se funden en éxtasis. Tú sientes tu piel erizándose, el calor subiendo por tus pechos, endureciendo tus pezones bajo la blusa ligera. Marco te mira, sus pupilas dilatadas, y murmura:

—Este pinche libro me está poniendo como loco, mi amor. Es como si estuviera escribiendo nuestra historia.

Te ríes, nerviosa, pero el deseo ya palpita entre tus piernas, húmedo y urgente. Cierras el libro por un momento, lo dejas en la mesita de madera, y sus labios encuentran los tuyos. El beso empieza suave, saboreando el frescor de su boca con un toque de limón de la cerveza, pero pronto se vuelve hambriento, sus lenguas danzando como en las páginas que acabas de leer. Sus manos recorren tu espalda, bajando hasta tus caderas, apretándote contra él. Sientes su verga endureciéndose contra tu vientre, gruesa y caliente, y un gemido se te escapa.

La noche cae suave, con grillos cantando su sinfonía erótica y el aroma de jazmines invadiendo el aire. Entran a la recámara, iluminada solo por la luz de la luna que se cuela por las cortinas de encaje. Marco te quita la blusa despacio, besando cada centímetro de piel que descubre, su aliento caliente en tu cuello haciendo que tiembles. Qué chido se siente esto, piensas, mientras tus uñas se clavan en sus hombros anchos. Él te recuesta en la cama de sábanas frescas, su boca bajando por tu pecho, lamiendo un pezón hasta que arqueas la espalda, gimiendo su nombre.

Pero el libro no se queda atrás. Lo trae de nuevo, lo abre en una página donde el protagonista describe el sabor de la concha de su amante, jugosa y dulce como miel de maguey. Marco te mira con ojos de fuego:

—Déjame probarte como dice aquí, preciosa.

Asientes, abriendo las piernas, tu corazón tronando como tambores aztecas. Él se arrodilla entre tus muslos, inhalando profundo tu aroma almizclado de mujer excitada, mezclado con el jabón de lavanda de la mañana. Su lengua toca tu clítoris primero suave, como una caricia de pluma, y tú jadeas, agarrando las sábanas. El placer sube en olas, su boca chupando, lamiendo, introduciendo la lengua dentro de ti, saboreando tus jugos que fluyen como río en crecida. ¡Virgen santísima, qué rico! gritas en tu mente, tus caderas moviéndose solas contra su cara barbuda que raspa delicioso.

El medio del fuego arde más fuerte. Tú lo jalas arriba, desabrochando su pantalón con dedos temblorosos. Su verga salta libre, venosa y palpitante, con una gota de pre-semen brillando en la punta. La tocas, sintiendo su calor pulsante en tu palma, y él gruñe como animal en celo. Te pones de rodillas, el suelo fresco contra tu piel, y la metes en tu boca, saboreando su salado único, ese sabor macho que te hace mojar más. Chupas despacio al principio, lamiendo el tronco desde la base hasta la cabeza, oyendo sus gemidos roncos que llenan la habitación. Eres una diosa, wey, piensa él, pero tú lo sientes en cómo sus manos enredan en tu pelo, guiándote sin forzar.

La tensión crece, como tormenta en el desierto. El libro está abierto a su lado, páginas susurrando promesas. Lees un fragmento en voz entrecortada mientras lo mamas: las pasiones del alma se desatan cuando los cuerpos se entregan sin reservas. Marco no aguanta más, te voltea boca arriba, y se hunde en ti de un solo empujón suave, llenándote hasta el fondo. Gritas de placer, sintiendo cada vena rozando tus paredes internas, calientes y resbalosas. Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y volviendo a entrar, el sonido húmedo de piel contra piel mezclándose con vuestros jadeos. El olor a sexo impregna el aire, sudor salado y fluidos dulces.

Acélralo, tus piernas alrededor de su cintura, uñas arañando su espalda mientras él te bombea más fuerte, el colchón crujiendo bajo el ritmo. Más, cabrón, dame más, ruegas en silencio, y él obedece, mordiendo tu hombro suave, sus bolas golpeando tu culo con cada estocada. El clímax se acerca como avalancha, tu concha apretándolo, ordeñándolo. Él te besa el cuello, susurrando te amo, mi vida, y explotas primero, olas de éxtasis recorriéndote desde el clítoris hasta la punta de los dedos, gritando su nombre mientras tiemblas. Él te sigue segundos después, gruñendo profundo, su semen caliente inundándote, pulso tras pulso, hasta que se derrumba sobre ti, jadeante.

Quedan así, enredados, piel pegajosa contra piel, corazones galopando al unísono. El libro yace cerrado en la mesita, testigo mudo de las pasiones del alma que acabáis de liberar. Marco te besa la frente, su voz ronca:

—Ese libro es mágico, neta. Despierta todo lo que traemos adentro.

Tú sonríes, acariciando su pecho velludo, sintiendo la paz del afterglow envolverte como manta suave. Afuera, la noche mexicana canta con estrellas brillantes y un viento fresco que trae promesas de más noches así. En tu mente, el libro ya no es solo palabras; es el catalizador de vuestras almas desnudas, entrelazadas para siempre en esta danza de deseo y amor.

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