La Pasión de Mademoiselle S PDF
Me llamo Sofía, pero todos en mi círculo de amigos chilangos y sofisticados me dicen Mademoiselle S, por esa temporada que pasé en París estudiando arte y descubriendo sabores prohibidos de la vida. Vivo en un depa chido en Polanco, con vistas al skyline de la Ciudad de México que se enciende como un fuego lento al atardecer. Esa noche, el aire estaba cargado de jazmín del jardín de abajo y un toque de lluvia fresca que acababa de caer. Mi piel olía a vainilla de mi loción favorita, esa que hace que los hombres volteen dos veces.
Estaba recostada en mi cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia, cuando mi teléfono vibró. Era un mensaje de Alejandro, mi amante intermitente, ese morenazo alto con ojos cafés que me derriten. "Descarga esto, mamacita", decía, con un link. Lo abrí sin pensarlo dos veces. Era un archivo PDF titulado la pasión de mademoiselle s pdf. Neta, mi corazón dio un brinco. ¿Cómo sabía él de mis fantasías más secretas? Lo abrí y las primeras líneas me pusieron la piel chinita: descripciones de una mujer como yo, sedienta de toque, de aliento caliente en el cuello.
Yo era esa mademoiselle, con labios rojos como chile piquín, esperando que un hombre me devorara entera.
Leí un rato, sintiendo cómo el calor subía por mis muslos. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa de seda fina, rozando la tela con cada respiración agitada. Alejandro no tardó en llamar. "Órale, Sofía, ¿ya lo viste? Ese PDF es para ti, inspirado en lo que me contaste de tus noches parisinas". Su voz grave, con ese acento regio que me enloquece, era como terciopelo raspando mi deseo. "Ven por mí, pendejo", le contesté juguetona, mordiéndome el labio. "No me hagas esperar".
Media hora después, la puerta se abrió y ahí estaba él, con camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar su pecho moreno y velludo, pantalón ajustado que marcaba su paquete generoso. Olía a colonia fuerte, a hombre listo para la acción. Me levantó en brazos como si no pesara nada, sus manos grandes apretando mis nalgas firmes bajo el short de pijama. "Estás cañón, Mademoiselle S", murmuró contra mi boca, antes de besarme. Sus labios eran salados, con gusto a tequila que había tomado antes, y su lengua invadió mi boca como una promesa de lo que vendría.
Nos tropezamos hasta la cama, riendo bajito, el sonido de nuestras ropas cayendo al piso como lluvia en el asfalto caliente. Su piel era cálida, áspera por el vello fino en el pecho, y cuando me quitó la blusa, aspiró mi aroma con un gemido gutural. "Qué rico hueles, wey", dijo, lamiendo mi cuello donde latía mi pulso acelerado. Yo arqueé la espalda, sintiendo el roce de sus dedos callosos bajando por mi vientre plano, hasta el borde de mis panties de encaje negro. El PDF que leí flotaba en mi mente: ella se abrió como flor al amanecer, lista para el néctar. Neta, me sentía así, empapada ya, mi concha palpitando de anticipación.
En el medio de la noche, la tensión crecía como tormenta en el Popo. Alejandro me recostó despacio, sus ojos devorándome entera. "Déjame probarte, reina", susurró, separando mis piernas con gentileza. Su aliento caliente rozó mi interior, y cuando su lengua tocó mi clítoris hinchado, grité bajito. Era eléctrico, como chispas en mi piel, el sabor de mi propia excitación mezclado con su saliva. Lamía despacio, círculos expertos que me hacían apretar las sábanas, oliendo a nuestro sudor mezclado con mi vainilla. "¡Ay, cabrón, no pares!", jadeé, mis caderas moviéndose solas contra su boca. Él chupaba mi botón con hambre, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo ahí, en mi punto G, haciendo que chorros de placer me recorrieran.
Mis pensamientos eran un torbellino: este PDF me preparó para esto, para su lengua que sabe exactamente cómo hacerme volar. Lo jalé del pelo, obligándolo a subir, y lo besé saboreándome en él. "Te quiero dentro, ya", le ordené, mi voz ronca de necesidad. Se quitó el pantalón, liberando su verga dura, venosa, gruesa como mi muñeca, con la cabeza brillante de precum. La tomé en mi mano, sintiendo su pulso caliente, el olor almizclado de su excitación masculina invadiendo mis sentidos. La acaricié despacio, viéndolo gemir, sus abdominales contrayéndose.
Me puse encima, cabalgándolo como amazona en su corcel. Su verga entró en mí de un solo empujón, estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. "¡Qué chingona estás adentro, tan apretada y mojada!", gruñó él, sus manos en mis tetas grandes, pellizcando pezones rosados. Yo rebotaba, el slap-slap de mi panocha contra sus bolas resonando en la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Sudábamos, piel resbalosa, el olor a sexo crudo llenando el aire. Sentía cada vena de su polla rozando mis paredes, el roce en mi cervix enviando ondas de éxtasis.
Pero no era solo físico; en mi cabeza, el conflicto latía. ¿Por qué Alejandro me entiende tanto? Ese PDF era como si hubiera leído mi alma. Le conté entre gemidos: "Ese la pasión de mademoiselle s pdf me prendió, wey, pero tú... tú eres real". Él sonrió pillo, volteándome para ponerme a cuatro patas. "Entonces déjame darte la pasión verdadera, mamacita". Embistió fuerte, sus caderas chocando mis nalgas con palmadas sonoras, su verga golpeando profundo. Yo me vine primero, un orgasmo que me sacudió entera, chorros calientes empapando sus bolas, gritando su nombre mientras el mundo explotaba en colores.
Él no paró, follándome con ritmo salvaje, sus manos en mi cintura morena, sudor goteando de su frente a mi espalda. "Me voy a correr, Sofía", avisó, su voz quebrada. "¡Dentro, pendejo, lléname!", le rogué, empujando contra él. Se hinchó más, y sentí los chorros calientes de su leche inundándome, mezclándose con mis jugos, el olor intenso de corrida fresca. Colapsamos juntos, su peso sobre mí reconfortante, nuestros corazones latiendo al unísono como tambores aztecas.
En el afterglow, nos quedamos enredados, el aire fresco de la noche colándose por la ventana, trayendo aroma de tacos de la calle abajo. Él me acariciaba el pelo revuelto, besando mi frente. "Ese PDF fue mi manera de decirte que te extraño, Mademoiselle S. Lo escribí pensando en nosotros". Sonreí, sintiendo una paz profunda, el cuerpo laxo y satisfecho. Neta, esta pasión es eterna, no necesita páginas, pensé, mientras nos dormíamos con su verga aún semi-dura dentro de mí, promesa de más rondas al amanecer.
Al día siguiente, borré el PDF, pero guardé el recuerdo en mi piel, en cada poro que aún olía a él. La pasión de Mademoiselle S no era un archivo digital; era esto, carne viva, susurros en la noche mexicana.