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Resurreccion de Jesus La Pasion de Cristo Carnal

7475 palabras

Resurreccion de Jesus La Pasion de Cristo Carnal

En las calles empedradas de San Miguel de Allende durante la Semana Santa el aire olía a incienso quemado y a flores de bugambilia marchitas. María caminaba entre la multitud devota vestida con su rebozo negro bordado que le rozaba la piel como una caricia prohibida. Tenía treinta años bien puestos sus curvas maduras apretadas bajo la tela áspera que le recordaba cada Viernes Santo de su vida. Pero este año algo ardía diferente en su pecho un fuego que no era solo fe sino un deseo carnal que la hacía apretar las piernas al sentir el roce del viento caliente entre sus muslos.

¿Por qué hoy siento esto tan cabrón? se preguntaba en silencio mientras la procesión avanzaba con el Cristo cargando la cruz de madera pesada. Los tambores retumbaban como latidos acelerados y el olor a sudor mezclado con cera derretida le llenaba las fosas nasales. María era viuda desde hacía dos años su marido había muerto en un accidente de camion y desde entonces reprimía cualquier antojo carnal rezando novenas para olvidar el vacío en su panocha que palpitaba de vez en cuando en las noches solitarias.

De pronto lo vio. Alto moreno con ojos profundos como pozos de petróleo un hombre que portaba la figura de Jesús en la cruz sobre su hombro desnudo. Su piel brillaba bajo el sol poniente sudor perlando su pecho musculoso y un tatuaje de espinas en el brazo que lo hacía parecer salido de un sueño pecaminoso. Se llamaba Jesús de verdad como el hijo de Dios y cuando sus miradas se cruzaron María sintió un cosquilleo eléctrico desde los pezones hasta el clítoris.

—Órale carnal qué fuerte andas —le dijo ella con voz temblorosa acercándose al final de la procesión cuando la gente se dispersaba.

Él sonrió dejando ver dientes blancos perfectos y bajó la voz para que solo ella oyera.

—Es la fe la que me da fuerza mija. ¿Y tú? ¿Qué te trae por aquí con esa mirada de resucitar muertos?

María se sonrojó pero el calor entre sus piernas la impulsó a seguirlo cuando él la invitó a refrescarse en una posada cercana. El conflicto la carcomía:

Esto es pecado puro pero ¿y si es la voluntad divina? La resurreccion de jesus la pasion de cristo siempre habla de redención ¿no?
pensó mientras entraban al cuarto oscuro con velas parpadeantes y un colchón mullido que olía a sábanas limpias de lavanda.

Acto primero concluía con ellos sentados en la cama bebiendo pulque fresco que sabía a maíz fermentado y dulzor prohibido. Jesús le tomó la mano sus dedos callosos rozando su palma suave enviando ondas de placer por su espina dorsal.

La tensión escalaba lento como la procesión misma. Jesús le contó su vida: carpintero de oficio devoto pero con un lado salvaje que solo mostraba a quien lo merecía. María confesó sus noches de insomnio tocándose furtivamente imaginando manos fuertes como las suyas. El aire se cargaba de feromonas su aliento cálido en su cuello oliendo a pulque y hombre.

Wey no sé si esto sea correcto —murmuró ella pero sus pezones ya endurecidos delataban su mentira.

Él se acercó más su pecho desnudo rozando sus senos a través del rebozo. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba el cuarto como un mantra erótico. Con delicadeza desató el nudo del rebozo dejando caer la tela revelando sus tetas plenas con areolas oscuras hinchadas de anticipación. María jadeó al sentir el aire fresco en su piel caliente y el olor almizclado de su propia excitación subiendo desde su entrepierna húmeda.

Jesús la besó entonces un beso profundo de lenguas enredadas saboreando el pulque en su boca y el salado de sus labios. Sus manos expertas masajearon sus hombros bajando a amasar sus senos pellizcando los pezones con justo la presión que la hacía arquear la espalda. ¡Ay cabrón qué rico! gritó internamente mientras sus caderas se movían solas buscando fricción.

La escalada continuaba. Él la recostó suavemente quitándole la falda larga exponiendo sus muslos carnosos y la tanga empapada que delineaba su panocha hinchada. El tacto de sus dedos trazando círculos en sus labios mayores era fuego líquido olor a sexo inminente flotando en el aire. María le arrancó la camisa oliendo su sudor masculino mezclado con incienso de la procesión un afrodisíaco perfecto.

—Tócame pendejo hazme resucitar —suplicó ella con voz ronca guiando su mano a su centro palpitante.

Jesús obedeció deslizando dos dedos dentro de ella sintiendo las paredes calientes y húmedas que lo succionaban. El sonido chapoteante de su excitación era obsceno delicioso resonando con sus gemidos. Ella le desabrochó el pantalón liberando su verga gruesa venosa erguida como la cruz misma palpitando con venas azuladas y un glande brillante de precum. La tomó en su mano sintiendo el calor pulsante el olor almizclado de su hombría y lo masturbó lento saboreando el poder de hacerlo gruñir.

El clímax psicológico se acercaba. En su mente la resurreccion de jesus la pasion de cristo se transformaba: él era el Cristo sufriente resucitando en su carne ella la Magdalena redimida por placer puro. Se posicionaron en la cama ella encima cabalgándolo con movimientos ondulantes. Sus tetas rebotaban al ritmo sus nalgas chocando contra sus muslos con palmadas sonoras. Él la sujetaba por las caderas guiándola hondo penetrándola hasta el fondo rozando su punto G con cada embestida.

—Más fuerte carnal ¡rómpeme como la tumba se rompió! —gritaba ella oliendo el sexo sudor y velas el sabor de su piel salada en su lengua mientras lo lamía del pecho al cuello.

La intensidad crecía olas de placer construyéndose. Sus pulsos acelerados latían al unísono el cuarto lleno de jadeos resuellos y el crujir de la cama. Ella sintió el orgasmo aproximarse un tsunami desde el clítoris expandiéndose por todo su ser. Él la volteó poniéndola a cuatro patas embistiéndola desde atrás sus bolas golpeando su clítoris con cada thrust profundo. El olor de sus jugos mezclados era embriagador el tacto de su verga estirándola al límite exquisito.

Acto segundo culminaba en la liberación. María explotó primero su panocha contrayéndose en espasmos chorros de squirt empapando las sábanas gritando ¡Ay Diosito resucítame! El sonido de su voz quebrada ecoaba como campanas de gloria. Jesús la siguió gruñendo como un animal descargando chorros calientes dentro de ella llenándola de semen espeso que goteaba por sus muslos el calor inundándola en éxtasis compartido.

En el afterglow se derrumbaron entrelazados piel contra piel pegajosos de sudor y fluidos. El aire olía a sexo satisfecho y paz. María acariciaba su pecho sintiendo su corazón ralentizarse escuchando su respiración profunda.

—Esto fue mi resurrección wey —susurró ella besando su hombro.

Él sonrió trazando círculos en su espalda baja.

—Y la pasión de Cristo carnal solo para ti mija. Volveremos a la procesión mañana pero ahora con este secreto.

Se durmieron así envueltos en sábanas revueltas el eco de la pasión resonando en sus almas. Al amanecer María se sintió renacida no solo en fe sino en deseo pleno lista para más Viernes Santos ardientes. La multitud afuera cantaba aleluyas ajena a la verdadera resurreccion de jesus la pasion de cristo que acababa de ocurrir en esa posada olvidada.

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