Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Diario de una Pasion Frases Ardientes Diario de una Pasion Frases Ardientes

Diario de una Pasion Frases Ardientes

7012 palabras

Diario de una Pasion Frases Ardientes

Querido diario, hoy empecé a escribirte con un nudo en el estómago y un calor entre las piernas que no se me quita. Todo por él. Se llama Marco, un morro alto, de ojos cafés que te miran como si ya te estuvieran desnudando. Lo vi en el café de la Condesa, ese rinconcito con olor a café de olla y pan dulce fresco. Yo estaba sentada en una mesita, garabateando en ti, cuando entró. Neta, su sonrisa fue como un rayo. Frase ardiente número uno: "Sus labios curvos prometían pecados que mi cuerpo ya anhelaba".

Me miró, yo le devolví la mirada. Órale, qué chulo. Pidió un americano y se sentó cerca. Empezamos a platicar de la vida en la ciudad, de cómo el tráfico te pone de malas pero el atardecer en Reforma te hace olvidar todo. Su voz grave, ronca, me erizaba la piel. Olía a sándalo y algo más, como sudor limpio después de un buen ejercicio. Sentí mi blusa pegándose un poquito por el calor, o tal vez por cómo me imaginaba sus manos en mis chichis.

"Diario de una pasión, frases que queman: hoy conocí al hombre que va a voltear mi mundo".

Me invitó a caminar. Salimos a la calle, el sol del mediodía pegando fuerte, el ruido de los coches y los cláxones como fondo. Su mano rozó la mía accidentalmente, y ¡ay, wey!, fue eléctrico. Caminamos por Ámsterdam, pasando puestos de elotes con queso derretido que olían a gloria. Compramos unos, el maíz caliente en mis dedos, el chile y limón picando en la lengua. Él me limpió una migaja de la comisura de la boca con el pulgar. Ese toque... mi corazón latiendo como tamborazo zacatecano.

Acto uno de esta locura: la tensión. No nos besamos aún, pero cada mirada era una promesa. Me dejó en mi depa en Polanco, con un "nos vemos pronto, preciosa". Esa noche, sola en mi cama king size con sábanas de algodón egipcio suavecitas, me toqué pensando en él. Mis dedos resbalando en mi humedad, imaginando su verga dura empujando. Pero esperé. Quería que fuera real, mutuo, explosivo.

Al día siguiente, mensaje: "¿Café otra vez?". Fui con falda corta, sin calzones, sintiendo el aire juguetón entre mis muslos. En el parque, nos sentamos en la hierba fresca, el sol filtrándose por las hojas de los ahuehuetes. Hablamos de todo: de sueños, de cómo él es fotógrafo freelance, capturando cuerpos en movimiento. "Me gustaría fotografiarte", dijo, y su mirada bajó a mis piernas. Sentí el pulso acelerado, el olor de la tierra húmeda mezclándose con mi excitación.

La plática se puso caliente. "Dime algo que te prenda", le reté. Él sonrió pillo: "Tus ojos cuando me miras así, como si ya me tuvieras encima". Yo: "Tu voz diciéndome chingame". Nos reímos, pero el aire se cargó. Sus dedos trazaron mi brazo, piel contra piel, erizándome los vellos. Frase ardiente número dos: "Su toque era fuego lento, avivando el volcán que dormía en mí".

"En mi diario de una pasión frases como esta: 'Quiero saborear cada centímetro de su piel morena, salada de deseo'".

Escalada en el acto dos. Fuimos a su loft en Roma Norte, un lugar chido con paredes de ladrillo visto, luz tenue de focos Edison y un catre enorme con colcha desordenada. Ponemos música, cumbia rebajada que vibra en el piso. Bailamos pegaditos, su erección presionando mi vientre. Olía a él puro, a hombre sudado y listo. Mis tetas contra su pecho ancho, pezones duros como piedritas.

Me besa al fin. Sus labios carnosos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y café. Gimo bajito, mis manos en su cabello negro revuelto. Me levanta como si no pesara, piernas alrededor de su cintura. Caminamos tropezando hasta la cama, riendo. "Eres una diosa, Ana", murmura contra mi cuello, mordisqueando suave. Siento su aliento caliente, mi piel ardiendo.

Se quita la playera, torso definido, músculos que se flexionan al moverse. Lo beso ahí, lamiendo el sudor salado de su pecho. Él desabrocha mi blusa, libera mis chichis grandes y firmes. Chupa un pezón, tirando suave con dientes, mientras su mano baja a mi falda. Encuentra mi concha empapada. "Estás chorreando, mi reina", dice con voz ronca. Meto mano en su pantalón, agarro su verga gruesa, venosa, palpitando. "Qué rica, tan dura para mí".

Nos desnudamos del todo. Él se arrodilla, abre mis piernas. Su lengua en mi clítoris, chupando, lamiendo como si fuera elote con mayonesa. Grito de placer, el sonido rebotando en las paredes. Huele a sexo, a mi jugo dulce y su saliva. Mis caderas se mueven solas, empujando contra su boca. "¡Sí, Marco, así! ¡No pares, pendejo delicioso!". Él ríe vibrando contra mí, mete dos dedos gruesos, curvándolos en mi punto G. El orgasmo me sacude, olas de calor desde el vientre hasta las yemas de los pies. Grito su nombre, piernas temblando.

Pero no acaba. Lo jalo arriba, lo monto. Su verga entra despacio, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, qué chingón se siente!". Cabalgo lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Sus manos en mis nalgas, amasando, guiándome. Acelero, piel chocando con piel, slap slap slap como aplausos obscenos. Sudor goteando, mezclándose. Él gime: "Me vas a matar, nena. Tu concha aprieta como puño".

"Diario de una pasión frases que queman: 'Su semen caliente inundándome, sellando nuestra unión salvaje'".

Cambio de posición. Me pone a cuatro, entra de nuevo, profundo. Sus bolas golpeando mi clítoris, su vientre contra mi culo redondo. Me jala el pelo suave, no duele, solo domina delicioso. "Dime que te gusta", gruñe. "¡Sí, chíngueme duro, amor! ¡Es todo mío!". El ritmo furioso, el colchón crujiendo, nuestros jadeos sincronizados. Siento su verga hincharse más, mi segundo orgasmo construyéndose como tormenta.

Exploto primero, concha contrayéndose, ordeñándolo. Él ruge, se corre dentro, chorros calientes pintando mis entrañas. Colapsamos, enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su corazón martillando contra mi oreja, aliento entrecortado en mi cabello. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Eres increíble", susurra. Yo: "Y tú mi adicción".

Acto tres, el afterglow. Nos duchamos juntos, agua caliente cayendo como lluvia tropical, jabón de lavanda resbalando por curvas y músculos. Nos enjabonamos mutuo, risas y besos. Salimos envueltos en toallas, pedimos tacos de suadero por delivery, comemos en la cama con las piernas enredadas. Hablamos del futuro, de más noches así, sin presiones.

Aquí en ti, diario, escribo con el cuerpo aún vibrando. Marco duerme a mi lado, su brazo pesado sobre mi cintura. Frase ardiente final: "En sus brazos encontré el fuego que mi alma pedía, y lo avivaré eternamente". Esta pasión no es solo carne; es conexión, risas, miradas que dicen todo. Mañana más, pero por ahora, duermo saboreando su esencia en mi piel.

Fin de esta entrada, pero no de nuestra historia. Diario de una pasión, frases que perduran.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.