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Novelas del Canal Pasiones en Carne Viva

6762 palabras

Novelas del Canal Pasiones en Carne Viva

Me recosté en el sillón de mi depa en la Condesa, con el control remoto en la mano y el aire cargado del olor a café recién hecho. Era una de esas noches de viernes en que el mundo allá afuera se desmadra, pero yo prefería mi ritual: sintonizar novelas del canal pasiones. Neta, esas historias me prenden como nada. La protagonista, una morra bien sabrosa, acababa de descubrir la traición de su galán, y el drama explotaba en besos furiosos y miradas que prometían más. Sentí un cosquilleo en la piel, el calor subiendo por mis muslos mientras el sonido de sus jadeos salía del tele.

¿Por qué carajos estas novelas me ponen así de caliente? Es como si me metieran en la cabeza, oliendo a sudor y perfume caro, sintiendo esas manos fuertes apretándome...

De repente, un golpe en la puerta me sacó del trance. ¡Órale! pensé, ajustándome el shortcito de dormir que apenas cubría mis nalgas. Abrí y ahí estaba Diego, mi vecino del depa de al lado, con su sonrisa de pendejo chulo y esa playera ajustada que marcaba sus pectorales. Mamacita, qué hombre. Traía una botella de mezcal en la mano.

"Ey, Ana, ¿qué onda? ¿Me prestas tu cargador? Se me acabó la batería y tengo que mandar un mensaje urgente", dijo con esa voz ronca que me hace derretir.

Lo invité a pasar, sintiendo el pulso acelerado. "Pasa, carnal. Justo ando viendo una novela del canal pasiones que está para chuparse los dedos". Él se rio, sentándose a mi lado en el sillón. El olor de su colonia, mezcla de madera y algo salvaje, invadió el aire. Encendí el tele de nuevo, y la escena era puro fuego: el galán la acorralaba contra la pared, sus labios devorándola.

Diego silbó bajito. "Uff, estas novelas del canal pasiones siempre tan intensas. ¿Tú crees que en la vida real sea así de cabrón?" Sus ojos se clavaron en los míos, y juro que vi el deseo brillando ahí. Mi piel se erizó, el roce accidental de su brazo contra el mío mandando chispas directas a mi entrepierna.

Acto uno de mi propia novela personal: la tensión inicial, el flirteo que huele a promesa. Le di el cargador, pero no se fue. Sacó vasos y sirvió mezcal. "Por las pasiones que encienden la noche", brindamos. El líquido quemaba la garganta, calentándome por dentro. Hablamos de todo: de cómo esas novelas nos hacen soñar con amores locos, de lo solos que nos sentimos en la ciudad. Su mano rozó mi rodilla, y no la quité.

La música de la novela sonaba de fondo, un tango ardiente que hacía vibrar el aire. "Baila conmigo, Ana", murmuró, poniéndose de pie y extendiendo la mano. Mi corazón latía como tambor. Lo seguí, nuestros cuerpos pegándose en el centro de la sala. Sentí su dureza contra mi vientre, el calor de su piel a través de la tela. Olía a hombre, a deseo crudo. Mis pechos se apretaban contra él con cada giro, mis pezones endureciéndose como piedras.

Esto es mejor que cualquier novela del canal pasiones. Su aliento en mi cuello, caliente y húmedo, me hace mojarme entera.

Acto dos: la escalada. Sus manos bajaron a mis caderas, apretando con fuerza juguetona. "Eres una tentación, morra", gruñó en mi oído. Lo besé primero, harta de esperar. Nuestras lenguas se enredaron, saboreando mezcal y hambre. Lo empujé al sillón, montándome a horcajadas. Le quité la playera, lamiendo su pecho salado, mordisqueando esos músculos que tanto había espiado por la ventana.

"¡Qué rico sales, Diego! Me traes loca desde que te vi mudarte". Él rio, manos subiendo por mis muslos, quitándome el short. Mis bragas ya estaban empapadas, el aroma de mi excitación flotando entre nosotros. Me las arrancó con un tirón, y sus dedos encontraron mi clítoris, frotando despacio. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes. "Estás chorreando, Ana. Neta, qué delicia".

Me recostó, besando mi cuello, bajando a mis tetas. Chupó un pezón, duro y sensible, mientras su mano exploraba mi coño, metiendo dos dedos que me abrían como fuego. El placer subía en olas, mi espalda arqueándose. "Más, pendejo, no pares", jadeé, clavando uñas en su espalda. Él obedeció, lamiendo mi ombligo, llegando a mi monte de Venus. Su lengua en mi raja fue éxtasis: plana y ancha, chupando mi jugo dulce, círculos en el clítoris que me hacían ver estrellas.

Lo volteé, queriendo mi turno. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en la boca, saboreando el precum salado, mamándola profunda hasta la garganta. Él gruñó, manos en mi pelo. "¡Carajo, qué chida chupas, Ana! Me vas a hacer venir". La succioné con hambre, bolas en la mano, sintiendo su pulso acelerado.

Pero quería más. "Cógeme ya", exigí, empinándome en el sillón. Él se puso detrás, la punta rozando mi entrada húmeda. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Ay, qué grande estás, cabrón!", grité al sentirlo todo. Empezó a bombear, lento al principio, el sonido de piel contra piel llenando la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Olía a sexo puro, sudor y pasiones desatadas.

Aceleró, nalgadas suaves que ardían placenteras. Me volteó de frente, piernas en sus hombros, penetrándome profundo. Veía su cara de éxtasis, músculos tensos, venas hinchadas. Mis tetas rebotaban con cada embestida, pezones rozando su pecho. El orgasmo me golpeó como tsunami: contracciones violentas, coño apretándolo, gritando su nombre. "¡Sí, Diego, me vengo, no pares!"

Él siguió, sudando, hasta que tensó el culo y se vació dentro, chorros calientes llenándome. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso.

Acto tres: el afterglow. Nos quedamos abrazados, el tele aún con la novela de fondo, ahora en créditos. "Esto fue mejor que cualquier novela del canal pasiones", susurró, besando mi frente. Reí bajito, trazando círculos en su pecho.

En la vida real, las pasiones no necesitan guion. Solo dos cuerpos que se reconocen, que se encienden mutuo. Y yo, Ana, acabo de vivir mi propia telenovela, con final feliz y promesa de secuela.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo con ternura. Salimos envueltos en toallas, pidiendo tacos por app. Sentados en la cama, comiendo, platicando de sueños y chistes tontos. El deseo no se apagó del todo; sus ojos seguían devorándome. "Mañana repetimos, ¿verdad?", preguntó con picardía.

"Órale, pero con más drama", contesté, guiñando. Afuera, la ciudad bullía, pero en mi depa, las novelas del canal pasiones palidecían ante lo nuestro. Me dormí en sus brazos, oliendo a él, saboreando la victoria de una noche perfecta.

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