Relatos Prohibidos
Inicio Hetero La Protagonista Desnuda de Diarios de una Pasion La Protagonista Desnuda de Diarios de una Pasion

La Protagonista Desnuda de Diarios de una Pasion

7054 palabras

La Protagonista Desnuda de Diarios de una Pasion

El sol de Valle de Bravo se colaba por las cortinas raídas de la cabaña junto al lago, tiñendo todo de un dorado cálido que olía a pino y agua fresca. Hacía diez años que no pisaba este lugar, pero neta, era como si el tiempo no hubiera pasado. Yo, Alejandra, la misma que se escapaba de la ciudad para devorar novelas románticas, me sentía ahora como la protagonista de Diarios de una Pasion, esa historia que me había marcado el alma con su fuego eterno. Llegué sola, con el corazón latiendo fuerte, recordando veranos locos y besos que sabían a mango maduro y sudor salado.

Estacioné el coche viejo que renté en Toluca, el motor rugiendo como un animal cansado. Bajé, el aire fresco me erizó la piel bajo la blusa ligera de algodón. Olía a tierra húmeda después de la lluvia matutina, y un aroma lejano a tortillas recién hechas flotaba desde algún rancho cercano. Caminé hacia la puerta de la cabaña, mis sandalias crujiendo sobre la grava. ¿Y si él no estaba? ¿Y si todo era un sueño tonto de pendeja nostálgica?

La puerta se abrió antes de que tocara. Ahí estaba Diego, más alto, más hombre, con esa sonrisa pícara que me deshacía las rodillas. Sus ojos cafés profundos me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis labios, en el escote que dejaba ver el nacimiento de mis chichis. Llevaba una camisa blanca desabotonada hasta la mitad, revelando un pecho moreno y musculoso por años de remar en el lago. Órale, güey, pensé, sigues siendo el chulo que me robó el aliento.

Hoy volví al lago. Diego me esperaba. Neta, es como si Noah y Allie cobraran vida aquí, en México. Me siento la protagonista de Diarios de una Pasion, lista para reescribir nuestro final con piel y gemidos.

"Ale, mi reina", murmuró con esa voz ronca que vibraba en mi pecho como un tambor. Me jaló hacia él, su cuerpo duro contra el mío, oliendo a jabón de lavanda y hombre puro. Nos abrazamos, y sentí su verga semi-dura presionando mi vientre. Un escalofrío me recorrió la espina, el calor subiendo desde mi panocha como lava.

Entramos a la cabaña, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies. La sala era la misma: sofá viejo, chimenea apagada, fotos nuestras de adolescentes riendo con cervezas en la mano. Nos sentamos cerca, demasiado cerca. Hablamos de todo y nada: el pinche tráfico de la CDMX, trabajos que odiábamos, amores que no duraron. Pero sus ojos no mentían; ardían con deseo viejo.

"Te extrañé, Ale. Cada noche soñaba con tu boca, con cómo te arqueabas cuando te tocaba", confesó, su mano rozando mi muslo desnudo bajo la falda corta. Su piel áspera por el sol me erizó los vellos. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta. Mi corazón tronaba, el pulso latiendo en mi clítoris hinchado. No aguanto más, carnal.

Acto uno del reencuentro: la chispa. Le puse la mano en el pecho, sintiendo su corazón galopando igual que el mío. Nuestros labios se encontraron, suaves al principio, probando sabores conocidos. Sabía a café negro y menta, su lengua invadiendo mi boca con hambre. Gemí bajito, el sonido ahogado por su beso. Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando mi sostén con maestría. Mis chichis libres, pezones duros como piedras, rozando su camisa.

Me levantó en brazos, fuerte como un toro, y me llevó al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas oliendo a sol y detergente fresco. Me tiró suave, riendo. " Eres una diosa, Ale", dijo, quitándose la camisa. Su torso perfecto, abdomen marcado, vello oscuro bajando hasta la cintura del pantalón. Yo me quité la falda, quedando en tanga roja que apenas cubría mi humedad creciente.

Se arrodilló entre mis piernas, besando mi interior de muslos. Su aliento caliente me volvía loca. "Hueles a miel y pecado", gruñó, lamiendo despacio por encima de la tela. El roce de su lengua en mi panocha me hizo arquear la espalda, uñas clavándose en las sábanas. Qué rico, Diego, no pares. El lago afuera chapoteaba contra la orilla, un ritmo hipnótico que marcaba nuestra excitación.

El medio tiempo: la escalada. Me quitó la tanga con dientes, exponiendo mi concha rosada y jugosa. Su lengua experta lamió mi clítoris, chupando suave, luego fuerte. Gemí alto, "¡Ay, cabrón!", mis caderas moviéndose solas. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, en mi punto G. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi vientre. Sudaba, piel pegajosa, olor a sexo llenando el cuarto. Él se masturbaba mientras me comía, su verga enorme palpitando, venosa, goteando pre-semen.

Lo jalé del pelo, lo subí. "Te quiero adentro, ya". Se puso condón –siempre responsable, mi Diego– y se hundió lento en mí. Pinche grueso, estirándome delicioso. Llenándome hasta el fondo. Empezamos a movernos, lento al principio, sintiendo cada centímetro. Sus embestidas profundas, mis paredes apretándolo. Sudor goteando de su frente a mis chichis, salado en mi lengua cuando lo lamí.

Su verga me parte en dos, pero qué chido duele. Soy la protagonista de Diarios de una Pasion, pero esta vez sin dramas, solo puro fuego mexicano.

La intensidad creció. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina. Mis nalgas rebotando contra sus muslos, slap-slap resonando. Él amasaba mis chichis, pellizcando pezones. "¡Más duro, güey!", grité, mi clítoris frotando su pubis. El orgasmo me acechaba, tensión en el bajo vientre como cuerda de guitarra a punto de romperse.

Lo volteé a perrito, mi posición fave. Agarró mis caderas, follando fuerte, huevos golpeando mi clítoris. El cuarto olía a sexo crudo, panocha mojada, verga sudada. Gemidos nuestros mezclados con pájaros cantando afuera. "Me vengo, Ale", jadeó. "¡Yo primero!", respondí, y exploté. Oleadas de placer me sacudieron, chorros mojando sus bolas. Él gruñó, corriéndose dentro del condón, cuerpo temblando contra el mío.

Acto final: el resplandor. Colapsamos, enredados, pieles pegajosas reluciendo bajo la luz del atardecer. Su cabeza en mis chichis, mi mano en su pelo revuelto. Respiraciones calmándose, el lago susurrando paz. Besos suaves ahora, post-sexo tiernos. "Esto no fue un adiós, Ale. Quédate conmigo", murmuró, dedo trazando mi espina.

Me sentía completa, empoderada, como si hubiera reescrito mi propio diario. Fuera de la ventana, el sol se hundía en el agua, tiñendo el cielo de rosa y naranja. Olía a nosotros, a promesas nuevas. Neta, esta vez no lo dejo ir. Soy la protagonista de mi propia pasión, desnuda y libre.

Fin del día uno. Mañana más. Diego es mi Noah, pero con verga mexicana y besos que matan. Diarios de una Pasion, versión real y culera de felicidad.

Nos dormimos así, envueltos en sábanas revueltas, el mundo afuera olvidado. El pulso del lago nos arrullaba, promesa de noches infinitas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.