Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Es Mi Pasión en Inglés Es Mi Pasión en Inglés

Es Mi Pasión en Inglés

6370 palabras

Es Mi Pasión en Inglés

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te acariciara. Yo, Ana, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa urbana, tomé un sorbo de mi margarita helada. El sabor ácido y salado me erizó la lengua, y mis ojos se posaron en él: Marco, el tipo alto con ojos cafés intensos y una sonrisa pícara que gritaba trouble. Estaba platicando con unos cuates, pero su mirada se cruzó con la mía como un rayo.

Hey, guapa —me dijo al acercarse, mezclando español con ese inglés torpe que tanto me prende—. ¿Vienes seguido por acá?

Me reí bajito, sintiendo el cosquilleo en el estómago. Neta, los weyes que intentan inglés me derriten. Es como un secreto sucio que solo yo entiendo.

Es mi pasión en inglés, pensé, recordando esas noches sola imaginando voces roncas susurrándome obscenidades en ese idioma que suena tan prohibido en mi boca.
Le contesté en español puro, pero con un guiño:

—Sí, carnal, pero tú pareces gringo perdido. ¿Qué te trae por estos rumbos?

Charlamos un rato, el ruido de la banda sonando cumbia rebajada de fondo, el olor a tequila y perfume caro flotando. Él era de aquí, pero había vivido en Estados Unidos un par de años, lo suficiente para soltar frases sueltas. Yo le seguí la corriente, rozando su brazo "accidentalmente" mientras reía. La tensión crecía, como un elástico a punto de romperse. Sentía mi piel caliente, el pulso latiéndome en las venas, y su mirada bajando a mi escote me hacía mojarme sin remedio.

Una hora después, salimos. Su depa estaba cerca, en una torre con vista a la Reforma iluminada. En el elevador, ya no aguanté: lo besé. Sus labios sabían a cerveza y menta, ásperos contra los míos suaves. Sus manos grandes me apretaron la cintura, y gemí bajito cuando su lengua invadió mi boca, explorando con hambre.

Entramos tambaleándonos, la puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. La luz tenue del foco pintaba sombras en su cara angular, y yo tiré mi bolso al suelo. Esto va a estar chido, pensé, mientras él me cargaba como si no pesara nada.

En su recámara, el aire olía a sábanas frescas y su colonia amaderada. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al descubierto. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. —Beautiful —murmuró, y ahí fue cuando encendí mi fuego secreto.

Touch me, le susurré al oído, mi voz ronca, con ese acento mexicano que hace que el inglés suene exótico y sucio. Sentí su verga endurecerse contra mi muslo, gruesa y caliente a través del pantalón. Él jadeó, sorprendido pero encendido.

—Qué, ¿neta hablas inglés así de rico? —preguntó, quitándose la camisa. Su pecho moreno y musculoso brillaba con un leve sudor, y yo lo recorrí con las uñas, dejando marcas rosas.

Lo empujé a la cama, montándome encima. Mis bragas ya estaban empapadas, el olor a mi excitación llenando el cuarto como un perfume pecaminoso. Le desabroché el cinturón, saqué su verga palpitante: venosa, cabezota roja, lista para mí. La lamí de abajo arriba, saboreando el salado pre-semen, mientras lo miraba fijo. —This is my passion, le dije, y él gimió fuerte, agarrándome el pelo.

No puedo más con esto, pensé en el medio del jale. Siempre había sido mi rollo privado: practicar inglés en la cama, imaginarme a un lover gringo chingándome mientras le suelto frases calientes. Pero con Marco, era real. La vergüenza me picaba, ¿y si me ve como loca? Pero su polla en mi boca, latiendo, me borraba todo. Él me volteó, me quitó las bragas de un jalón. —Eres una pinche diosa, gruñó, y hundió la cara entre mis piernas.

Su lengua en mi panocha fue éxtasis puro. Lamía mi clítoris hinchado, chupando jugos que sabía a miel salada, mientras yo arqueaba la espalda gritando. El sonido húmedo de su boca, mis gemidos en spanglish —Yes, fuck, así, cabrón—, el roce de su barba en mis muslos sensibles... todo me volvía loca. Metió dos dedos gruesos, curvándolos justo en mi punto G, y el mundo se nubló. Olor a sexo crudo, piel sudada pegándose, pulsos acelerados latiendo al unísono.

Lo quería dentro ya. —Fuck me hard, le rogué, y él no se hizo de rogar. Se puso condón rápido, me abrió las piernas como trofeo. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Qué verga tan rica! Su estocada era profunda, el glande rozando paredes que ardían de placer. Yo clavaba uñas en su espalda, oliendo su sudor macho mezclado con el mío dulce. Él me chingaba fuerte, la cama crujiendo, piel contra piel en palmadas rítmicas.

Harder, baby, make me come —jadeaba yo, perdida en mi pasión. Él obedecía, sudando ríos, gruñendo pinche nena caliente. El cuarto giraba: vista borrosa de luces neón por la ventana, gusto metálico en la boca de tanto morder labios, tacto de su culo firme cuando lo apreté para que fuera más hondo. La tensión subía como ola, mis ovarios apretándose, el orgasmo acechando.

Inner struggle: ¿le confieso todo? ¿O lo guardo como mi vicio secreto? Pero su ritmo me rompía, y grité —I'm coming, yes! — explotando en espasmos que me sacudían entera. Mi panocha lo ordeñaba, jugos chorreando, y él se vino segundos después, rugiendo mi nombre, su verga hinchándose dentro.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose. Su peso sobre mí era reconfortante, piel pegajosa enfriándose. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. —Neta, Ana, eso del inglés... fue lo más chingón que me ha pasado —dijo él, acariciándome el pelo.

Sonreí, oliendo nuestros fluidos mezclados en las sábanas revueltas.

Es mi pasión en inglés, confesé en voz baja—. Siempre ha sido así. Me prende un chingo susurrarte guarradas en ese idioma, como si fuera mi lenguaje sucio privado.
Él rio, apretándome más. —Pues practiquemos más, mi amor. Everyday.

La ciudad zumbaba afuera, pero adentro solo estábamos nosotros, en afterglow perfecto. Sentí paz, empoderada, deseada. Mañana sería otro día, pero esta noche, mi pasión había encontrado eco. Y qué rico saber que no era solo mía.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.