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Pasión Cap 69

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Pasión Cap 69

La noche en Cancún olía a mar salado y a jazmín fresco, con esa brisa caliente que te eriza la piel como una promesa de placer. Yo, Ana, acababa de llegar al hotel Playa Azul, un paraíso de palmeras y piscinas infinitas donde el sol se fundía con el horizonte. Llevaba un vestido rojo ceñido que marcaba mis curvas, y debajo, solo unas tanguitas de encaje que ya se sentían húmedas solo de pensar en él. Marco, mi carnal de aventuras, me esperaba en la terraza del bar, con esa sonrisa pícara que me deshacía las rodillas.

Órale, nena, me dijo al verme, levantándose para darme un beso que sabía a tequila reposado y a deseo puro. Te ves cañón esta noche. Su voz grave, con ese acento chilango que me volvía loca, me recorrió el cuerpo como una caricia. Nos sentamos en una mesa apartada, con velas parpadeando y el sonido de las olas rompiendo a lo lejos. Pedimos margaritas heladas, y mientras el hielo tintineaba en los vasos, nuestras manos se rozaban bajo la mesa, dedos entrelazados en un juego sutil de tentación.

—Hoy es especial, mi reina —murmuró, acercando su rostro al mío, su aliento cálido contra mi oreja—. Quiero que sea como Pasión Cap 69, ese capítulo que siempre soñamos, donde todo explota en puro fuego.

Sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Pasión Cap 69, nuestra fantasía privada, inspirada en esas novelas eróticas que leíamos a escondidas en la chamba. Capítulo sesenta y nueve, el del éxtasis mutuo, donde los cuerpos se devoran sin prisa. La tensión crecía con cada sorbo, cada mirada que se clavaba en la otra. Su pierna rozaba la mía, subiendo despacio por mi muslo, y yo sentía mi centro palpitar, húmedo y ansioso.

¿Por qué este vato me pone así de loca? Cada vez que me mira, siento que me desnuda con los ojos. Neta, esta noche no hay vuelta atrás.

Acto uno de nuestra noche: la seducción inicial. Hablamos de tonterías, de la playa, del sol que nos quemaba la piel durante el día, pero por debajo bullía el deseo. Su mano en mi rodilla, apretando suave, y yo respondiendo con un gemido ahogado. El aire estaba cargado de sal y de ese aroma almizclado que empezaba a emanar de nosotros.

Al fin, no aguantamos más. Pagamos la cuenta y subimos a la habitación, un suite con balcón al mar, luces tenues y una cama king size que nos llamaba como un imán. Apenas cerramos la puerta, Marco me empujó contra la pared, sus labios devorando los míos en un beso salvaje. Saboreé su lengua, tequila y hombre, mientras sus manos recorrían mi espalda, bajando hasta mi culo para apretarlo con fuerza.

Quítate eso, morra —gruñó, tirando de mi vestido. Lo dejé caer al piso, quedando en encaje negro, pechos erguidos y pezones duros como piedras. Él se desabrochó la camisa, revelando ese torso moreno, músculos marcados por horas en el gym, y un bulto impresionante en sus jeans que me hizo salivar.

Nos movimos a la cama, lentos, saboreando cada segundo. Acto dos: la escalada. Me recostó sobre las sábanas frescas, su boca bajando por mi cuello, lamiendo el sudor salado de mi clavícula. Gemí cuando succionó un pezón, tirando suave con los dientes, enviando chispas directo a mi panocha. Qué rico, cabrón, pensé, arqueando la espalda.

Sus dedos exploraron mi interior, resbaladizos por mi jugo, metiéndose y saliendo en un ritmo que me tenía jadeando. Olía a sexo, a mi excitación dulce y a su piel tostada por el sol. Le bajé los jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo su calor, el pulso acelerado bajo mi palma. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado, mientras él gemía mi nombre como una oración.

Esto es Pasión Cap 69, lo neta. Su sabor, su dureza... me muero por sentirlo todo.

La intensidad subía. Me volteó, poniéndome a cuatro, y su lengua se hundió en mí por detrás, lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis labios hasta que temblaba entera. El sonido de su boca devorándome, chapoteos húmedos mezclados con mis alaridos, llenaba la habitación. Sudábamos, pegajosos, el olor a mar y a deseo impregnando el aire. Introduje su verga en mi boca de nuevo, profunda, garganta relajada, mientras él me comía sin piedad.

Pero queríamos más. El clímax del acto dos: el giro. Marco se recostó, y yo trepé sobre él, girando mi cuerpo en esa posición perfecta, sesenta y nueve. Mi panocha chorreante sobre su cara, su verga tiesa frente a mis labios. Bajé despacio, sintiendo su nariz rozar mi entrada, su lengua invadiéndome al instante. Yo engullí su miembro, mamando con hambre, bolas en mi mano, apretando suave.

El placer era mutuo, eléctrico. Sentía su lengua girando en mi clítoris, dedos abriendo mis nalgas para lamer más profundo, mientras yo lo chupaba como nunca, saliva goteando, garganta contrayéndose. Nuestros gemidos vibraban contra la piel del otro, cuerpos temblando en sincronía. El sudor nos unía, resbaloso, caliente. Olía a sexo puro, almizcle y sal, con el lejano rumor del mar como banda sonora.

¡Ay, wey, no pares! grité, pero mi boca llena lo convertía en un gorgoteo. Él respondía con gruñidos animales, caderas empujando hacia mi cara. La tensión crecía, cojeando al borde, músculos contraídos, pulsos latiendo como tambores. Internalmente, luchaba: Quiero correrme ya, pero aguanta, hazlo eterno.

Acto tres: la liberación. No pude más. Mi orgasmo explotó primero, olas de fuego desde mi centro, jugos inundando su boca mientras gritaba, cuerpo convulsionando sobre él. Él lo siguió segundos después, su verga hinchándose en mi garganta, chorros calientes de semen que tragué ávida, saboreando su esencia salada y espesa. Nos corrimos juntos, en Pasión Cap 69 total, cuerpos arqueados, temblores compartidos hasta el último espasmo.

Caímos exhaustos, yo sobre su pecho, piernas entrelazadas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El afterglow era dulce: besos suaves, caricias perezosas en la piel aún sensible. El aire olía a nosotros, satisfechos, con el mar susurrando bendiciones.

Fue perfecto, mi amor —susurró, besando mi frente húmeda.

Neta, esto es lo que necesitaba. Pasión pura, sin complicaciones, solo nosotros en este paraíso. ¿Capítulo setenta? Mañana lo escribimos.

Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, el corazón latiendo en paz, sabiendo que esta noche había sido inolvidable. Cancún nos arrullaba, y en mi mente, Pasión Cap 69 quedaba grabada para siempre.

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