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Diario de una Pasion en Espanol Latino

6955 palabras

Diario de una Pasion en Espanol Latino

Querido diario, hoy te confieso algo que me quema por dentro. Me llamo Ana, tengo treinta y dos años y vivo en el corazón de la Ciudad de México, donde el ruido de los cláxones y el olor a tacos al pastor se mezclan con mis deseos más ocultos. Todo empezó hace unas noches en un bar de la Condesa, uno de esos lugares con luces tenues y salsa rebajada sonando bajito. Ahí lo vi: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice órale, güey, ¿qué pedo? sin necesidad de palabras. Se llamaba Marco, un carnal de veintiocho que trabaja en una galería de arte por Polanco. Neta, desde que sus ojos cafés me clavaron, sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas locas volando directo a mi entrepierna.

Nos pusimos a platicar de la vida, de lo chido que es DF con sus contradicciones. Él pedía mezcal con limón y sal, y yo un margarita helado que me refrescaba la garganta seca. Su voz ronca, con ese acento chilango puro, me erizaba la piel. ¿Sabes qué?, güey, eres bien chula, me dijo, y su mano rozó la mía al pasarme el vaso. Ese toque fue eléctrico, como un chispazo en la oscuridad. Mi mente ya volaba: imaginaba sus labios en mi cuello, sus manos fuertes explorando mis curvas. Pero me contuve, porque la neta, no soy de las que se avientan de una. O al menos, no lo era hasta esa noche.

Diario de una pasion en espanol latino: Día 1. Hoy conocí al hombre que me va a volver loca. Su olor a colonia fresca y sudor varonil me tiene mojadita solo de recordarlo.

Al día siguiente, no pude sacármelo de la cabeza. En mi depa de la Roma, mientras preparaba café con olor a canela y piloncillo, mi cuerpo ardía. Me metí a la regadera, el agua caliente cayendo en cascada sobre mis tetas firmes, y ahí, con los ojos cerrados, me toqué pensando en él. Mis dedos resbalaban por mi piel mojada, bajando hasta mi clítoris hinchado. ¡Ay, Marco, pinche cabrón, qué rico me harías gemir! me dije en voz alta, mientras mi respiración se aceleraba y un orgasmo rápido me dejó temblando contra las baldosas frías. Pero no era suficiente. Quería lo real, su verga dura dentro de mí.

Le mandé un whats: ¿Qué onda, chulo? ¿Repetimos? Respondió al tiro: Ven a mi casa, te espero con chelas frías. Llegué a su loft en la Juárez, el sol del atardecer tiñendo todo de naranja. Olía a incienso y a él, ese aroma terroso que me ponía cachonda. Me abrazó fuerte, su pecho ancho contra mis pechos, y nos besamos como si no hubiera mañana. Sus labios suaves pero exigentes, su lengua danzando con la mía, sabor a cerveza y deseo. Te quiero mamar toda la noche, murmuró en mi oído, y yo solo atiné a decir ándale, pues, no te rajes.

Nos fuimos al sillón de piel suave, sus manos expertas desabotonando mi blusa. Sentí sus palmas callosas rozando mis pezones erectos, enviando ondas de placer directo a mi coño palpitante. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca en mi cuello, chupando y mordisqueando. Estás rica, Ana, como tamal en fiesta, dijo riendo, y yo reí también, empoderada, porque era yo quien lo tenía jadeando. Le quité la playera, admirando su torso definido, vello oscuro bajando hasta su abdomen. Mi boca siguió el camino, besando cada centímetro, hasta llegar a su pantalón. Lo bajé despacio, y ahí estaba: su verga gruesa, venosa, ya dura como piedra, con una gotita de precum brillando en la punta.

Esta es la entrada más caliente de mi diario de una pasion en espanol latino. Su pija me vuelve loca, neta.

La tomé en mi mano, sintiendo el calor pulsante, el grosor que apenas cabía en mi palma. La lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando su salado almizcle, mientras él gruñía ¡pinche mami, qué chido! Lo chupé profundo, mi garganta relajándose para tragármela entera, saliva resbalando por mis labios. Sus caderas se movían instintivamente, follando mi boca con ritmo lento. Pero yo quería más. Me levanté, me quité el calzón empapado, y me senté a horcajadas sobre él. Su mirada hambrienta devorándome, mis jugos chorreando sobre su verga.

Me hundí despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué grande estás! grité, y él sonrió, agarrando mis nalgas con fuerza. Empecé a cabalgar, mis tetas rebotando, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con nuestros jadeos. El aire olía a sexo puro: sudor, fluidos, lujuria. Sus manos subieron a mis pechos, pellizcando pezones, mientras yo giraba las caderas, frotando mi clítoris contra su pubis. La tensión crecía, mis músculos internos apretándolo como un puño caliente. Más rápido, Ana, fóllame duro, rogó, y obedecí, perdiéndome en el placer, mi mente en blanco salvo por el fuego entre mis piernas.

Pero no solté todo ahí. Lo empujé al piso, sobre la alfombra áspera que raspaba mi espalda deliciosamente. Me puse en cuatro, arqueando la cintura, invitándolo. Dame por atrás, Marco, hazme tuya. Entró de un embestida, profundo, golpeando mi punto G con cada thrust. Sus bolas chocaban contra mi clítoris, un ritmo frenético. Sentía su aliento caliente en mi nuca, sus dientes en mi hombro, ¡Qué coñito tan apretado, güey! Yo empujaba hacia atrás, empoderada en mi entrega, mis uñas clavándose en la alfombra. El orgasmo se acercaba como una ola gigante: mi vientre se contrajo, piernas temblando, un grito gutural saliendo de mi garganta mientras me corría fuerte, chorros calientes empapándonos a ambos.

Él no tardó: Me vengo, Ana... gruñó, y lo sentí hincharse dentro de mí, explotando en chorros calientes que me llenaban. Colapsamos juntos, sudorosos, respiraciones entrecortadas, su peso reconfortante sobre mi espalda. Nos quedamos así un rato, el corazón latiéndonos a mil, el olor a semen y sudor impregnando el aire. Luego, risas suaves, besos tiernos. Eres increíble, me dijo, y yo, con una sonrisa satisfecha, respondí tú tampoco te quedas atrás, pendejo.

Diario de una pasion en espanol latino: Día 2. Lo hicimos como animales, y fue lo más chingón de mi vida. Quiero más, mucho más.

Ahora, sola en mi cama, con las sábanas revueltas oliendo aún a él, reflexiono. Esta pasión no es solo carnal; hay algo profundo, una conexión que me hace sentir viva, mujer en todo su esplendor. Marco me mandó un mensaje: ¿Cuándo repetimos, reina? Sonrío, sabiendo que este diario guardará muchas más noches de fuego. La Ciudad de México sigue rugiendo afuera, pero dentro de mí, arde una llama que no se apaga. Mañana, quizás lo invite a mi depa, con velas y cumbia sensuality sonando. Porque esta pasión es mía, consensuada, ardiente, y la vivo a full.

Fin de esta entrada, pero no de la historia. Seguiré escribiendo, porque el deseo no tiene fin.

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